Música y ciencia: para estar y sentirse bien

Música y ciencia: para estar y sentirse bien

La música ayuda mucho más que a pasársela a gusto, incluso puede cambiar la estructura fisiológica y los pensamientos.

Diversos estudios han comprobado ya cómo la música estimula la producción de ciertos neurotransmisores, específicamente la dopamina, que produce una sensación de goce y relajamiento.

En entrevista para Contenido, el instrumentista en órgano del Conservatorio Nacional de Música y también médico general por la UNAM José Juan Morán Muñoz explica:

En el tema de la salud se entiende que “si la cuestión psicológica no está bien, entonces la biológica tampoco lo estará, porque hay una serie de procesos bioquímicos que condicionan incluso a nivel metabólico”.

Así, el músico y médico reconoce que cierto tipo de música ayuda a mejorar el estado de ánimo, lo que puede determinar el grado de evolución de algunas patologías.

DESCARGA AQUÍ LA EDICIÓN COMPLETA DE CONTENIDO

No obstante, las aplicaciones de la música van más allá de escuchar nuestro álbum favorito o una sinfonía tranquilizadora para aliviar la tristeza:

Al ser utilizada y practicada de la mano de un profesional, puede resultar terapéutica en muchos otros niveles.

Musicoterapia

A mitad del siglo pasado surgió la musicoterapia como disciplina que se enfoca en el uso especializado de la música en el área de la salud.

Xóchitl Palma, directora y cofundadora del Centro Mexicano de Musicoterapia, explica a Contenido cómo el quehacer musical es una actividad que compromete ambos hemisferios y activa prácticamente todas las áreas de nuestro cerebro al mismo tiempo:

Motricidad, la corteza visual, auditiva, motora y sensomotriz, la amígdala y el área límbica; todas entran en funcionamiento durante el quehacer musical.

A partir de este procesamiento cerebral complejo, “podemos deducir que a través del uso de la música se pueden rehabilitar o reforzar ciertas áreas”, declara.

De esta manera, la musicoterapia puede aplicarse en personas con afecciones neurodegenerativas, como el párkinson, el alzhéimer, autismo, afasia o parálisis.

Asimismo, puede emplearse con pacientes psiquiátricos, con ansiedad, depresión, trastornos del lenguaje o el desarrollo.

Por Eugenia García

CONOCE MÁS, DA CLICK AQUÍ