La peligrosa basura espacial

La peligrosa basura espacial

Los objetos que orbitan la Tierra implican riesgos contra la infraestructura básica para la vida humana, se han convertido en peligrosa basura espacial.

Está allá arriba, a unos 400 km de altura desde hace dos décadas. En días despejados y armados de unos buenos binoculares o un telescopio, con suerte podríamos verla. Es del tamaño de un apartamento grande y le da vueltas a la Tierra a 27,000 km por hora. La llaman Estación Espacial Internacional (EEI) y suele tener diferentes huéspedes, no sólo humanos sino de otro tipo como, por ejemplo, el AztechSat-1, un nanosatélite mexicano que llegó en uno de los cohetes SpaceX en 2019.

Muchísimos objetos naturales –pedacería de meteoroides y meteoritos– más otros artificiales hechos por manos humanas, giran en circuitos peligrosamente cercanos a la Estación, y de hecho han puesto a la EEI en grave peligro.

Porque un tornillo que viaja a decenas de miles de kilómetros es un bólido que puede perforar, florear estructuras. Pero algo más grande, tiene el efecto de un misil.  

En nuestro hemisferio no sólo el Comando Norteamericano de Defensa Aeroespacial sino el 18º Escuadrón de Control Espacial estadounidense monitorean y tratan de prevenir colisiones en el espacio. A eso se podría agregar que del lado ruso, chino, japonés, la Agencia Espacial Europea y la OTAN hacen lo propio.

Incluso en México el sistema de satélites de la UNAM –con los recursos suficientes– podría monitorear los objetos considerados basura, diferentes de la infraestructura satelital útil para las telecomunicaciones en todo el mundo.  Pero localizar, mapear y predecir la trayectoria de millones de rocas y metales no es el único reto; otro problema es cuando una misión quiere evitarlos para no colisionar y otro lío, más rudo aún, surge cuando alguien se propone quitarlos de su camino, retirarlos de la órbita terrestre.

Por qué no se van

“Desde que empezamos a mandar cosas, las que ya no sirven se convirtieron en basura espacial –refiere el doctor Alejandro Farah, del Instituto de Astronomía de la UNAM–, muchas de ellas chocaron y generaron más basuritas, pernos, tornillos, metales, que se fragmentan y es bastante frecuente que puedan impactar no sólo a la EEI sino a cualquier satélite”. La cantidad de objetos enviados por empresas y gobiernos ha aumentado exponencialmente, porque “el avance tecnológico hace que sea más fácil y más barato llevar cosas al espacio”, dice Farah. 

Espacio para todos

La Agencia Espacial Europea (conocida como ESA), desde hace más de una década habla de la iniciativa Clean Space –Espacio Limpio– para reducir la generación de residuos dentro y fuera de la Tierra.

De los 4,700 satélites que hay allá arriba sólo funcionan unos 1,800. Se calcula que hay más de 8,000 toneladas de objetos en órbita, y de esas, según la ESA, hay casi 30,000 objetos de 10 centímetros; 750,000 de entre uno y nueve cm, y 166 millones menores a ese tamaño.

en los últimos años la ocupación del espacio se ha incrementado dramáticamente. “China tienen programados mandar 1,000 satélites este año, y eso es sólo un país”, refiere Lisette Farah Simón, doctorada en la Facultad de Contaduría de la UNAM con la tesis Administración de tecnología con perspectiva sustentable para la industria espacial en México.

Pero incluso los chinos se quedan cortos ante el empuje de empresas privadas como SpaceX, de Elon Musk, que pretende poner 12,000 satélites Starlink en diferentes órbitas en los próximos años. Otra corporación, propiedad del Estado británico y de la multinacional india Bharti Airtel, manifestó su plan de colocar 650 satélites de aquí a 2022.

Pepenadores de basura espacial

Para recoger la basura, primero hay que saber por dónde anda. Alejandro Farah, del Programa Espacial Universitario, explica que el inicio de la limpieza será determinado por el tamaño de esos objetos potencialmente peligrosos, factor para decidir si se hace desde la Tierra o desde el espacio.

Existen varios proyectos para recoger basura espacial: “Los japoneses tienen uno muy interesante, mandar un robot con una especie de red para agarrar basura y mandarla al Sol; otro plantea hacerlo con láseres pulsados, es decir, desde la Tierra se apunta y se van dando pulsaciones al objeto hasta lograr desorbitarlo, a manera de empujoncitos”.

Otros proponen colocar una gran masa que vaya atrayendo por fuerza gravitatoria los objetos más próximos. “Pero es complicado, puede ser lento el proceso… y muy costoso”, dice Alejandro Farah.

Los Estados y las empresas deberán actuar ante este pasivo tecnológico que paradójicamente se convirtió en un riesgo para el desarrollo mismo de la humanidad.

Por José Ramón Huerta