El historiador Manuel Ramos Medina retoma este episodio de los 235 días en que los españoles y Hernán Cortés estuvieron en el corazón mismo de la Gran Tenochtitlan.

Acabamos de recordar el episodio de la Noche Triste. ¿Triste para quién? Es curioso que se le otorgue, en la memoria colectiva, una mayor atención al triunfo de los españoles con sus aliados el 13 de agosto de 1521 que a su derrota en la mal llamada Noche Triste. La famosa Conquista eclipsó un gran triunfo.

Entre el 30 de junio y el 1 de julio de 1520 se rompió un largo encierro del capitán Cortés y su tropa con sus aliados indios, prioritariamente tlaxcaltecas, en la imperial ciudad de Tenochtitlan. Esa noche fue sangrienta y murieron tanto indios como españoles, tainos, negros, mujeres, caballos, perros.

Los mexicas masacraron a los invasores quienes huyeron en medio de una fuerte lluvia. Cuando se dio la señal los mexicas irrumpieron el silencio con aullidos, gritos, tambores, caracoles, silbatos. Era su forma de actuar en sus conquistas y asaltos. Ahí se hizo sentir la fuerza de los guerreros tan temidos en todo el territorio que controlaban. Mujeres indias guerreras también tomaron venganza. En medio del lodazal se ahogaban los invasores, algunos cargados con oro. Caballos ya cansados también murieron. Gran parte del tesoro que portaban algunos quedó enterrado con sus portadores.

Los españoles y aliados arribaron a la capital de imperio el 8 de noviembre del año anterior, 1519. La mayoría de los españoles no volvió a salir del encierro destinado en el antiguo Palacio de Axayácatl. Unos murieron víctimas de enfermedades como disentería. Otros de hambre, y varios más por enfrentamientos entre ellos mismos o bien la depresión que debieron haber sufrido por el encierro en esos 235 días interminables. De los más de 300 que llegaron originalmente a Tenochtitlan menos de 50 lograron salir. La amenaza constante del temor a morir desollados como ofrendas ante los dioses mexicas les provocaron angustias inquietantes. Se sabían presos, y en realidad lo estaban.

El encuentro

Durante el encierro Hernán Cortés debió ausentarse de Tenochtitlan a mediados del mes de mayo de 1520, para derrotar a la comisión encargada de capturarlo –a cargo de Pánfilo de Narváez– y convencer a los enviados de Diego Velázquez, gobernador de Cuba, que llegaron a las costas de Veracruz con la encomienda de apresarlo y castigarlo.

Moctezuma sabía de la llegada de nuevos invasores y para informarse de lo que sucedía en Veracruz autorizó a Cortés el permiso de salida, bajo la vigilancia de algunos de sus guerreros más destacados.

Antes de partir Cortés dejó como custodio a Pedro de Alvarado, uno de sus capitanes más fieles y con fama de sangriento y cruel, para vigilar y defenderse frente a la posibilidad de ataque por parte de los mexicas que se veía inminente. Debía controlar primeramente a sus compañeros quienes ya se encontraban inquietos. La presencia de Xicoténcatl el joven fue fundamental para el control de los aliados tlaxcaltecas que deseaban salir.

Me pregunto: ¿cómo pudieron vivir los invasores llegados a Tenochtitlan a partir de ese 8 de noviembre de 1519, capitaneados por Cortés en una ciudad inimaginable, con una población que al parecer llegaba a los 100,000 habitantes? ¿Quién pensaría que su estancia se extendería a ocho meses de prisión? Matthew Restall afirma que los occidentales llegados a las costas del Golfo de México ya tenían conocimiento acerca de un gran imperio poseedor de riquezas extraordinarias, aun cuando no contaban con la certeza de su localización.

Moctezuma desde antes del desembarco conocía también que rondaban los mares invasores que amenazarían su imperio. Por ello desde un inicio, al conocer por sus informantes que ya se encontraban en sus dominios les envió obsequios para ganarse su confianza.

Los españoles se internaron durante cuatro meses hasta ingresar a la cabeza del Imperio mexica. Sus alianzas con pueblos que temían y odiaban a los mexicas, que los obligaban a pagar impuestos, fueron el gran apoyo para que finalmente se lograra la llegada a la gran ciudad. El famoso encuentro entre Cortés y Moctezuma ha sido relatado de diversas formas por cronistas presenciales y por cronistas posteriores. En todos se destaca el “encuentro de dos mundos”.

Moctezuma invitó a Cortés y su comitiva a ingresar a su ciudad con la hospitalidad propia de la cultura india. Dicha comitiva se componía de sus soldados españoles, tlaxcaltecas, totonacas, algunos taínos que trajo de las islas del Caribe, mujeres indias y sus caballos. Al parecer fue un recibimiento sin amenazas. La población, curiosa, observaba a los extranjeros, desde sus azoteas.

El ingreso fue por la calzada que hoy lleva el nombre de Pino Suárez y el emperador después de los saludos y entrecruce de regalos,  les mostró el sitio donde serían hospedados, el antiguo Palacio de Axayácatl, donde permanecieron durante un largo periodo.

Una extraña colección

¿Cómo fueron aceptados? Un puñado de militares no podría representar ningún peligro ante un imperio con guerreros adiestrados que manejaban con gran destreza sus armas: la honda, el arco, el dardo, la lanza, el venablo, el garrote y la espada o macquauitl, hecha de madera con punta de lanza y la hoja  de la espada cubierta de astillas finas de obsidiana pegadas firmemente en hendiduras lo que provocaba terribles heridas. Los guerreros distinguidos en luchas terribles eran consagrados con los títulos de Caballeros Águila, o Jaguar, en honor a Huiztilopochtli o Tezcatlipoca. Es decir, una ciudad segura.

El hecho es que los invasores ingresaron seguramente en medio de temores y angustias. Permanecieron ocho meses. Una de las interpretaciones más convincentes explica que los mexicas acogieron a los extraños para conocerlos mejor y vigilarlos de cerca. En realidad fueron encerrados como prisioneros. El emperador gustaba de reunir especies raras y los venidos de lejos serían el blanco perfecto para aumentar sus extrañas colecciones. El zoológico descrito con pormenores del Bernal Díaz del Castillo en su crónica Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España, se vería aumentado con estos seres llegados de otros territorios lejanos.

La idea no es mía. La he tomado del autor ya citado, Restall, y me ha convencido. En última instancia cada quien puede interpretar los hechos de acuerdo a sus investigaciones. Así los extranjeros serían observados y finalmente confinados como seres de colección.

¿Qué hicieron durante esos ocho meses los invasores, que no constituían una población uniforme como lo hemos anotado anteriormente? Este es un tema que desarrollaré en otro artículo próximo.

Para leer mas:

Mattew Restall, Cuando Moctezuma conoció a Cortés, editorial Taurus, México, 2019.