Quiénes llevan la delantera en educación digital

En tres meses gran parte de la comunidad estudiantil y docente pasó de las aulas a las pantallas. Algunos lo están sorteando bien, pero muchos sufren las desventajas en la llamada educación digital.

Hoy mismo niños, adolescentes y jóvenes estudian en casa, bajo condiciones atípicas junto a sus padres, quienes en la mayoría de las ocasiones no pueden salir a trabajar y hacen lo que pueden desde la sala, el comedor o la recámara, espacios convertidos en improvisadas aulas y cubículos de Home Office, a veces atropelladamente. Si hay computadoras para todos y un servicio de internet de buena calidad, enhorabuena, la cosa fluye. Si son varios los hijos, pocos los equipos de cómputo y una débil señal  WiFi… hay problemas.

Cada caso es particular y único en esta pandemia. Francisco “Paco” Herrera estudia Ingeniería Petrolera en la Universidad Nacional Autónoma de México, vive solo en una casa de huéspedes y hasta antes de la cuarentena no había tenido ejercicios de educación online, pero asegura que se adapta bien a la experiencia, la cual incluye adecuarse a la forma de ser evaluado por parte de los profesores, quienes eligen –según su criterio y sus capacidades digitales– diversos métodos, desde un examen complicado hasta otros que combinan tareas, proyectos, lecturas o participación en clase para dividir el peso de la calificación.

Lo cierto es que a la mayoría de los docentes, de todos los niveles educativos, la crisis los tomó desprevenidos. Los que logran resolver mejor su trabajo son aquellos que, con mínimas herramientas tecnológicas, son capaces de abrir foros con sus alumnos y valiéndose de pizarras, hojas y pantallazos desde sus casas, despejan dudas en directo, muestran documentos y se hacen entender evitando que sus pupilos se dispersen, cansen o distraigan. 

Pero la experiencia de Paco, uno de los 350,000 alumnos de la universidad más grande del país que tuvieron que reaccionar como pudieron, uniéndose a plataformas hoy ya muy conocidas como Zoom, Teams, Google Clasroom, Schoology y demás, es diferente a la de alumnos como Vera García, que cursa Relaciones Internacionales en la Universidad Iberoamericana, que a semejanza de otras instituciones como el Tecnológico de Monterrey o la Universidad Anáhuac, previamente habían incorporado en sus planes de estudio ciertas experiencias para entrega de trabajos, foros e incluso la toma de algunas clases virtuales.

“Pudimos reaccionar más o menos rápido”, dice Vera, entrevistada en uno de sus recesos entre clase y clase. “Ya desde antes de la pandemia teníamos cierta experiencia en el uso de plataformas, y varios profesores también se habían expuesto a esa tecnología”, refiere.

Pero son muchos quienes no logran capotear con soltura esta situación: “Tengo compañeros a los que les urge regresar a lo presencial, a las clases en el salón –dice Paco Herrera a Contenido–, a mí me encanta esta situación, tengo el hábito de buscar información y soy medio autodidacta, pero otros compañeros sí han resentido la cuarentena, me confiesan que tienen familias disfuncionales, que sus papás se pelean, que hay líos con sus hermanos, y por eso dicen: ‘la escuela es mi refugio”. 

Herramientas a distancia

Los docentes y alumnos deben aprender y afinar conocimientos por medio de instrumentos como:

– Mensajería instantánea y videoconferencia:

WhatsApp, Telegram, Hangouts

– Especializados en videoconferencia:

OpenMeetings, Teams, Zoom, Skype, Hangouts Meet, Avaya Spaces, HouseParty, Jitsi Meet

– Redes sociales:

Facebook, Instagram, LinkedIn, Pinterest, Twitter.

– Webinarios:

Seminarios que suelen ser de una hora en vivo sobre temas para la enseñanza en línea. Consultas en tiempo real y chat disponible durante las ponencias (caso especial: Khan Academy).

– MOOC. Los Massive Online Open Courses son cursos de formación en línea, suelen durar varias semanas y están disponibles cuando el docente lo requiera, con fecha límite para completar las actividades.

Cómo te va en la feria de la educación

Esta crisis mundial quitó la pátina de simulación, develó más crudamente riquezas y carencias. Mostró cómo andamos en muchos terrenos, incluido el educativo. Padres e hijos cotejaron su real nivel de aprendizaje y conocimientos, se percataron de la necesidad de invertir en tecnología, en telecomunicaciones, y supieron reconocer la importancia de tener maestros que respondan a una realidad retadora, distinta.

Y como ellos, las escuelas también se vieron al espejo y se reconocieron con nulas, pocas o adecuadas herramientas para afrontar los nuevos retos. Ahora mismo escuelas públicas y privadas, desde la educación básica hasta la superior, siguen haciendo ajustes y adaptándose.

Los centros que suponen la más alta escala educativa, las universidades, también descubrieron que no todas pueden responder a la misma velocidad. Los contrastes fueron evidentes.

Por un lado, hay campus que apenas sintieron los rigores de la pandemia, debido a que su modelo está basado, precisamente, en la no presencialidad sino en la educación a distancia.

Pionera en el campo del e-learning o aprendizaje en línea es la catalana Universitat Oberta de Catalunya (UOC), con 70,000 estudiantes en el mundo y que en México mantiene vínculos con la Universidad de Guadalajara. Luego de 25 años funcionando, la OUC puede considerarse “la primera universidad completamente virtual del mundo –dice a Contenido su vicerrector Carles Sigalés–, y ha desarrollado sistemas interesantes como laboratorios virtuales y remotos, entornos de prácticas que conectan con empresas, en los que los estudiantes mediante sistemas de teletrabajo o de simulación de esos entornos llevan a cabo sus prácticas y sus actividades complementarias a sus asignaturas”.

Durante la pandemia, afirma el doctor Sigalés, “la UOC pudo seguir con sus actividades de manera normal, a pesar de que estudiantes y profesores están confinados”.

Otro centro experto en este ámbito es la también española Universidad Internacional de Valencia (VIU), parte del Grupo Planeta, que nació hace 12 años “nativamente digital, con metodología online-presencial”, define el responsable académico internacional, el doctor Christian Moreno. Con 12,000 alumnos, 1,000 profesores y alumnos de 70 nacionalidades, se diferencia de los demás campus debido a una característica peculiar:

“Las clases son en directo, todos los días nuestros alumnos tienen clase a las 8:00 de la noche tiempo de España, tienen en vivo al profesor e interactúan con él. Por eso nos definimos como ‘presencial’: en vez de ir a la facultad y estacionar el carro y subir al aula, desde casa estamos en clase con el profesor y los compañeros”, explica a Contenido.

Ambos académicos, el de Cataluña y de Valencia, coinciden en que en sus plataformas cuentan con profesores especializados en pedagogía en línea, que es diferente a la que ejerce un profesor en un aula física. Los planes de estudio, por ende, se adecuan a ese ambiente virtual, y los alumnos, hasta antes de la irrupción del coronavirus en el mundo, tenían como dice Moreno “una media de edad más bien alta respecto a las universidades presenciales, gente un poco más mayor, que quiere ascender o cambiar del sector en donde está, o que por alguna razón se quedó sin trabajo o que compagina los gastos con algún trabajo para obtener el título”.

Asimismo, el doctor Sigalés complementa diciendo que “el alumno de una universidad no presencial suele ser organizado, con una capacidad autónoma un poco más elevada a la hora de aprender, que valora mucho la flexibilidad y la posibilidad de estudiar desde cualquier sitio, en cualquier momento. Para tener éxito debe adaptarse a esas características: organizado con el tiempo y saber combinar con una ocupación, lo cual exige una dedicación bastante alta”.

No todos tienen internet

80 millones de usuarios de internet en México, es decir…

70% de la población de seis años en adelante.

20.1 millones de hogares disponen de internet, de esos…

56.4% disponen de conexión fija o móvil.

76.6% de los hogares urbanos tienen internet, pero sólo

47.7% de hogares en zona rural.

95.3% se conectan con smartphone

33.2% con computadora portátil, y

28.9% con computadora de escritorio.

Fuente: Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los hogares (ENDUTIH) 2019

México y sus experiencias diversas

Un caso paradigmático cuando se habla de educación en línea es el del Tecnológico de Monterrey. Y ello responde a razones lejanas: “Desde hace 30 años nos referimos a este modelo educativo a distancia, primero vía satélite que luego evolucionó con internet. Así nació lo que hoy llamamos educación digital, con modelos a distancia, 100% en línea, un híbrido que mezcla lo presencial y lo virtual, utilizando la tecnología como apoyo”, explica a Contenido el doctor Joaquín Guerra Achem, vicerrector académico y de Innovación Educativa del Tec.

Su plataforma incluye avances técnicos de punta, como la realidad virtual o aumentada, o el efecto tipo holograma, “donde uno ve más real al profesor, como si estuviera ahí, de cuerpo completo, no en una pantalla”, dice Guerra, quien advierte, sin embargo, que esas herramientas sólo sirven si en realidad se logra impactar positivamente y “dotar de una experiencia educativa rica, atractiva, profunda y duradera”, además de personalizada al alumno. 

Desde antes de la crisis sanitaria este tipo de educación digital ya se impartía; prácticamente todos los 90,000 alumnos del Tec –desde bachillerato hasta posgrados– vivían experiencias híbridas, la mezcla de presencia física con lo digital. “Viene la pandemia y nos movimos a este modelo ‘flexible digital’, y una vez que pase regresaremos al modelo presencial”, advierte Guerra Achem, quien no reniega de la importancia de la cercanía: “Los seres humanos somos de contacto, sociales, la presencialidad es muy valiosa, tendremos que regresar a esa normalidad pues los jóvenes lo requieren”.

Otra institución, esta pública, enfrenta una misión titánica. Si bien su sistema educativo a distancia atendía a 34,000 estudiantes antes de la pandemia, hoy tiene que dar servicio a toda la matrícula de la UNAM, es decir 350,000 almas. La Coordinación del Sistema de Universidad Abierta y Educación a Distancia (Cuaed), a cargo de la doctora Concepción Barrón Tirado, calcula que de 4,000 aulas virtuales que había en marzo, para mayo ascendían a más de 50,000 en todas las escuelas y facultades.

Ante este panorama, Barrón vaticina a Contenido que “haremos una combinación de modelos híbridos, alternos; hoy con la modalidad digital tuvimos posibilidad de seguir trabajando, y aunque es verdad que a algunos profesores sí se les ha complicado porque no tenían estas prácticas, veo que pasaremos a un periodo de transición, donde se requieren de ciertas habilidades digitales y lo fundamental: el manejo del contenido en esos entornos”.

Los aspectos pedagógicos y su adecuación a ambientes online se convierten en un tema fundamental, incluso más allá de las propias herramientas tecnológicas. Alguien experta en ello es Mayra Castañeda, presidenta de la Comisión Iberoamericana de Calidad Educativa, quien pertenece a un equipo de especialistas que desarrolló la plataforma Iberduk Brain, “una tipo Zoom pero sin sus problemas de inseguridad”, presume la investigadora a Contenido.

Castañeda puntualiza algunos aspectos clave. Uno es que la educación presencial, en la escuela, hoy está siendo cuestionada. Las circunstancias que se dan de esta pandemia acabaron convenciendo a muchos de que la educación “tiene que ver con instrumentos, elementos y herramientas pedagógicas que sirven para motivar el aprendizaje”, a la par de contar con tecnologías apropiadas, y eso no necesariamente depende tanto de si se está o no en un modelo escolar homogeneizador, uniformador, de disciplina tradicional.

Aunque no niega la importancia de la socialización física, la especialista advierte que “alguien que tiene en un aula a 30 alumnos es muy difícil que sepa qué está pasando entre los equipos y en el proceso de cada estudiante; en cambio en la plataforma, que está automatizada, un docente virtual sabe cuándo entró cada estudiante, qué hizo, qué cambió, si hizo o no la tarea, en qué plazo, ve cómo trabaja en equipo… hay personalización y un control que no se tiene cuando uno está físicamente, donde a veces algunos no hacen nada”.

Entre los centros superiores con mejores prácticas en educación virtual figuran: el Tec de Monterrey, la UNAM, la UdeG, la Iberoamericana, la Anáhuac, el Instituto Politécnico Nacional, la UAM, la U de Guanajuato, , y a escala iberoamericana la UOC de Barcelona, la UNED de la Complutense de Madrid, o la VIU de Valencia.

¿Y el gobierno?

Y mientras los padres de familia y sus hijos padecen los abrumadores deberes escolares, el gobierno mexicano dice tener éxito con el programa Aprende en Casa. Según el secretario de Educación Esteban Moctezuma, nueve de cada 10 infantes y ocho de cada 10 profesores están comunicados, continúan con los aprendizajes y cumplen los planes y programas correspondientes al ciclo escolar 2019-2020.

Asegura que hay transmisiones de contenidos educativos en todo el país a través de 40 canales de TV abierta (Canal Once, TV UNAM, Ingenio TV, Justicia TV, Televisa), además de 36 canales del Sistema Estatal de Red de Radiodifusoras y Televisoras Culturales y Educativas de México, con la colaboración de TV de paga por 48 canales de Megacable, TotalPlay, Dish, Axtel, Sky, Izzi y Claro video –incluidos programas educativos en 15 lenguas indígenas, a través de 18 radiodifusoras de 15 estados.

Según esas cifras oficiales en internet, por medio de la plataforma Google Classroom, participa casi un millón más de docentes, directores y supervisores, y el portal aprendeencasa.sep.gob.mx registró en la última semana de mayo más de 42 millones de visitas para el estudio y aprendizaje (por cierto casi 80% fueron de mujeres).

Pero más allá de las cifras gubernamentales, en los campus y en las direcciones de las instituciones educativas se reconoce cada vez más una realidad: cuando se regrese a las escuelas, la experiencia de haber dependido tanto de la educación virtual hará cuestionar el modelo tradicional de docencia.

La mayoría de los consultados advierte que se empezará a demandar con más energía un modelo adecuado a esta sociedad del conocimiento.

Como advierte a Contenido Pablo Rubio, director de Teleinformática, empresa que provee de tecnología a universidades mexicanas: “Sin duda, una vez que la pandemia finalice, la enseñanza en línea se integrará en nuestro sistema de educación presencial existente, sin reemplazarla, coexistiendo con la finalidad de asegurar la continuidad del aprendizaje, con las ventajas que trae consigo de eliminar barreras de distancias geográficas de los especialistas con los alumnos, de ofrecer un aprendizaje extendido e independiente”.

Los profesores ya se dieron cuenta de eso. Y muchos alumnos se convencieron de la necesidad de adaptaciones profundas en su casa y en las escuelas. La evolución no tiene que ver sólo con megas de internet y capacidad de las computadoras, sino con cambios signficativos en el modelo educativo. Porque como dice la psicóloga británica Tanya Byron: “la tecnología en sí misma no es transformadora. Es la escuela, la pedagogía, la que transforma”. Fuente: Expertos consultados por Contenido .

Y los maestros

Interacción entre profe y alumno

En un entorno virtual de educación lo ideal es crear:

  • Comunicación constante y fluida.
  • Contacto en espacios asíncronos y también en sincronía.
  • La sincronía sirve para resolver acuerdos y dudas, y retroalimentar.
  • Usar formas de comunicación no sólo escrita sino oral, visual y gestual.
  • Dar indicaciones precisas a los grupos de trabajo.
  • Propiciar foros de debate, iniciándolos, moderando y al final cerrándolos. 
  • Precisar horarios de consulta y de trabajo (no estar disponible siempre).

Fuente: Teresa Romeu, profesora e investigadora de la UOC.

A cuidar el estilo

La manera de comunicar en ambiente a distancia es clave. Los mensajes deben ser:

– Concisos

– Tener un tono positivo, neutro y directo

– Construidos con información clara y objetiva

– Trato amable y respetuoso

Fuente: Teresa Romeu, profesora e investigadora de la UOC.

¿Y ahora, cómo evalúo?

Un alumnos puede ser calificados a distancia con:

  • Su participación en las discusiones síncronas.
  • Entrega de trabajos y proyectos.
  • Su participación en grupos de trabajo.
  • Retroalimentación con el docente.
  • Sus preguntas reflexivas.

Activos y colaborativos

Idealmente un profesor que imparte educación a distancia debería:

Ser facilitador en procesos de aprendizaje.

Desarrollar sus propias competencias digitales y pedagógicas.

Despertar la curiosidad, creatividad e imaginación del alumno.

Propiciar un aprendizaje significativo y reflexivo.

Tener dinámicas de interacción activa

Desarrollar competencias al integrar actividades, recursos y evaluación.

Potenciar la autonomía y la motivación por aprender.

Fuente: Teresa Romeu, profesora e investigadora de la UOC.

Se quedarán en su país?

Según la BBC, la Universidad de Cambridge, fundada en el siglo XII, suspendió las clases hasta el verano de 2021. Eso significa que ese y otros prestigiosos centros educativos podrían mermar sus ingresos, pues los miles de estudiantes extranjeros, que en Reino Unido pagan matrículas anuales de unos 75,000 dólares anuales, podrían no volver.

En Estados Unidos, en donde los alumnos foráneos le representan a la economía 45,000 millones de dólares al año, según reporta un podcast de El Washington Post, también muchos estarían optando por otros destinos. Tan sólo en 2019 más de 350,000 estudiantes chinos ya habían pagado matrículas y podrían decidir cursar sus carreras en otro país.

Los problemas para las universidades de países ricos podría ser una oportunidad para algunas latinoamericanas. La Universidad de Los Andres, en Bogotá, que tiene 15,000 estudiantes de licenciatura y 5,000 de posgrado, reporta que las inscripciones han aumentado. Quizá en agosto, cuando reabran los campus, haya más estudiantes entrando que en el 2019, y “muchos de ellos quizá habrían ido a Europa o Estados Unidos, y se están quedando en sus países”, dice Alejandro Gaviria, rector de esa universidad colombiana (que trabaja con el Tec de Monterrey y la Universidad Católica de Chile).

Ese fenómeno podría suscitarse en México para ciertas familias que pensaban mandar a sus hijos a estudiar al extranjero, pero en realidad el sustento de una buena parte de los hogares de México y Latinoamérica se obtiene de microempresas o de negocios en la informalidad. La interrupción de los ingresos por la pandemia los orillaría a buscar alternativas de educación no tan costosas.

Por José Ramón Huerta

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