El terremoto que viene

El terremoto que viene

Guerrero, Oaxaca y Estado de México son estados donde podría darse el epicentro del próximo gran terremoto .

A un año más de los sismos de septiembre, expertos indican que si bien fueron muy destructivos aún se espera uno mucho más fuerte.

Existe tres zonas de donde podría venir un gran sismo con afectaciones para diferentes estados. La zona más conocida es la Brecha de Guerrero, pues ahí confluyen tres placas tectónicas y lleva ya un periodo de tiempo sin liberar la energía producida por el choque de estas placas, sin embargo, el municipio del Estado de México, Acambay, podría también generar un movimiento telúrico.

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Lo que se sabe

Lo que el SSN sí sabe del terremoto que viene es que el epicentro probablemente se originará en la llamada Brecha de Guerrero o en algún lugar de la costa del Pacífico. Dicha brecha cubre una extensión de 230 km desde el sur de Acapulco hasta Papanoa, Gro., ubicada dentro de la zona de subducción entre la Placa de Cocos y la Placa de Norteamérica. Es importante porque desde el 16 de diciembre de 1911 esa zona no libera energía. Se estima que rebasará los 7.5 grados. Si el movimiento procede de esa zona tardará casi un minuto en llegar a CDMX, pues el epicentro está a 300 kilómetros de distancia entre Ixtapa y Acapulco, Gro. El fuerte impacto se sentiría en la “Diana” de Acapulco así como en la Diana Cazadora de la capital. Específicamente en la ciudad de México quienes vivan en una zona blanda, como Iztapalapa o la colonia Roma, lo sentirán 40 veces más fuerte que quienes se encuentren en zona rocosa, como la Ciudad Universitaria o San Jerónimo.

“Aunque la brecha tiene una alta probabilidad de ser la causante de un sismo, no se descarta que el terremoto pudiera provenir de cualquier punto de la costa del Pacífico propenso a movimientos telúricos”, advierte la especialista.

Se ha descubierto que en esa brecha aproximadamente cada cuatro años ocurren “sismos silenciosos”, deformaciones de la corteza que no emiten ondas, pero que sí son registrados por dispositivos GPS de muy alta precisión. Esos equipos lograron detectar lo que se conoce como “sismos de deslizamiento lento”, temblores que liberan su energía de manera lenta a lo largo de semanas o meses, y no son registrados por las personas ni por los sismógrafos.

Los estudios sugieren que los sismos silenciosos dan información valiosa para delinear el área de ruptura (es decir, la zona donde se genera propiamente el sismo), así como la magnitud de un futuro terremoto y hasta el potencial de un tsunami.

“Monitorear mejor estos eventos, especialmente los que están en el mar, podría permitir calcular el tamaño de los futuros terremotos y el potencial de maremotos. Pero el hecho de que los sismos lentos contribuyan a que se desate un terremoto es incierto, porque no es una teoría definitiva, sólo una posibilidad”, dice la sismóloga.

La investigadora del SSN, doctora Pérez Campos, asevera que aunque resulta complicado estimar con exactitud la magnitud del evento que ocurrirá en dicha brecha; estudios indican que podrían ocurrir uno o dos terremotos de magnitud 7.5º o bien entre dos y cuatro eventos de magnitud 7.8º, y hace hincapié en que “se trata solamente de una posibilidad y que sólo hasta que se presenten los movimientos sabremos si las teorías eran correctas o no”.

Por su parte, el ingeniero Gilberto Castelán Pescina, director de instrumentación y cómputo del Centro Nacional de Prevención de Desastres, de la Secretaría de Gobernación, reconoce que en México sí se espera un sismo debido a nuestra posición geográfica, porque estamos expuestos a los choques de las placas tectónicas.

Y coincide con Pérez Campos que este sismo podría llegar desde la Brecha de Jalisco o de cualquier punto de la costa entre Jalisco y Chiapas, por lo cual son monitoreados todo el año ante la ausencia de una gran actividad sísmica.

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