El impacto de la crisis mundial

La emergencia sanitaria desatada por la expansión del COVID-19 en todo el planeta ha golpeado tan severamente la economía mundial que es aventurado saber cuándo iniciará la recuperación.

“Momento de extrema incertidumbre” es el término más citado en estos días por especialistas en temas económicos y financieros para referirse a la magnitud de las crisis, la sanitaria y económica, por la que atraviesa la comunidad internacional y que, al tomar por sorpresa a la mayoría de los países, los encontró sin planes concretos ni para enfrentarla, ni muchos menos para impulsar la recuperación.

La situación es tan delicada y ofrece tan pocas certezas que tanto consultoras como organismos financieros se muestran cautelosos en sus pronósticos sobre lo que puede ocurrir en el corto y mediano plazo.

“Estamos ante un desastre insólito y la peor recesión desde la ocurrida entre 1929 y 1932, conocida como Gran Depresión – explica Gita Gopinath, directora del Departamento de Investigación del Fondo Monetario Internacional, en videoconferencia de prensa con Contenido y otros medios–. Ahora nos enfrentamos a una situación devastadora que se agrava por inesperada como por su alcance territorial, a tal grado que ocasionará la contracción del ingreso per cápita en 170 países”.

Escenario A. EL BUENO: La expansión de la pandemia alcanza su pico antes de que acabe junio próximo y retrocede de manera significativa en el segundo semestre de 2020. El PIB mundial retrocederá 3% y el de las economías avanzadas 6.1%.

Panorama mundial inédito

La economista del FMI recuerda que el contexto económico internacional ya lucía sombrío desde enero, cuando el organismo multilateral pronosticó que este 2020 sería un año de crecimiento económico muy moderado, hasta 3.3%, por la desaceleración en China y Estados Unidos.

Sin embargo, en aquel momento la institución no tenía señales de que habría un confinamiento de tal magnitud, ni de la paralización repentina de las actividades productivas en amplias zonas del planeta, con una contracción promedio de 3%, y un estimado para 2020 y 2021 de 9,000 billones de dólares, el equivalente a la suma del PIB anual de Alemania y Japón.

“Todo ello nos lleva a pensar que no exageramos al decir que estamos viviendo algo inédito para las últimas cuatro generaciones de la población en el planeta”, indica Gopinath.

“Lo que más preocupa al FMI es el considerable grado de incertidumbre sobre el impacto que esta situación tendrá en la vida y medios de vida de miles de millones de personas”, señala quien también funge como consejera económica del organismo, reconociendo que muchos países enfrentan crisis múltiples, sanitaria, financiera y de desplome de sus principales productos de exportación, tratándose de materias primas que no tienen demanda.

Otros antecedentes

 “Es imposible negar el impacto del COVID-19 en el momento económico actual, pero para entender a la recesión que afecta tanto a las economías desarrolladas como a las emergentes, entre ellas la mexicana, conviene traer a la discusión otros factores que frenaron el crecimiento”, propone Adolfo Laborde, catedrático de la Universidad Anáhuac.

Mucho tuvo que ver la llegada al poder de Donald Trump en Estados Unidos, quien cambió la lógica de comercio libre por la de “comercio justo”, es decir, que beneficie ante todo a su país, lo que lo llevó a destruir tratados económicos e imponer aranceles, especialmente a China, que entró en desaceleración, pero también a México y la Unión Europea, con el acero y el aluminio.

Asimismo pesó su decisión de presionar a las empresas estadounidenses que producen desde el extranjero para que lo hicieran nuevamente desde casa. Esto afectó al programa de inversión de distintas empresas y a los países que pretendían recibirlas.

Al mismo tiempo, en Europa surgieron gobiernos que repudiaron la globalización –como en Hungría e Italia–, pero el caso más notable fue el de Reino Unido y sus esfuerzos por romper con la Unión Europea, los que concretó este año, luego de la reelección del primer ministro Boris Jonson.

El aletargamiento de la economía en distintas partes del mundo se transformó en aguda recesión luego de la necesaria paralización para cumplir con las medidas de distanciamiento social dispuestas por la OMS para contener la propagación del COVID-19.

Escenario B. EL MALO. La pandemia sigue expandiéndose al inicio del segundo semestre del año y cede al final de 2020. La economía mundial se encogerá 6% y la de las naciones desarrolladas 10%.

Tormenta perfecta

 “El inesperado impacto del coronavirus generó una crisis sanitaria, con 2.4 millones de  infectados y 165,000 decesos a mediados de abril pasado, al tiempo que propinó un golpe devastador a distintos sectores económicos”, señala en su videoconferencia la economista Gopintah.

La consejera económica del FMI pone como ejemplo los quebrantos sufridos en el rubro servicios, con la paralización de sectores como el restaurantero, belleza y estética, comercio en almacén de diversos artículos como ropa, perfumería y zapatos, artículos electrónicos que no se encuentran en tiendas de autoservicio, joyería y automóviles.

Llama la atención el quebranto en los mercados financieros. De acuerdo con estimaciones de FeelCapital, plataforma de asesoramiento personalizado en fondos de inversión, las Bolsas podrían tardar siete años en recuperar los niveles de cotización previos a la crisis del COVID-19 siempre y cuando sigan los patrones de recuperación de las mayores caídas en los últimos 50 años.

De acuerdo con la plataforma, el índice bursátil S&P500 tardó 7.5 años en volver a los niveles previos a la crisis del petróleo de 1973, mientras que la recuperación de la burbuja de las punto.com en 2000 no llegó hasta 7.1 años después. Tras la última crisis financiera, el principal referente bursátil estadounidense recuperó los niveles perdidos en julio del año 2013, unos 5.3 años después del crack de marzo de 2009.

Viajes cancelados

De acuerdo con Gita Gopinath “ha sido dramático el impacto en la industria de la hospitalidad debido a la cancelación de viajes de trabajo y ocio, el cierre de hoteles y centros de entretenimiento como cines, teatros, centros nocturnos y casinos”.

Pesa también la posposición de eventos masivos como grandes conciertos, exposiciones y competencias deportivas del mayor nivel como los Juegos Olímpicos, la Eurocopa y la Copa América.

El turismo prácticamente se desplomó. Basta con ver el caso de España, el segundo país receptor de turismo extranjero en el mundo y que prevé pérdidas de 100,528 millones de dólares, así como el deterioro de su imagen, debido a que ha sido uno de los epicentros de contagio más grandes (200,000 infectados y 20,600 decesos al 18 de abril pasado).

Viajar por placer se volvió imposible desde marzo pasado en gran parte del mundo. Pesaron las restricciones que, por recomendación de la Organización Mundial de la Salud, distintos países impusieron tanto a la circulación terrestre, como al tráfico aéreo. En cuanto a este último, incluyó la cancelación masiva de vuelos tanto para destinos nacionales como internacionales.

La paralización de actividades de las líneas aéreas a nivel mundial tiene que ver con la caída en el número de pasajeros de hasta 48%, señaló Peter Cerdá, vicepresidente regional para las Américas de la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA, por sus siglas en inglés).

En su exposición, Cerdá calculó que las pérdidas globales de ingresos pueden llegar a 314,000 millones de dólares al finalizar el año, de los que un mínimo de 5,300 millones corresponderían a empresas mexicanas, cuyas aeronaves llevan semanas estacionadas en distintos aeropuertos del país.

Por su parte, el World Travel & Tourism Council (WTTC), asociación mundial que agrupa a 200 compañías líderes en la industria, señala en un reciente informe que 75.2 millones de empleos “penden de un hilo”; tan sólo en México entre marzo y mayo se habrán perdido 530,000 plazas.

Daños y desfases

La disminución de la demanda de combustible, sumada al incremento de la oferta de hidrocarburos por parte de Arabia Saudita y Rusia, derrumbó en marzo pasado los precios del barril de petróleo, al grado de llevarlos a niveles que no se veían desde fines del siglo pasado.

La estrategia de estos países fue hacer incosteable la producción en distintos territorios de Estados Unidos que, gracias al uso del fracking, ha retomado su condición como mayor productor de hidrocarburos. El problema fue que árabes y rusos generaron un fuerte desequilibro con el desplome de ingresos para grandes exportadores, incluidos Irán, Venezuela y México, pero también a los países que desataron la guerra.

En las últimas semanas Estados Unidos y los miembros de la OPEP firmaron un histórico acuerdo para recortar la oferta mundial en 9.7 millones de barriles diarios durante mayo y junio de este año.

Sin embargo, hasta el momento de escribir este reportaje no se ha encontrado un mecanismo para empujar el precio del barril de crudo más allá desde los 18 dólares hasta más de 40, simplemente porque el confinamiento por causas sanitarias ha ocasionado que el desplome de la demanda, tan sólo en abril se dejaron de consumir diariamente unos 27 millones de barriles, y se espera que el promedio de la reducción de la demanda en el tercer trimestre sea de 23.1 millones de barriles por día.

Representantes de organismos multilaterales como el Banco Mundial y el FMI atribuyen una parte de su pesimismo sobre los tiempos de la recuperación al hecho de que hay un desfase entre países en la propagación y contención del virus, mientras China y Alemania ya planean medidas para retomar la normalidad, Estados Unidos, el motor económico del mundo, debate aún cuando será el momento adecuado para reiniciar actividades productivas que ahora están paralizadas por completo.

Escenarios: bueno, malo y feo

¿Qué puede pasar en el futuro? “A partir del diagnóstico de una institución tan seria como el FMI podemos prever tres escenarios completamente relacionados con el punto máximo de expansión del COVID-19 y su retroceso definitivo debido al desarrollo de pruebas de detección masiva, tratamientos y vacunas efectivas”, explica Jorge Feregrino Feregrino, académico de la FES Acatlán de la UNAM.

En el escenario uno, digamos el bueno, el coronavirus registra su pico antes de julio y se repliega por completo en el segundo semestre de 2020, hasta ahí la contracción de la economía mundial sería de 3%, con un rebote en 2021 de 5.8 (ver “Dramática contracción”), lo cual implicaría solamente una recuperación parcial.

No hay seguridad de que esto ocurra, por eso hay un escenario dos, el malo, al que el FMI concede más probabilidades, implica que la pandemia sigue avanzando en el segundo semestre de este año y que se detiene hacia el final del periodo, con un quebranto adicional de 3% en el PIB mundial, además de destruir el pronóstico para el próximo año.

Un tercer escenario, el peor o más feo, se registrará si las medidas de contención dan resultado determinante hasta 2021, entonces la contracción económica del año precedente habría sido de -8%, y de más del doble si sólo se toman en cuenta las 20 economías más desarrolladas, entre las que está la mexicana.

C. EL FEO: La COVID-19 permanece sin control al arranque de 2021, hasta ese año se encuentra la manera de eliminarlo a través de tratamientos y vacunas. El PIB mundial de 2020 habría perdido ocho puntos con un daño que puede alcanzar 16 puntos para las economías avanzadas.

Motores económicos

La evolución que siga la crisis actual dependerá en gran medida de lo que ocurra tanto en China como en Estados Unidos, pero el panorama es más halagüeño para el primero que para el segundo, advierte Adolfo Laborde.

El académico de la Universidad Anáhuac recuerda que el país asiático fue duramente golpeado por la pandemia durante el primer trimestre de este año, cuando se convirtió en el epicentro de la propagación, sin embargo, las duras medidas que impuso para erradicar al COVID-19 dieron resultado y desde mediados de abril pasado no sólo contuvo la propagación masiva, su número de infectados no superó los 84,000, sino que detuvo el número de decesos en 4,636, de acuerdo con el conteo del CSSE de la Universidad Johns Hopkins.

Las autoridades chinas han reconocido que su economía se desplomó 6.8% durante el primer trimestre del año, la primera vez que registran una contracción en tres décadas, sin embargo, se muestran optimistas y pronostican que al finalizar 2020 el país habrá crecido en 1.2%, una cifra que deja de ser modesta cuando se le compara con lo que ocurrirá en otras latitudes, comenzando por Estados Unidos.

Si las proyecciones se confirman en la realidad, a fines del año próximo, China habrá rebasado a Estados Unidos como la economía más grande del planeta, con un PIB aproximado a 22.5 billones de dólares.

El Gigante Amarillo será todavía tres o cuatro veces más pequeño en términos de PIB per cápita, pero habrá logrado una hazaña, acelerando la historia. Hay que tomar en cuenta que, hace cinco años, China era 40% menor que Estados Unidos. Se esperaba que el rebase ocurriría hasta finales de esta década.

Notable contraste

La economía de la superpotencia estadounidense se contraerá en 5.9% y en 2021 apenas “rebotará” 4.9, lo que pospondrá su recuperación para un año después. En realidad no es mucho tiempo, además de que el país norteamericano había registrado crecimiento importante desde 2010, pero el impacto de la paralización de la actividad productiva ha provocado el despido de más de 22 millones de trabajadores, lo que multiplica su tasa de desempleo situada en marzo en 4.7%, además de borrar la expansión de plazas de trabajo que se había registrado desde 2009.

En noviembre de este año Estados Unidos tendrá elecciones generales y, hasta antes de la pandemia, se daba casi como un hecho la reelección de Donald Trump a partir del éxito de su programa económico, punto que había mantenido unida a su base electoral. Ahora el panorama es incierto y la permanencia del presidente dependerá del éxito que tenga su programa de reactivación, ampliamente conocido como Opening Up America Again.

Trump ha insistido en lanzarlo en junio y ya cuenta con importantes aliados como el gobierno de Florida, pero sus adversarios lo han acusado de minimizar el drama que ocurre en otras partes de su país, el más afectado por el COVID-19, con más de 740,000 infectados y 40,000 decesos hasta el tercer domingo de abril.

“Trump confía en que sus paquetes de ayuda tanto para la población civil, como para las empresas, serán suficientes para garantizar la recuperación, pero si se equivoca al manejarla quedará en una posición francamente vulnerable para enfrentar a su adversario demócrata Joe Biden, quien a paso firme ha subido en las encuestas de intención del voto en estados clave” sentencia el académico Laborde.

Medidas necesarias

Más allá de lo que ocurra con Estados Unidos y China, Feregrino señala que para revertir la paralización económica, cada país, incluyendo a México, deberá poner en marcha una política fiscal sin precedentes. Se trata de evitar la quiebra generalizada de empresas que echaría a la calle a una multitud de trabajadores, creando condiciones para un estallido social.

Feregrino subraya que el G20 ha erogado casi siete billones de dólares en estímulos fiscales. No obstante, de este monto, la participación de México es de 0.16%, al ser el tercer país con el programa emergente más bajo, sólo detrás de India y Sudáfrica, según análisis conjunto del FMI y el Banco Mundial.

Feregrino señala que todos los países pedirán préstamos para apuntalar sus presupuestos (Ver “Más endeudados”). “Ya es posible prever que los balances fiscales en 2020 se deteriorarán en casi todas las naciones”.

Sin embargo, no le parece preocupante el caso de México, simplemente porque no tiene problemas de salud financiera. “De mantener sus actuales políticas fiscales, al final del año, el endeudamiento equivaldrá al 61.4% y estará muy por debajo tanto del promedio mundial, que es de 96.4%, como el de América Latina que rondará 78%, y con suficiente capacidad de pago, a pesar de los problemas financieros de Pemex y de la previsible reducción de ingresos por remesas y turismo”.

Para Feregrino ni en México ni en ninguna parte del mundo bastará con recurrir a la austeridad: “El tan necesario como imprevisto gasto sanitario, así como los programas de apoyo tanto a particulares como a empresas, así sean moderados, tendrán costos fiscales directos, que mínimo requerirán 3.3 billones de dólares a nivel mundial, según cálculos del FMI”, añade el académico.

Ante las consecuencias del confinamiento prolongado, el sector público debe proporcionar ayuda en una escala extraordinaria, entre otras formas mediante instrumentos como préstamos y garantías. No se trata de una medida para el largo plazo, habrá que suspenderla en cuanto la economía vuelva a marchar, entonces el objetivo deberá ser garantizar la sustentabilidad de la deuda.

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