Piñata… ¡de coronavirus!

Piñatas coronavirus

Piñata… ¡de coronavirus!

En ausencia de fiestas, la piñata ha tenido una presencia discreta, pero muy curiosa y espera retornar cuando pase la pandemia.

Él asegura que fue el primero a quien se le ocurrió fabricar la piñata del coronavirus, antes incluso de declarada la pandemia. Y todo aquel que conozca la historia de este establecimiento y de su líder, Dalton Javier Ávalos Ramírez, en la fronteriza ciudad de Reynosa, no lo pondrá en duda: Piñatería Ramírez se ha hecho famosa por hacer efigies de seres y personajes tanto populares como infames.

Por supuesto que Dalton no iba a pasar por alto al azote del mundo en 2020, el tristemente célebre virus. Sin embargo, ni esa ocurrencia salvaría a su taller –donde laboran sus padres y cinco hermanos– de la escasez de clientela.

“Nos pusimos a hacer piñatas diferentes”, dice Ávalos a Contenido. “Primero la de coronavirus y luego la de Susana Distancia, luego la de López Gatell, incluso la del presidente López Obrador con su avión. Esos personajes nos dieron a conocer de nuevo, no vendimos gran cantidad de piñatas pero ahí vamos, saldremos adelante”.

No era raro ver –al menos, no lo era hasta marzo pasado– en barrios latinos de Houston y Dallas, en Texas, Los Ángeles, California, incluso en la norteña Chicago, puestos de piñatas junto con otros productos que nutren el mercado de la nostalgia de los migrantes mexicanos.

“Aquí en la frontera está difícil ahorita”, confirma Dalton Ávalos, quien se lamenta que de 20 piñatas que lograban comercializar a la semana en época normal, durante la pandemia apenas alcanzaron a vender dos o tres.

Y allá en el altiplano…

Muy lejos de la frontera, en los linderos de la zona arqueológica de Teotihuacan, la historia refiere que con fines evangélicos las primeras piñatas fueron elaboradas bajo la observancia de monjes agustinos. Incluso hay fuentes que ubican su inicio entre 1586 y 1587.

Ahí, en el mexiquense Acolman, donde hasta inicios de este año figuraban unos 60 talleres donde se fabrican piñatas, no se sabe con certeza cuántos de estos negocios hayan sobrevivido a los efectos del gran encierro.

Ciertamente el territorio del Estado de México concentra la máxima producción piñatera; tan sólo en Ciudad Nezahualcóyotl se calculaba que hasta antes de la pandemia habría al menos 200 familias dedicadas a su producción.

Opciones chilangas

Pero bajo las circunstancias actuales los grandes compradores, los capitalinos, alertados por el contagio del virus es posible que no acudan al cercano Acolman ni se desplacen muy lejos de sus casas. Si su pretensión es conseguir una piñata, los chilangos tienen opciones icónicas para ese fin.

Sitios muy socorridos son los mercados públicos como el de La Merced, Jamaica o Sonora, que destacan por su tamaño y tráfico de visitantes en épocas decembrinas, pero hay otros establecimientos que durante todo el año ofrecen sus productos y que los conocedores de estas artesanías ubican claramente.

“Ahora lo que se vende es la piñata chica”, revela un encargado del una tienda piñatera clásica a un costado de Circuito Interior Melchor Ocampo. Informa a Contenido que durante este 2020 se alcanzó a comercializar apenas un tercio de lo acostumbrado en otros años., piezas para fiestas privadas muy discretas, “como para tres o cuatro personas”.

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Innovar la tradición

Si bien la piñata como símbolo de celebración se ha expandido a regiones de Estados Unidos, Europa e incluso lugares más remotos como India, frecuentemente con adaptaciones de cartón ensamblado que prescinden de la olla de barro, del garrote para romperla y de las cuales cuelgan hilos para desprender pacíficamente el contenido de dulces o juguetes, en México hay esfuerzos para que la tradición no muera y, al contrario, se diversifique y fortalezca.

Esa es la motivación del Museo de Cultura Popular, ubicado en el centro de la Ciudad de México, para realizar un concurso de piñatas que en este año recibió casi 200 piezas de varias partes del país.

Walther Boelsterly Urrutia, director del recinto, dice a Contenido que el concurso “es una plataforma para que la gente muestre su talento a través de un objeto utilitario y salirse un poco de las comunes piñatas en forma de estrella o zanahoria. Se están acabando las familias que viven de esto, entonces es una oportunidad para enseñar sus piezas”.

No sólo eso: les abre un mercado hacia los compradores de arte popular, que suele ser gente de alto nivel económico, muchos de ellos extranjeros de paso por México que aprecian las piezas artesanales y no precisamente para romperlas.

Todos los consultados esperan que pasado este annus horribilis, los siete picos de la tradicional estrella –símbolo de los pecados capitales que deben ser humillados– vuelvan a engalanar grandes, ruidosas posadas y celebraciones diversas.

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¿Por qué se rompe?

1. Los siete picos representan los pecados capitales: avaricia, pereza, gula, soberbia, envidia, lujuria e ira. 

2. La estrella de cinco conos es la que guió a los Reyes Magos al pesebre de Jesús.

3. La piñata es la esperanza, al romperse vierte los regalos del cielo a quienes tienen fe.

4. La olla decorada como estrella simboliza la seducción de Satanás.

5. Los ojos se tapan para reflejar la fuerza de voluntad para rechazar el mal: la fe es ciega.

6. El palo es la virtud, los buenos pueden vencer al mal. 7. Quienes están alrededor del vendado guían pero también confunden con engaños, como símbolo de las falsas direcciones.

Por José Ramón Huerta

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