La virgen de Guadalupe y la Independencia

La virgen de Guadalupe y la Independencia

¿Qué papel jugó el clero en este episodio de la nuestra historia? Conozca un documento que revela su postura al respecto. Adentrarnos en la historia de la imagen de la virgen de Guadalupe es hacer un viaje por el pasado de nuestro país. Hay en esta devoción una presencia y continuidad desde el siglo XVI hasta nuestros días en el ámbito religioso, político, social, económico y cultural.

Sabemos que el santuario de la virgen de Guadalupe es el más visitado por los fieles en todo el mundo después de la Basílica de San Pedro.

Otras advocaciones como Lourdes, Fátima, Chiquinquirá, San Juan de los Lagos o Zapopan se quedan muy atrás. Incluso la devoción a la Guadalupana ha traspasado fronteras tanto en el norte como en el sur de América.

Prueba de lo anterior es un desconocido sermón que predicó, escribió y publicó José Julio García de Torres, prebendado de la colegiata de la Basílica de Guadalupe en 1821.

¿Por qué se pronunció la Iglesia a favor del nuevo gobierno recién independizado en México? ¿Cómo entender el apoyo del prebendado del santuario de Guadalupe cuando hizo pública su adhesión al gobierno que se venía gestando? Con la Independencia, la Santa Sede desconocería al nuevo gobierno y por tanto la relación con la Iglesia se vería deteriorada.

El sermón

En ocasiones los curiosos de la historia y los profesionales de la misma se han dedicado prioritariamente al estudio de los acontecimientos políticos cuando la Nueva España decidió independizarse de la Corona de España. Es necesario revisar los archivos de la época para ver qué papel jugó la Iglesia en este contexto.

El sermón de acción de gracias A María Santísima de Guadalupe por el venturoso suceso de la Independencia de la América Septentrional, predicado en su santuario insigne e imperial colegiata bajo la autoría de José Julio García de Torres, prebendado de la misma, nos muestra la clara postura del prelado para pronunciarse a favor de un imperio, un año antes de la coronación de Agustín de Iturbide, primer emperador, el 21 de julio de 1822.

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Pero, ¿qué es un sermón? Es una pieza oratoria para ser predicada en la iglesia ante la comunidad de los fieles en momentos de especial importancia.

Su principal intención es instruir a los creyentes en la religión y prácticas cristianas y explicar dogmas o principios morales de la fe. Debe diferenciarse de la homilía, más cotidiana y menos formal, la cual se limita a ser una charla explicativa de los textos litúrgicos.

Antes de la existencia de los grandes medios de difusión de las ideas, como la prensa diaria, radio y televisión, el sermón constituyó una de las principales vías de comunicación entre la jerarquía eclesiástica, alta o media, y el pueblo llano.1

El padre García de Torres pronunció su sermón durante una misa de acción de gracias a la Virgen de Guadalupe y fue tan aplaudido y exitoso que el cabildo de la misma colegiata decidió llevarlo a la imprenta.

El año de 1821 se creó en México la Regencia del Imperio Mexicano, un periodo de transición que fue formada por una Junta Provisional Gubernativa, el 28 de septiembre de 1821. Un año después, el 21 de julio de 1822 se coronó a Agustín de Iturbide.

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Las protectora del pueblo

La Iglesia se definió a favor del imperio y el sermón reafirmó públicamente el milagro de la aparición de la virgen de Guadalupe y la protección “de la patrona del Imperio mexicano, autora única de toda nuestra felicidad y acreedora por lo mismo a los más reverentes homenajes de gratitud”.

El padre García de Torres insiste en las ventajas de la emancipación de México del imperio español “y yo como ministro del santuario me regocijo porque por primer objeto ha merecido la protección del Señor por la mediación de su augusta madre”.

En la composición del sermón el autor justifica la Independencia por mantener la religión, que es lo que más unifica al pueblo de México.

Y la virgen de Guadalupe, gran protectora de su pueblo, intercede ante Dios para que camine por el camino correcto la nueva política y bendiga a Agustín de Iturbide como el promotor de la unión de las fuerzas insurgentes y realistas que generó en toda paz la emancipación del pueblo.

La Santa Sede, enterada de la fidelidad al Pontífice Pío VII y la fe del pueblo mexicano, a pesar del rompimiento con España como consecuencia de la Independencia, tuvo que esperar varios años para reestablecer sus relaciones con el gobierno de México en 1836.

El sermón que les presentamos es una prueba de la postura de la Iglesia después de la Independencia en la que queda claro que la virgen de Guadalupe era la protectora de este pueblo y nada tenía que pedir a España. La Virgen era pues la protectora de la Independencia.

POR MANUEL RAMOS