Afromexicanos: La tercera raíz cultural

Afromexicanos: La tercera raíz cultural

La deuda con los afromexicanos los victimiza en lugar de hacerlos visibles junto a sus tradiciones y herencias

Al regresar de Cuba, el agente aduanal le confiscó a la guerrense Mijane Jiménez –originaria de Cuajinicuilapa– una careta barbada, la razón era que “esa máscara y esa cultura no pertenecían a México”.

La pieza en cuestión formaba parte del Baile de los diablos, originario de Cuajinicuilapa (costa Chica de Guerrero y Oaxaca, declarado Sitio de Memoria y Esclavitud de las Poblaciones Afrodescendientes), herencia de un ritual para Ruja, dios africano al que los esclavos pedían su libertad durante el Virreinato de la Nueva España.

No defender lo que no se ama justifica la negación de los que están, han estado y estarán: la tercera raíz cultural de un país, cuya deuda los victimiza en vez de hacerlos visibles junto a sus tradiciones y herencias.

Afromexicanos: Pago a medias

El 10 de agosto de 2019 vivirá en la memoria de los afromexicanos, este día, el Congreso de México reformó la Constitución para incluir un apartado en el artículo 2, dando reconocimiento a los derechos de los afromexicanos.

Otra acción más hace creer que la situación mejorará: el Censo de Población y Vivienda 2020 contaría por primera vez a los afrodescendientes. A más de 200 años del México independiente, se incluía la pregunta: “Por sus antepasados, costumbres y tradiciones, ¿usted se considera afromexicano, negra, negro o afrodescendiente?”.

En la Encuesta Intercensal 2015, la muestra era de 1.38 millones de ciudadanos

Gracias a esa pregunta podría saberse el número real de afromexicanos, así como las condiciones en que viven para diseñar políticas públicas. Todo iba bien, hasta que llegó la COVID-19, adelantando el cierre del ejercicio estadístico, postergando la ruptura de rezagos y desequilibrios, tal y como explica para Contenido Eufrosina Cruz, titular de la primera y única Secretaría de Pueblos Indígenas y Afromexicanos (SEPIA), con sede en Oaxaca.

Para la titular de SEPIA, lo urgente en la agenda para el pueblo afromexicano es sensibilizar a la sociedad y visibilizar esa población. “Falta visibilizarlos y que se reconozcan como pueblos sacros”, dice Cruz porque “cuando la historia te indica que ser negro es sinónimo de exclusión, mejor niego mi identidad pues soy excluido para el desarrollo y hasta en los medios de comunicación”.

Visibilizar sin victimizar

El músico Crisógono Prudente, conocido como Chogo Prudente señala a Contenido: “Tenemos demasiados años de retraso y no aspiramos a nivelarnos”. ¿Por qué? Es claro al responder: «Las instituciones piensan que nos hacen un favor cuando necesitamos gestionar algún apoyo».

También conocido en Santiago Llano Grande (Costa de Oaxaca) como “El Bandeño”, apunta a la necesidad de que la mentalidad del pueblo cambie para que sus derechos sean respetados y dejen de obligarlos a cantar estrofas del himno nacional, a listar los símbolos patrios o tener que mostrar su INE para no ser detenidos, hostigados o acusados de venir de Centroamérica.

Mijane Jiménez, quien también coordina la Red Nacional de Juventudes Afromexicanas, es más directa durante la charla para Contenido: “Los medios sólo se han acordado que existimos en el marco del asesinato de George Floyd”. Para muestra, agrega, «cuando ocurre un feminicidio en nuestra comunidad, tampoco somos parte de esas estadísticas”.

De ahí la confirmación de la Encuesta Nacional de Discriminación, respecto de que seguimos siendo un país racista.

De acuerdo con Derechos Colectivos y Reconocimiento Constitucional de las Poblaciones Afromexicanas del Conapred, los derechos de los afrodescendientes que más se violentan son el trato digno y la igualdad de oportunidades

Es importante, como lo expone la ex titular del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), Mónica Maccise, “entender cómo puedo discriminar y ser discriminado para acabar con prejuicios individuales y cómo nos percibimos».

No obstante, gracias a la coyuntura comienzan a generarse conversaciones que debían haberse dado hace mucho. Eufrosina Cruz tiene claro que “somos una sociedad racista”, y que la mirada

que se tiene en el caso de SEPIA, no es la de “ponerlos como grupos vulnerables, porque ya desde ahí estás minimizando sus capacidades”.

Es necesario que la sociedad se mire de forma diferente, sin que unos y otros sean menos o más. “El reto es que aprendamos a vernos como seres humanos a los que las diferencias nos hacen grandes”, concluye Cruz.

Por Eduardo Banda