El cubrebocas en el tiempo

El cubrebocas en el tiempo

Este pedazo de tela llamado cubrebocas ha estado presente durante las grandes pandemias. ¿Por qué levanta tal polémica en estos momentos? ¿Acaso no ha demostrado ya su eficiencia?

Como una especie de déjà vu o paramnesia, la humanidad se encontró en diciembre pasado con el crecimiento de una pandemia que la tomó por sorpresa. “Los tiempos se repiten, a veces no enmendamos la historia”, remarca Jorge Valdez García, profesor de Historia de la Medicina, investigador y decano de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud del Tecnológico de Monterrey (EMCS). 

El poder de las aves

Los médicos que atendían a los enfermos de peste bubónica durante la temprana Edad Media y el Renacimiento utilizaban máscaras con forma de pico para protegerse del aire infectado. Estaban llenas de clavo, canela y otras especias. Los galenos vestían túnicas negras de cuero y guantes para prevenir el contagio.

El especialista refiere en entrevista para Contenido dos momentos de grandes calamidades donde el cubrebocas fue factor esencial para evitar mayores catástrofes entre la población. 

El primero de ellos, ocurrido en 1910, en la zona noroeste de China, concretamente en Manchuria –de ahí que se llamara la Gran Plaga de Manchuria, con una letalidad cercana al 100%–, la gente moría 24 o 48 horas después de contagiarse.

Este tipo de peste, de origen neumónico (las otras dos son bubónica y septicémica) es la más contagiosa porque no depende sólo de la picadura de una pulga sino que se trasmite por contacto directo a través de los aerosoles, es decir, estornudos o tos.

Con el fin de proteger al personal de salud y evitar que se contagiaran más personas, el médico Wu Li-Teh intentó convencer a la población de que usara cubrebocas, un concepto innovador para ese tiempo, detalla Valdez García.

El joven Wu Li-Teh se enfrentó a dos problemas: uno político, porque el territorio se lo disputaban chinos, rusos y japoneses; el otro de tipo cultural, “al tratar de incorporar una medida de la medicina científica en una población con gran devoción a la medicina tradicional”, recuerda Valdez.

Al cabo, el médico oriental que había estudiado en Londres terminó convenciendo a la comunidad después que un colega francés murió luego de visitar sin protección un hospital. Tal acontecimiento persuadió a sus colegas que ahí trabajaban sobre los beneficios del cubrebocas y esto disparó pronto la aceptación de la sociedad.

Cabe mencionar que también ayudaron a la popularidad de este artilugio médico algunas fotografías y publicaciones en revistas, lo cual generó una cultura en Occidente a favor de la mascarilla.

El segundo momento de esta careta, relata el investigador Valdez García, fue durante “la mal llamada Fiebre española, en 1918. España, la única nación que no estaba en guerra, hizo los mejores registros de la enfermedad y por esta razón (por hacer algo bien) se le quedó este nombre”.

A partir de entonces el cubrebocas se volvió obligatorio en diversas epidemias y países, en algunos estados de la Unión Americana, e incluso en México diversos médicos empezaron a utilizarlo, aunque también hubo algunos detractores.

Si quieres leer el resto del reportaje no te pierdas la edición de septiembre de tu Revista Contenido.

Por Alberto Círigo