Una mirada a la mente de los asesinos

Una mirada a la mente de los asesinos

Nuestro país no está al margen de los oscuros personajes que son los asesinos seriales. A lo largo de nuestra historia han sido varios los nombres que entran en esta categoría. Conocerlos resulta apenas el primer paso para evitar que otros se sumen a la lista. ¿Cómo piensan? ¿De qué depende su reinserción a la sociedad? Acompáñanos en este recorrido.

TedBundy, John Wayne Gacy, Jeffrey Dahmer, Andrei Chikatilo son nombres que no pasan desapercibidos cuando de asesinos seriales se trata. Sus actos dejaron al mundo perplejo y numerosas personas vivieron la ansiedad de salir a las calles y encontrarse de cara con la muerte.

Por desgracia, nuestro país no ha quedado exento de los titulares mundiales en este tema. En México hemos visto desfilar crímenes atroces que nos hicieron caer en cuenta que se trataba de asesinos seriales, Desde El Chalequero  hasta La Degolladora, pasando por El Caníbal de la Guerrero. Descubrir cuál fue su motivación y cómo funciona su mente es dar un primer paso hacia evitar que más sucesos como estos ocurran.

¿Quién es un asesino en serie?

La definición más aceptada por la comunidad científica dice que un asesino serial es aquel que mata por placer psicológico o sexual, o bien porque no siente empatía con el dolor. Es quien comete más de tres crímenes durante un determinado periodo de tiempo entre cada uno de ellos, con una técnica idéntica o semejante.

Cabe aclarar que psicológicamente hay ciertas distinciones que se deben hacer antes de que un asesino pueda considerarse serial. Las personalidades sociópatas y psicópatas son las que tienen mayor tendencia a este tipo de comportamientos; sin embargo “no todos los psicópatas son asesinos en serie, pero todos los asesinos en serie son psicópatas”, dice el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales.

Un asesino en serie es el resultado del entorno en el que se desenvuelve la persona, sumado a las cualidades que su personalidad ofrece. Es decir, un sujeto con trastorno antisocial (psicópata o sociópata) tiende a ser un asesino si su entorno influye en su comportamiento.

Un entorno familiar inapropiado, con patrones como violencia entre los padres; maltrato, indiferencia-abandono o demasiada permisividad por parte de uno o ambos progenitores; ausencia de uno o ambos progenitores; incestos, abuso sexual o algún tipo de situación sexualmente insana originada en el marco familiar; comportamientos desequilibrados y destructivos-autodestructivos en los padres, tales como alcoholismo, drogadicción, prostitución podría resultar los detonantes principales para recurrir al asesinato como forma de desahogo.

Ahora bien, biológicamente, existen estudios científicos, el más famoso de ellos encabezado por el doctor James Fallon quien ha dedicado gran parte de su carrera a desentrañar qué esconde la mente de un sociópata mediante escáneres, descubrió que una de las regiones del cerebro encargada de la ética del comportamiento y control de impulsos tenía menor actividad de lo normal, algo que se repetía en los asesinos que había estudiando por años.

Pero no terminó ahí. El investigador también  realizó un completo screen de los genes de estos individuos y detectó una variante agresiva del gen monoamina oxidasa A, también conocido como Gen Guerrero.

Quienes tienen el llamado Gen Guerrero no son asesinos por naturaleza, pero sí desarrollan una mayor predisposición a protagonizar hechos violentos.

Este gen se caracteriza por una mutación en la enzima monoamina oxidasa A, que tiene como labor degradar la basura que dejan algunos neurotransmisores como la serotonina y noradrenalina.

Las personas que poseen la mutación tienen problemas para degradar estos neurotransmisores, lo que se traduce en reacciones precipitadas y exceso de ira.

El tener el Gen Guerrero no transforma a una persona en asesino o psicópata, la gran mayoría de ellas lleva una vida totalmente normal, aunque sí están más expuestos a trastornos depresivos.
Nadie nace asesino, pero si se combinan una serie de circunstancias sumadas a una condición genética que puede devenir en un escaso control de impulsos, una persona tendría una mayor posibilidad de serlo.

Por Mario Ostos