¿cuánto más resistirás?

¿cuánto más resistirás?

Una cuarentena de tres temporadas… y amenazan con más capítulos.

La recuperación económica de México requerirá mucho más que buena voluntad y optimismo para que ocurra. Hoy, a un número importante de mexicanos nos queda muy claro que los intereses más básicos de un porcentaje mayoritario de la población no coinciden con la agenda de pendientes por resolver de los políticos nacionales.

La ironía es que mientras el ciudadano de a pie es lanzado a la pobreza, los servidores públicos de la zona élite de los tres Poderes de la Unión viven sin turbulencias –y pueden quedarse en casa una, dos, tres o cuatro cuarentenas– con la aportación de millones de personas que cumplen con sus obligaciones constitucionales.

El microempresario, en tanto, hace circo, maroma y teatro para mantener en operación su negocio, única fuente de sobrevivencia. El profesionista independiente no encuentra la manera de cumplir con las colegiaturas de sus hijos, hipoteca y alimentos.

El trabajador –muy probablemente ya sin empleo– mece sus cabellos desesperado ante el tsunami de deudas por enfrentar. El empresario teme por su libertad pues las reformas fiscales-penales le advierten que será tratado como parte de la delincuencia organizada.

Y el ejército de mexicanos sin distingo de sexo o edad que forma parte de la Población Económicamente Activa (vendedores ambulantes, payasitos de semáforo, limpiaparabrisas…) opera en la informalidad sin cuestionarse un solo segundo cuándo deberá quedarse en casa pues, de hacerlo –simple–, ese día no come.

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Somos un cero a la izquierda

La verdad es que gobiernos van, vienen, y la situación de nuestro país no mejora. No falta candidato que diga que tiene la solución a todos los problemas de México. Pero todos los políticos en campaña hacen promesas que saben muy bien que incumplirán. Nuestra nación avanza hacia la pobreza extrema, la restricción de derechos y el autoritarismo.

En el mejor escenario permaneceremos entre los países con ciertos logros en materia de democracia (aún tendremos elecciones), algunos avances en Estado de derecho (tribunales abiertos para que el ciudadano tramite asuntos que difícilmente obtendrán justicia) y salud (atenderemos más enfermos que otras naciones porque, simplemente, somos más personas).

En seguridad, educación, infraestructura, tecnologías de la información, igualdad de género, propiedad intelectual, servicios, manufactura… No tendremos mayores avances. Nada que reportar, pues. Y no porque seamos improductivos como individuos. Aquí un dato como botón de muestra, para reflexionar:

Poco más de 24% del Producto Interno Bruto de nuestro país proviene del trabajo doméstico no remunerado (más que servicios y manufactura por separado). Tal porcentaje del PIB significa que si tuviésemos que pagar por dicha actividad –en su mayoría realizada por mujeres–, el sueldo mensual ascendería a más de 49,000 pesos.

¡México no avanza pero no es por falta de productividad o nulo talento de sus ciudadanos! No avanzamos porque muchos de nuestros esfuerzos son invisibles. Porque al sistema actual, que funciona para unos pocos, le conviene invisibilizar. Muchos están del lado izquierdo de la cifra, tal cual, como un cero. ¿Cuánto más resistirán?

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