Joe Biden es discreto incluso en su propia ciudad

Varios vehículos del servicio de protección vigilan día y noche el acceso a la residencia de Joe Biden en un barrio adinerado de Wilmington, una ciudad del estado de Delaware a imagen de la campaña presidencial del candidato demócrata: tranquila y discreta

Ninguna de las casas lujosas del vecindario tienen en sus cuidados jardines uno de esos carteles electorales que numerosos estadounidenses ponen delante de su domicilio para dejar claras sus preferencias políticas. 

El gran dispositivo de seguridad desplegado ante el número 1209 de la calle Barley Mill es lo único que hace intuir que, tal vez, el futuro del país se está decidiendo en esa casa rodeada de árboles. 

Desde que la pandemia de covid-19 lo obligó a hacer campaña desde el sótano de su casa, Biden, de 77 años, solo ha abandonado el hogar en un puñado de ocasiones y nunca se ha alejado demasiado. 

Demi Kollias recuerda haberlo visto por última vez a principios de marzo en su hamburguesería, Claymont Steak Shop, famosa en la ciudad y uno de los lugares a los que acude a menudo el exvicepresidente. Como en cada una de sus visitas, Biden se sacó fotos con el personal del restaurante. 

«Es muy amable, amistoso, simpático y agradable. Le habla a todo el mundo», cuenta la dueña del lugar, que da por hecho que su célebre cliente está «frustrado» por no poder hacer una campaña normal.

– Joe, el pasajero del tren –

Los 700.000 habitantes de Wilmington saben que su mejor opción de cruzar a Biden es en la estación que lleva su nombre. El candidato demócrata, senador de Delaware durante casi cuatro décadas, siempre ha preferido el tren al automóvil para sus idas y vueltas diarias entre su ciudad y Washington, a dos horas de distancia. 

Pero la presencia del hombre apodado durante años «Amtrak Joe», en referencia a la compañía pública de ferrocarriles, solo destaca ahora en una placa con su nombre situada al lado de una puerta cerrada por causa de pandemia. 

«Es la campaña más extraña que he visto. Una campaña en Zoom y en las redes sociales», dice Ray Saccomandi en una acera casi desierta de la principal calle comercial de la ciudad. 

Para este italoestadounidense de 54 años, gestor inmobiliario, «Joe», como muchos lo llaman aquí, no «tiene necesidad de hacer una campaña activa» en Delaware, un pequeño estado de la costa este del país, con ventajas fiscales y votante habitual de los demócratas. 

Y aunque Biden tampoco está haciendo campaña en otros lugares tras decidir no celebrar mítines electorales, siguiendo los consejos de su médico, su estrategia de espera está dando sus frutos por el momento: los sondeos le dan una cómoda ventaja sobre el presidente, Donald Trump. 

– Joe, el guardavidas –

En Wilmington, otra instalación municipal lleva el nombre del demócrata: el centro acuático Joseph R. Biden Jr, cuya fachada luce el sello oficial de la vicepresidencia de Estados Unidos. 

Biden, que llegó a Delaware a los 10 años de edad tras haber nacido en la vecina Pensilvania, trabajó ahí como guardavidas, en el centro de un barrio de mayoría afroestadounidense. Una experiencia que, según él, fue la base de su compromiso político. 

Pero, casi 60 años después, su campaña presidencial de bajo perfil no parece suscitar un gran entusiasmo en el North Side, donde Michael Oliver, un afroestadounidense de 30 años, juega solo al baloncesto cerca de la piscina, bajo un calor aplastante. 

El entrenador deportivo espera, sobre todo, que el nuevo presidente de Estados Unidos esté «a la altura» del cargo. «Si es alguien que procede del mismo lugar que yo, mejor. Pero ahora espero resultados». 

Cerca de la piscina en la que nadan varios niños del barrio, el socorrista Brandon Crooks, de 23 años, dice que le interesan más las elecciones locales que las presidenciales. «Porque eso es lo que nos afecta directamente», argumenta.  

Como los cientos de miles de personas que llenaron las calles del país para protestar contra el racismo y la violencia policial tras la muerte de George Floyd a finales de mayo, el joven sueña sobre todo con la «igualdad de posibilidades» y el respeto. 

¿Se imagina él aspirar un día a la Casa Blanca como su lejano predecesor en la silla del socorrista? «No, ¿pero quién sabe? Probablemente no quería ser presidente a los 19 años cuando trabajaba aquí». 

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