¿Y qué con 2021? columna de Sergio Sarmiento

¿Y qué con 2021? columna de Sergio Sarmiento

El 2020 debió haber sido un año de visión perfecta, como lo sugerían sus cifras, las cuales se usan en oftalmología para expresar este concepto. El Fondo Monetario Internacional esperaba un año de mayor crecimiento. Se pronosticaba que continuaría el período de más de 10 años de expansión de la economía mundial que había significado también una importante reducción de la pobreza.

 Un diminuto coronavirus surgido en China a fines del 2019, sin embargo, echó a perder todos los planes. Frente a las perspectivas positivas, el mundo vivió un año dramático, con una de las peores pandemias desde la gripe española de 1918 y la mayor crisis económica desde 1932.

            La experiencia nos dice, sin embargo, que no hay crisis que dure toda la vida. Así como la ley de gravitación universal establece que todo lo que sube tiene que bajar, el ciclo económico señala que todo lo que baja tiene que subir. Si se toman buenas medidas de política económica, el repunte será más rápido; si las medidas son malas, el proceso será más lento; pero no hay duda de que habrá siempre una recuperación tras una crisis económica. Lo hemos vivido los mexicanos después de las crisis de 1976, 1982-1987, 1994-1995 y 2010.

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            La gran pregunta es ¿qué tan preparados estamos para la recuperación? La crisis ha dejado una fuerte lista de perdedores, tanto empresas como personas físicas, pero también a un grupo de ganadores, que no sólo no han registrado caídas en sus actividades, sino que incluso han mejorado sus ingresos.

            En el mundo entero algunos rubros han caído de manera importante y no se espera que tengan una recuperación inmediata. Es el caso, por ejemplo, de las ventas al menudeo en tiendas físicas. Varias cadenas comerciales han cerrado sus puertas en distintos países del mundo y en México. Los consumidores no sólo han disminuido su gasto, sino que han preferido comprar en línea. En consecuencia, las empresas más preparadas para vender por internet y entregar sus productos de manera oportuna y eficiente directamente a los consumidores han gozado de fuertes incrementos en sus ventas. Si bien algunos clientes siguen prefiriendo las tiendas físicas, donde pueden ver y tocar los productos que adquieren, el porcentaje de las transacciones que se realiza por vía electrónica ha aumentado de manera muy importante.

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            Lo mismo ha sucedido en otros campos de actividad. El sector financiero, el entretenimiento y muchos otros servicios se han volcado cada vez más a las actividades a distancia. Los bancos que tenían buenas aplicaciones han prosperado, mientras que los que seguían dependiendo de los clientes de sucursal enfrentan problemas. Los cines han regresado a operar, pero con un porcentaje muy pequeño del público. En cambio, las compañías de entretenimiento digital han tenido un auge. El público de la televisión abierta ha aumentado durante la pandemia, pero los ingresos por publicidad han bajado. Las plataformas de video, en cambio, se han disparado. Las aerolíneas están en crisis en todo el mundo.

Al contrario de lo ocurrido en Estados Unidos y otros países, la crisis económica en México empezó antes de la pandemia.

El gobierno tomó en 2018 y 2019 una serie de decisiones que ahuyentaron la inversión productiva. Las más importantes fueron la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México, en Texcoco y de una nueva planta cervecera en Mexicali, pese a que ambos contaban con todas las autorizaciones necesarias. Negativas fueron también las decisiones de suspender las licitaciones para nuevos proyectos privados de petróleo y electricidad.

            Al final, la rapidez de la recuperación en México dependerá de que aumente la inversión. Con inversión privada, la recuperación será más rápida y vigorosa. Sin ella, nos costará mucho más tiempo lograr la recuperación. La decisión es del gobierno.

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