El microscopio: la curiosa historia de un invento

El microscopio: la curiosa historia de un invento

El microscopio, tan necesario para observar el cosmos diminuto de bacterias y virus, esencial en este 2020 para identificar al coronavirus SARS-CoV-2, pudo perfeccionarse hasta el siglo XVII, gracias a la curiosidad de un hombre dedicado a las telas.

En la antigüedad los romanos experimentaron con el vidrio, pero fue hasta que un vidriero anónimo talló una pieza, gruesa en el medio y delgada en los bordes, que magnificaba los objetos como empezó a abrirse el camino para el rudimentario microscopio.

Las incipientes lupas, que agrandaban la apariencia de un objeto de tres a 10 veces eran vistas como juguetes para observar animales pero pocos sospechaban del mundo microscópico, el cual escapaba a los ojos humanos.

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Leonardo Da Vinci, hacia finales del siglo XVI, señalaba la posibilidad de usar lentes para estudiar objetos pequeños. Iniciaba la creación del microscopio.

Precisamente en esa época Zacharias Jansen y Galileo Galilei diseñaron instrumentos inversos al telescopio para observar lo diminuto.

Curiosamente, el mayor adelanto provino de un comerciante de telas holandés llamado Antoine van Leeuwenhoek que empezó a tallar sus propios lentes para observar mejor los hilos de la tela. Su curiosidad lo hizo decantarse por la ciencia y al perfeccionar su invento descubrió que las cosas aumentaban hasta 270 veces el tamaño real de los objetos.

Fue el primer hombre en ver bacterias, células sanguíneas y lo que él llamó «animales diminutos» nadando en una gota de agua.

Por ello, se le considera el padre de la microbiología. Narró lo que acontecía en un mundo que sólo podía atisbar a través de los lentes que él mismo labraba.

Por A.C.

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