Nuevo etiquetado: ¿la solución?

Nuevo etiquetado: ¿la solución?

El etiquetado pretende mejorar la salud de la población, alerta a la industria y hace que revisemos nuestra cultura nutricional

Un buen día los compradores de México se encontraron con que en los anaqueles y estantes de las tienditas, cadenas de barrio y supermercados, gran variedad de alimentos empaquetados y bebidas envasadas mostraban unos sellos negros que advertían sobre excesos de sustancias como sal, azúcar, grasas dañinas o calorías.

Foto de Horizon Content en Pexels

Desde el 1 de octubre, arrancó la primera etapa de la entrada en vigor de la modificación a la Norma Oficial Mexicana 051 (NOM-51), y hoy los compradores deben familiarizarse con esos octágonos negros, cuya intención es apoyar la batalla contra una epidemia mortífera, la relacionada con la obesidad, el sobrepeso y sus consecuencias como la diabetes.

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TAMBORES DE GUERRA POR ETIQUETADO

A pesar de que la actualización de la NOM-051 se venía discutiendo desde años atrás y que hubo una amplia ronda de conversación y negociaciones en 2019, una buena cantidad de empresas mexicanas y multinacionales prendieron alarmas con la determinación específica de los sellos.

Un conjunto de al menos 50 empresas insistieron en el amparo ante la resolución de la norma. Y son palabras mayores, por su poder económico: la mencionada Concamin, el Consejo Coordinador Empresarial, el Consejo Mexicano de la Industria de Productos de Consumo, el Consejo Nacional Agropecuario, Coca-Cola FEMSA, Unilever, Hershey, entre otros más. 

Hiram Cruz, director de la Asociación Mexicana de Envase y Embalaje, dijo a Contenido que el nuevo etiquetado “implica un reto a las empresas desde el punto de vista de percepción. La exigencia de colocar sellos en el panel frontal, en la superficie de exhibición, tiene impacto desde el diseño y el marketing, representa un impacto al consumidor bastante negativo desde la perspectiva que el envase tiene la misión de comunicar las bondades del producto”.

Ana Berenice de la Barrera, química del Programa Universitario de Alimentos de la UNAM, informa a Contenido que para este ejercicio “a través de una NOM se busca proponer una solución a un problema que afectaba a un interés legítimo de interés general, y se reunieron las dos secretarías, Economía y Salud. Buscaban atender algunas de las causas de los problemas [de salud] para erradicarlos. Se hizo invitación a grupos de consumidores, población interesada y grupos afectados, como los industriales, junto con la parte académica”.

Foto de Shutter Stock

Adiós al Tigre, Osito y compañía

Si un empaque tiene un sello o leyenda, no podrá contener “elementos persuasivos” para infantes, como dibujos, personajes, mascotas, celebridades o deportistas. Sin embargo, las imágenes de personajes y caricaturas sí podrán ser exhibidos en medios como televisión u otros, fuera de la tienda o almacén donde están los anaqueles.

CHILE: ¿DIFERENTE A MÉXICO?

La NOM-051 fue más lejos que la legislación que se aplicó en Chile, país que funcionaba como modelo y donde se aplicaron los sellos desde 2016. De esa experiencia se podrían obtener algunas lecciones y predecir lo que pasará aquí, con las debidas diferencias entre la cultura sudamericana de prevención y las costumbres alimentarias mexicanas.

Alguien que conoce bien el caso chileno y sus consecuencias es Adrián Ávalos, gerente de Estudios Especiales de Kantar Worldpanel, empresa que analiza mercados en toda la región latinoamericana y puede hacer comparativos a lo largo de los años. En entrevista con Contenido, Ávalos desmenuzó lo sucedido con el etiquetado en Chile:

  • En los tres primeros meses fue cuando más se sintió el impacto de la medida, incluso en ciertas categorías hubo abandono, la gente dejó de comprarlas.
  • Luego de 12 meses 70% de las categorías impactadas regresaron a la normalidad, la gente se acostumbró a ver los productos con etiquetas.
  • Los productos que se presentaban como saludables (como cereales, barras dietéticas) y a los que se les impusieron sellos, despertaron enojo en los compradores, quienes defraudados dejaron de adquirirlos.
  • Los productos de “indulgencia”, identificados con altos contenidos de azúcar, sal o grasa, que se sabe que no son nutritivos pero que sirven para apapacharse, los sellos no los afectaron, la gente siguió consumiéndolos.
  • Hubo casos de productos que fueron reformulados para evitar los sellos, pero la gente exigió que les devolvieran al sabor y textura originales, aun cuando llevaran sellos.

Tanto autoridades, empresas y academia coinciden en una cosa: es necesario juntar esfuerzos para hacer que la población mexicana esté mejor informada sobre lo que le hace bien y lo que no. Es un asunto de seguridad nacional. Las diferencias están en cómo lograrlo. Y en la búsqueda de esa respuesta quedan aún por dirimirse intensas discusiones.

Por José Ramón Huerta

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