«EL BAILE DE LOS 41»: UNA FIESTA PARA REIVINDICAR

El baile de los 41 alude a una fastuosa reunión de homosexuales a principios del siglo pasado.

«EL BAILE DE LOS 41»: UNA FIESTA PARA REIVINDICAR

La redada que acabó con un baile de homosexuales durante el porfiriato es vista por la comunidad LGBTI+ como el suceso que la hizo visible en México.

“El baile de los 41” alude a un elegante baile que se llevó a cabo en un rumbo céntrico de la Ciudad de México, entre el 17 y 18 de noviembre de 1901

De acuerdo con crónicas de la época, la reunión acabó cuando llegó por la policía por el exceso de ruido que hacían los distinguidos celebrantes.

Las cosas hubieran quedado en un llamado de atención, pero los agentes del orden se dieron cuenta de que todos los asistentes eran varones, 42, aunque la mitad del grupo vestía ropas de mujer.

Los capturaron con el argumento de que alteraban el orden moral y las buenas costumbres. Además, los travestidos tuvieron un castigo extra: sin cambiarse de ropa los pusieron a barrer las calles del centro de la metrópoli, dando lugar a toda clase de vejaciones.

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¿42 ó 41?

El baile de los 41 tuvo lugar la noche del 17 de noviembre de 1901.
Foto: «El baile de los 41».

El contingente de arrestados llegó incompleto a la penitenciaría. Uno de los asistentes a la peculiar fiesta logró escapar. Unos dicen que corrió por las azoteas, otros simplemente que recibió ayuda.

Se trataba de Ignacio de la Torre y Mier, esposo de Amada Díaz, la hija favorita del entonces presidente de México, Porfirio Díaz.

El rumor sobre de la Torre creció rápidamente pero hubo elementos para verificarlo. Cierto que se sabía del estilo de vida extravagante de quien entonces se ostentaba como uno de los hacendados más ricos de México.

La prensa se dio vuelo al difundir el episodio resaltando detalles morbosos y el artista José Guadalupe Posada lo inmortalizó en una viñeta que tituló: “Los 41 maricones”.

Algunos arrestados tuvieron que incorporarse al ejército. Otros se resignaron a trabajar en campos de cultivo oaxaqueños en condiciones infrahumanas.

Los más afortunados se esforzaron por retomar su vida apegada a las rígidas normas del porfiriato. Una época en la que la homosexualidad era invisible.

El bochornoso suceso pronto quedó atrás, pero dio pie a la leyenda de que uno de sus protagonistas aprovechó sus influencias para evadir a la justicia.

Necesaria reivindicación

El baile de los 41 fue suspendido por alterar el orden público por generar demasiado ruido.
Foto: «El baile de los 41»

“El baile de los 41” no marcó un antes y después para la comunidad LGBTI+ pero ese colectivo lo reivindica. Considera que obligó a la sociedad mexicana a enfrentar un tema del que no quería hablar.

Desde entonces pasaron ya 119 años y nuestro país ha avanzado notablemente en el reconocimiento de la diversidad sexual.

Sin dejar de reconocer que falta mucho para lograr la inclusión plena, ya se da en infinidad de situaciones cotidianas. Al mismo tiempo, la discriminación recibe la condena social.

Las manifestaciones de respeto a la comunidad LGBTI+ están presentes hasta en el discursos del presidente de la República.

El matrimonio entre personas del mismo género es una realidad en todo el país. Inclusive en aquellos estados que no lo reconocen debido a un fallo de la Suprema Corte de Justicia.

Versión cinematográfica

Este año, la célebre redada policiaca dio vida a una impecable cinta mexicana dirigida por David Pablos, escrita por Mónica Revilla, con la producción de Pablo Cruz y El Estudio.

“El baile de los 41” retrata sin exageraciones ni morbo la pasión entre el terrateniente Ignacio de la Torre (Alfonso Herrera) y el empleado público Evaristo Rivas (Emiliano Zurita).

El filme llena los huecos de información en torno a los acontecimientos de 1901 con un acercamiento a una sociedad clandestina de varones homosexuales, de clase alta, retratando sus hábitos y costumbres.

También contiene una serie de escenas homoeróticas que no hace mucho el cine comercial mexicano hubiera descartado.

Por ese motivo destaca tanto el valor como el profesionalismo de los actores que dejaron atrás el miedo a cuestionamientos sobre su sexualidad en la vida real para recrear a personajes que practicaban en secreto “el amor socrático”.

En cuanto al retrato de la furibunda reacción social a las acciones de estos hombres, el director David Pablos descarta cualquier exageración.

Lo ve como una invitación para reflexionar sobre la homofobia en pleno siglo XXI. La que derivan en crímenes de odio que tienen una incidencia muy preocupante.

“El baile de los 41” se estrena en estos días a nivel nacional. Le precede una exitosa serie de exhibiciones en distintos eventos como el Festival de Cine de Morelia.

Por Pedro C. Baca

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