Mujeres en la Revolución Mexicana

Mujeres en la Revolución Mexicana

Además de las famosas “adelitas”, en la Revolución mexicana también hubo mujeres que participaron en los enfrentamientos empuñando fusiles y otras que disparaban ideas.

Cuando se habla de la Revolución, refiere la investigadora Josefina Mac Gregor, suele pensarse únicamente en los hombres pero también hubo mujeres que rompieron el estereotipo, no sólo acompañando a los ejércitos (tanto federal como revolucionario), desempeñando funciones que hoy llamaríamos de logística o de las que acostumbraban a “hacer en sus jacales”, esto es “cargar con las cazuelas, jarros, comal y hasta el metate, además de cuidar a los hijos que ya tenían y a los que procreaban entre batallas y escaramuzas”. (Ver: Una mirada a la Revolución, Contenido, May. 2009) y también destacaron algunas mujeres que tomaron las armas para pelear.

También hubo otras mujeres, dice la investigadora, que colaboraron como enfermeras, otras que contrabandearon armas y municiones, y sin embargo, esta presencia femenil la parte violenta no debe hacernos olvidar que aún las mujeres  que permanecieron en “sus hogares”, también cambiaron sus  vidas.

El coronel Robles

La anécdota se cuenta por sí sola: En noviembre de 1970, durante la ceremonia de condecoración del coronel Amelio Robles –veterano de la Revolución y legionario de honor del ejército– la mayoría de los asistentes ignoraba que el erguido militar guerrerense (nacido en 1891 y muerto en 1984) fuera en realidad una mujer (ver La extraordinaria vida del jefe revolucionario que nació mujer, Contenido, Abr. 2000).

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Carmen Amelia Robles Ávila, nombre real,  nació en Xochilapa, Guerrero. Hija de pequeños propietarios rurales opositores al régimen de Porfirio Díaz. En el rancho familiar la niña aprendió a montar y a disparar armas de fuego.

Fue entre 1911 y 1912 cuando Robles se unió al movimiento armado antiporfirista. Dentro del Ejército Libertador del Sur la muchacha participó en acciones armadas en Guerrero, Morelos, Puebla y la ciudad de México. Una de sus incursiones más celebradas se produjo en 1914, en la toma de Chilpancingo, en poder de tropas huertistas.

En 1920, tras el asesinato de Zapata, Robles (que ya ostentaba el grado de coronel) se retiró de las armas, pero las retomó en 1923 para combatir la revuelta de Adolfo de la Huerta contra Obregón. Robles peleó en Guerrero, Chiapas, Tabasco e Hidalgo y recibió varias heridas de bala, tras lo cual se dio de baja del ejército para dedicarse a la agricultura.

La Secretaría de la Defensa Nacional trató siempre a Amelia Robles como varón, sin darse por enterada de su género femenino. Asentada en Guerrero y asumiendo definitivamente una personalidad masculina, Amelia Robles murió en su natal Xochipala a los 94 años de edad.  La historiadora Gabriela Cano estudió muy de cerca de esta mujer.

De armas tomar

También destacó en la milicia la teniente coronel María de la Luz Espinosa Barrera, oriunda de Yautepec, Morelos quien se alistó con los zapatistas y pasó nueve años vestida como hombre, escaló varios grados hasta convertirse en Teniente coronel, reconocida por el propio Emiliano Zapata. Tras el asesinato del Caudillo del Sur, se dedicó a vender ropa como vendedora ambulante. Fumaba, bebía, jugaba y no tenia miedo a batirse a balazos con ningún hombre.

Contrabandista

No todas las mujeres que participaron en la revolución lo hicieron con las armas en la mano. Tal fue el caso de Mary Petre de Fernández, esposa de Ernesto Fernández Arteaga, muy amigo de Francisco I. Madero. Se cuenta que cuando el prócer huyó de San Luis Potosí se alojó en la casa de los Fernández en Laredo, Texas. Ahí redactó el célebre plan de San Luis y encargó a su hospedera llevarlo a sus partidarios en México, junto con la orden de levantarse en armas. Al cabo Petre cabo consiguió contrabandear el plan subversivo y entregarlo a sus destinatarios.

Pluma afilada

La duranguense Juana Belén Gutiérrez, prefirió la imprenta. Desde los 22 años de edad comenzó a publicar articulitos en los periódicos más importantes de la época, como El Diario del Hogar y El Hijo del Ahuizote, por esto fue encarcelada. Se trasladó a México donde empezó a trabajar como aprendiz de tipógrafo y fundó el periodiquito opositor Vésper. En él defendía con pasión a los mineros, atacaba con saña al clero y criticaba a Díaz. De nuevo terminó en la cárcel. Después estuvo exiliada en Estados Unidos. Manifestó su apoyo a Madero en 1910 y en represalia Díaz ordenó confiscar las prensas de la mujer.  A principios de 1919, comenzó a editar el semanario El Desmonte, en el que proclamó su desencanto por los magros logros tras nueve años de revuelta a tiempo que instaba a obreros y campesinos a participar en las elecciones. La empeñosa periodista murió en 1942.

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Una mujer moderna

Una de las mujeres más influyentes de la revolución fue la asistente personal de Venustiano Carranza, la duranguense Hermila Galindo de Topete, excelente taquimecanógrafa y de gran dominio del inglés.

Sus dotes de oradora le permitieron unirse al gobierno de Carranza donde fue encargada de realizar campañas propagandísticas en la prensa y la tribuna, así como de fundar clubes revolucionarios en Veracruz, Tabasco, Yucatán y Campeche. Representó a Carranza en el extranjero, publicó artículos periodísticos favorables a su jefe y participó en la fundación de la revista Mujer Moderna, que aplaudió la propuesta carrancista de establecer el divorcio en México. Se convirtió en la primera diputada del país. Murió el 18 de agosto de 1954 en el DF.

Sanar las heridas

La jalisciense Refugio Estévez, viuda desde los 25 años de edad fue costurera en un hospital  donde conoció a un anónimo general que la llevó a trabajar al hospital militar al que llegaban gran número de heridos en los primeros combates de la revolución. Ella destacó por sus grandes dotes en nosocomios de Guadalajara, Querétaro y Guanajuato. Para atender a los heridos adiestró como enfermeras a un contingente de soldaderas. Los carrancista la llevaron como enfermera de campaña a cargo de un carro-hospital y por ello fue llamada “Madre Cuca” o “Mamá Cuca”. Fue herida en 1915 y tuvo una conmoción cerebral, pese a que no tuvo secuelas, el resto de su vida permaneció con un proyectil alojado en una vértebra cervical. Ya recuperada, organizó eficazmente los servicios de enfermería del Hospital Militar. Décadas más tarde, en 1938, a los 57 años de edad, se matriculó en el curso de enfermeras y se convirtió en la primera enfermera militar profesional de México.

Espiritista y libre pensadora

La española Belén de Sárraga (1872-1950) era una férrea anticlerical, feminista, librepensadora, masona, partidaria de los obreros que arribó a México invitada por el presidente Madero para hacer campaña por el espiritismo. Buscaba transformar de manera radicar a la sociedad pero convocando a los espíritus. Fue invitada por el presidente Calles para contrarrestar a las organizaciones católicas. Viajó por estados y ciudades y fundó la Federación Anticlerical mexicana. Hizo campaña a favor del libre pensamiento y de la revolución en España, Portugal y el continente americano. Al final obtuvo la nacionalidad mexicana.

Jaliscienses distinguidas

La historiadora del CIESAS-Occidente, María Teresa Fernández Aceves publicó el  libro Mujeres en el cambio social en el siglo XX mexicano, que mereció el premio Francisco Javier Claviero  del INAH a la mejor investigación en Historia y Etnohistoria, y donde rescató a otras mujeres que buscaban el cambio a través de la educación. Entre ellas se cuenta Atala Apodaca (1884-1977) profesora y excelente oradora, y que hace campaña en contra del antireeleccionismo, promovido por Madero, hace campaña contra Victoriano Huerta y se une a los constitucionalistas. Era una lugarteniente cultural en Jalisco, Nayarit, Sinaloa, Sonora, Veracruz e incluso hace campaña en los Ángeles, California.

Una más es María Arcelia Díaz que aprendió a leer y escribir en una fábrica, formó parte de la generación de mujeres que se integraron al proceso revolucionario, al sindicalismo, era tanta su peligrosidad que intentaron asesinarla, por lo que siempre iba cargando una pistola para imponer respeto. Funda el Círculo Feminista de Occidente donde promovió la alfabetización de los trabajadores.

Con información de Eva Robles y Emilia Palacios.

Para saber más:

María Teresa Fernández Aceves, Mujeres en el cambio social en el siglo xx mexicano, Siglo XXI editores y CIESAS. s

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