Chapultepec: un paseo a través de los pinceles de josé maría Velasco

Chapultepec: un paseo a través de los pinceles de josé maría Velasco

El género de paisaje ha sido uno de los temas emblemáticos de la historia del arte. Invitación para contemplar la naturaleza y resignificarla. Escenario de acontecimientos históricos, sucesos cotidianos, símbolos todos que construyen la identidad de un pueblo.

Chapultepec se había convertido en el paseo dominical de la sociedad capitalina decimonónica, después de la Alameda Central. Chapultepec quiere decir «cerro del chapulín», vocablo náhuatl que nombra al insecto americano también conocido como langosta. La etimología de la palabra la conocía muy bien José María Velasco, pues en 1875, año de factura de este cuadro, el mismo artista estuvo involucrado en la fundación de la Academia Mexicana de la Lengua, derivada de la madrileña.

Un óleo de la colección de Paisaje en el acervo de Museo Soumaya muestra el interés del Porfirismo por narrar una historia incluyente y pletórica de significados. El lienzo evoca la importancia del lugar como observatorio para registrar y medir el tiempo, como sitio de entierro y sacrificio o punto estratégico de batallas militares: la ocupación mexica, el punto de reunión de las huestes de Hernán Cortés durante el asedio a la ciudad imperial de Tenochtitlan hace justo 500 años, o la dolorosa intervención estadounidense de 1847.

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María Elena Altamirano Piolle, en su artículo José María Velasco: Paisajes de luz, horizontes de modernidad, señala que desde el título Ahuehuetes de Chapultepec, el artista hizo referencia a la historia y a la trascendencia de este bosque en la cosmología mexicana.

En la parte inferior se aprecia el lago bajo, uno de los más importantes del sitio; se distinguen siete vacas en una interesante perspectiva y cargado de vegetación, en el plano superior, sobresale un imponente ahuehuete que recorta el cielo. El nombre del árbol refiere al tiempo; y proviene de dos palabras nahuas: atl, agua y huehue, viejo. El gran bosque del Altiplano central data del 2300 a. C. Para la primera mitad del siglo xv Nezahualcóyotl, el tlatoani o principal sacerdote-guerrero del reino de Tetzcuco, había ordenado plantar un camino de ahuehuetes como parte de una ofrenda a Huehuetéotl (el dios viejo y señor del fuego). El árbol de Velasco toma el agua del manantial mesoamericano. Su corteza cual acueducto virreinal, la eleva hacia una próspera tierra mexicana.

Aunque no está presente en la obra es probable que haya sido pintado desde la parte posterior del castillo, que se construyó sobre lo que inicialmente fuera un teocalli o templo mexica y más tarde la iglesia del Espíritu Santo en la cima del cerro. Residencia veraniega para los virreyes y luego Heroico Colegio Militar, fue remodelada con la inclusión del Alcázar, donde habitaron los emperadores Maximiliano y Carlota. Después serviría como residencia presidencial hasta que en 1940, el general Lázaro Cárdenas del Río decidió trasladarse a la antigua hacienda La Hormiga, hoy Centro Cultural los Pinos. El Castillo es desde entonces la sede del Museo Nacional de Historia.

Lo cierto es que no podría escribirse el devenir de la Ciudad de México y del país sin hacer referencia a Chapultepec, y aún con sana distancia, con responsabilidad, revivir los versos anónimos del siglo XIX:

Por tus bosques y hondonadas/ se esparcen mis infantes recuerdos,/ árboles sabios y senderos/ que velan mis madrugadas./ Una orquesta de colores floridos/ celosos guardan un primer beso/ cobijo de mi Chapultepec querido.

Ahuehuetes de Chapultepec

1875

José María Velasco 

(México, 1840 –1912)

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