El sistema inmune, ¿amigo o enemigo?

El sistema inmune, ¿amigo o enemigo?

El sistema inmune ataca al tejido, a menudo con consecuencias funestas.

No existen dos sistemas inmunológicos idénticos, afirma Jesús Marvin Rivera Jiménez, coordinador de Enseñanza de Inmunología del Departamento de Bioquímica de la Facultad de Medicina de la UNAM.

Por ejemplo, los anticuerpos de la leche materna inmunizan temporalmente al bebé contra las enfermedades a las que la madre estuvo expuesta. Esto puede ayudar a proteger al niño de las infecciones durante los primeros años de la infancia. Algunas personas parecen exentas de contraer infecciones, mientras que otras parecen enfermarse constantemente. Con el transcurso de los años, el sistema inmune de las personas entra en contacto con cada vez más gérmenes y adquiere inmunidad contra ellos. Por este motivo, los adultos y los adolescentes tienden a resfriarse menos que los niños: sus organismos han aprendido a reconocer y atacar inmediatamente a los virus.

Pero en los trastornos inmunes, el sistema ataca su propio tejido como si fuera invasor externo, ejemplos de ello son el lupus y la artritis reumatoide. En las alergias, la respuesta produce hinchazón, ojos llorosos y estornudos frente al polen, el moho, los ácaros, las picaduras de abeja y alimentos o una reacción llamada anafilaxia, que representa una amenaza de vida.

En el síndrome de inmunodeficiencia combinada severa o “enfermedad del niño burbuja” –un raro padecimiento–, un simple catarro puede causar la muerte, pues la médula ósea es incapaz de producir anticuerpos. Se hizo famoso el caso de David Vetter (1971-1984), a quien, para salvarlo, los médicos lo aislaron dentro de una burbuja de plástico libre de gérmenes que se convirtió en su hogar hasta su muerte.

También algunos medicamentos, la infección por VIH y diversas leucemias ocasionan mal funcionamiento del sistema inmune, señala Rivera Jiménez.

Por Alejandrina Aguirre Arvizu

Fotos Pixabay