Bar Shackleton en Punta Arena. CONOCE SU HISTORIA

Bar Shackleton Chile

Bar Shackleton en Punta Arena. CONOCE SU HISTORIA

En el bar Shackleton, en este remoto sitio de la Antártica chilena, se recuerda a un intrépido expedicionario que buscaba la gloria al travesar este inhóspito territorio.

Definitivamente, el que quiere, puede educarse en cualquier parte. La sabiduría no se restringe a la de escuelas o templos, puede encontrarse también dentro de un bar o una cantina. Aunque muchas de esas enseñanzas no puedan repetirse aquí, mis muros honran el recuerdo de un gran hombre: el explorador Sir Ernest Henry Shackleton. Su historia es una de resilencia y liderazgo que merece la pena conocer. Por eso me alegra llevar su nombre y, en la medida de mis posibilidades, dar a conocer su leyenda.

Soy el Bar Shackleton, del Hotel José Nogueira en la Ciudad de Punta Arenas, en la Antártica chilena. Abrí mis puertas en el año 2005, aunque el hotel lo había hecho unos años atrás. El albergue lleva el nombre de un comerciante de origen portugués que amasó una gran fortuna. Desafortunadamente, murió muy joven de tuberculosis y fue su viuda, Sara Braun, quien mandó construir esta casa (tan hermosa que la apodaron “Palacio”) en el año de 1893. De estilo neoclásico, con techumbre madera y fierro de armónicas proporciones. Elegancia por donde se le mire, hasta el día de hoy. Me ubico en lo que fuera el comedor que Sara usaba todos los días.

Originario de Irlanda, Ernest Shackleton participó en varias expediciones a la Antártida. Habiendo colaborado con el capitán Robert Falcon Scott en la expedición Discovery y más tarde en la expedición Nimrod, fue la Expedición Imperial Transantártica, o Expedición Endurance, la que grabaría con letras de oro su nombre en la Historia. En agosto de 1914, un grupo de 27 hombres zarparon desde Inglaterra con la misión de ser los primeros en cruzar la Antártida. Sabían que su misión era difícil desde el momento que leyeron el anuncio que Ernest publicó en los periódicos para reclutarlos: “Se buscan hombres para viaje arriesgado. Poco sueldo, mucho frío. Largos meses de oscuridad total. Peligro constante. Sin garantía de regreso. Honor y reconocimiento en caso de éxito”.

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La excursión quedó condenada al fracaso cuando el rompehielos HM Endurance quedó atrapado en las aguas congeladas del mar de Weddell, echando por tierra (o en este caso, sepultando en hielo) las posibilidades de llevar a cabo la marcha.  En ese momento inició una odisea de casi dos años de catástrofes y duras pruebas, pero también de heroísmo y supervivencia. Atrapado en el hielo que lo presionaba, el HM Endurance se hundió finalmente, dejando en una situación de alto peligro a los integrantes de la marcha. Sobrevivir requirió de campamentos improvisados, viajes en pequeñas embarcaciones salvavidas y caminatas de cientos de kilómetros sobre el hielo. El viaje puso a prueba la fortaleza de su cuerpo, pero también la de su espíritu. El carisma y la entrega de Ernest Shackleton fueron determinantes para lograr que todos sus hombres regresaran con vida. Hoy, a más de 100 años de su travesía, Ernest es un ejemplo de entrega y liderazgo.

Bar Shackleton en Chile

Mis muros del Bar Shackleton llaman la atención por las acuarelas de Harley Benavente, que ilustran bellamente la extraordinaria aventura de Shackleton y sus hombres. Recuerdo bien el día de mi inauguración. Asistió Lady Alexandra Shackleton, nieta del explorador irlandés. Fue un momento muy emotivo, ya que ahí se reunió con Jaime y Fernando Pardo Huerta, nietos de Piloto Pardo (Luis Alberto Pardo) quien, en pleno invierno antártico, llevó a cabo el difícil rescate de los hombres de Shackleton en agosto de 1916.

Visitarme es un viaje en el tiempo, no sólo por mi ambientación y mi mobiliario de época o porque el cantinero se enorgullece de poder ofrecer a quienes me visitan una mezcla exacta del whisky que llevó Shackleton a su aventura; sino porque, si así lo deciden, también es una oportunidad para reflexionar sobre la historia de un gran hombre. Algunos de mis visitantes entran, comen, beben algo y se van, sin más. Sin embargo, muchos otros, al mirar los cuadros colgados en mis paredes, preguntan al cantinero por su significado y él les muestra una breve historia de la Expedición Endurance en la carta. Toman sus teléfonos y buscan más sobre la historia. Como les dije, si uno tiene disposición, cualquier lugar puede ser bueno para aprender.

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