El Camino Real Tierra Adentro y el sur de Texas

foto: pxhere.com

El Camino Real Tierra Adentro y el sur de Texas

Continúe con la crónica por el presente y el pasado de estos pueblos texanos de la pluma de nuestro historiador Manuel Ramos en su paso por el Camino Real de Tierra Adentro.

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pxhre.com/10/junio 2020

En San Elizario, Texas encontré que sus habitantes presumen su pasado virreinal y decimonónico y resguardan con gran celo sus testimonios históricos entre los que destacan el templo del siglo XVIII, algunas construcciones del siglo XIX, el testimonio escrito en una placa decorativa del paso del Camino Real de Tierra Adentro y sus calles impecablemente limpias.

Mi visita fue en domingo, de camino a El Paso y dejando Presidio. Las distracciones no faltaron: por ejemplo un bar rústico con amplia terraza donde amenizaba un conjunto de cuatro músicos, vestidos de color oscuro con botones dorados, que interpretaban canciones norteñas mexicanas. Entre las parejas que bailaban predominaban los mexicanos pero también una que otra de más allá del Rio Bravo. En compañía del Sheriff, lo que me llamó la atención que aún existieran estos personajes que se hacían presentes en la televisión de los años sesenta en México. Visitamos la prisión construida en la segunda mitad del siglo XIX, hoy una atracción turística restaurada. De metal oscuro, y que impresiona porque tiene no más de 10 metros cuadrados que hacían imposible el escape.

Hacia las cinco de la tarde, la comitiva que había salido desde Alpine, Texas, prosiguió el viaje hacia El Paso. Divididos en dos automóviles me tocó acompañar a Robert Mallouf uno de los arqueólogos más destacados de la región. Él no habla español y yo no hablo bien el inglés. Así pasamos dos horas comunicándonos sin saber si de verdad nos entendíamos. En medio de nuestros largos silencios, en medio de la nada y de una gran oscuridad vi a lo lejos, en el firmamento, una luz cambiante. No dije nada. Sólo miraba. Pensé que era un avión que bajaba lentamente a un aeropuerto. Luego pensé en una especie de faro que alumbraba el horizonte. La luz bajaba y bajaba. No era un avión, pero tampoco un faro. En un segundo, la luz cambiaba y cruzaba la carretera a una velocidad enorme y se volvía a subir desapareciendo.  Me asombré y le pregunté a Robert si se había del fenómeno. “No”, dijo, “venía manejando”.

Insistí en preguntar qué era lo que había observado. Entonces Robert me comentó: “¿Quieres saber la versión científica o la popular?” Las dos, comenté.

La científica afirma que en las cercanías del poblado Marfa, ciudad ubicada en el condado el Presidio, hay depósitos de gases de pantano que producen energía con luz propia y se desplazan a grandes velocidades, perdiéndose en el horizonte. La primera noticia que se tiene de estas luces es de 1883, cuando un ganadero reportó el fenómeno atribuyéndolo a fogatas de los indios de la región. Pese a los múltiples estudios, a la fecha no se tiene una explicación científica satisfactoria.

 La popular sostiene que son fenómenos extraterrestres cuyas bases aparentemente invisibles se encuentran en la región. Esta es la más fascinante, aún cuando tampoco se pueda probar. En ambas explicaciones, las luces corren a velocidades enormes y ocurren con cierta frecuencia. No todos las pueden ver.

Reserva en El Paso

Continuamos el viaje hacia El Paso, Texas, ciudad de más de 700,000 habitantes, una ciudad moderna y pujante, vecina de Ciudad Juárez, Chihuahua. Tuve la fortuna de hospedarme en la casa del Consulado de España, atendido por Martha Vera, espléndida anfitriona que me llevó a conocer parte de la ciudad. Cuando nos desplazábamos a conocer el poblado de indios cercano, me hizo ver la terrible barda que divide a las dos ciudades. “Es una vergüenza para los Estados Unidos. Es como si estuviéramos presos, frente a México”, me comentó. La barda de metal (así me pareció) de color gris, efectivamente asemeja la pared de una prisión, cuyo fin no se puede apreciar. Una colina se asoma del otro lado, como una presencia real de México.

En compañía de la Cónsul pasé a conocer la reserva de indios jumanos. El lugar es como un pueblo dentro de una ciudad, sus habitantes hablan tres idiomas: el español, el inglés y su lengua nativa. Se les considera como servant nations o naciones domésticas y su administración está asignada al Ministerio de Interior mediante el Bureau of Indians Affaire.[1]

Ingresar a la Reserva de Indios en El Paso es toda una experiencia. Originalmente fue una misión religiosa franciscana, conocida como Tigua de Ysleta, de gran importancia cuya finalidad era proteger a los indios y convertirlos a la fe cristiana. Situada en lugar estratégico para llegar a Nuevo México, sobre todo en el siglo XVII, españoles, indios del centro del Virreinato e indios de la propia región, se resguardaban a las orillas del Río Bravo. Como testimonio quedan el templo, actualmente se encuentra en restauración, y algunas construcciones cercanas. Se ha edificado un pequeño museo así como su Casa de Cultura donde se muestran los tejidos actuales y otras artesanías como recuerdo de tiempos pasados. El sentimiento de identidad, el orgullo por el pasado histórico y su reconciliación con la historia hace de sus habitantes un territorio aparte. Cuentan con un casino también en remodelación y tiendas propias.

Finalmente el motivo que me llevó a conocer el sur de los Estados Unidos del que tanto aprendí fue la invitación a dar una conferencia que se celebró en el Museo de El Paso, justo frente al Hotel Camino Real. Curiosa coincidencia. Allí presenté al Centro de Estudios de Historia de México Carso y sus grandes fondos documentales y bibliográficos entre los que destaca la Historia de la Conquista del norte del territorio novohispano, así como biografías de Juan de Oñate y fray Junípero Serra.

Tenemos la necesidad de conocer nuestra historia, de saber que los territorios de Texas fueron provincias lejanas de la Nueva España e incluso al México Independiente. Los pueblos texanos están reconciliados con su pasado y muestran con orgullo su raíz mexicana.

Epilogo al viaje

De la casa de la Cónsul de España en El Paso, salí a las seis de la mañana al aeropuerto, no sin que la propia Cónsul preparara el café cuyo aroma llegaba hasta mi habitación. El trayecto es rápido y en menos de media hora pasaba migración. Qué sorpresa me esperaba al final del viaje.

Cuando llegué con el agente para pasar migración, este me solicitó el pasaporte, el cual mostré con toda seguridad de tener el pase inmediato. Su aspecto más mexicano que norteamericano casi con placer me dijo: usted salió de los Estados Unidos y entró de forma ilegal. Ante mi asombro le comenté que efectivamente había cruzado la frontera en Ojinaga pero que había ingresado de inmediato. “Suficiente para ser ilegal”, comentó. Con temor le pregunté por lo que debía hacer: “Es su problema señor, no el mío. Deberá ir a la frontera a que le sellen el pasaporte”.

Me preguntaba ¿cómo sabía que había salido de los Estados Unidos? ¿Será que los sistemas satelitales son tan sofisticados? ¿Qué hacer? ¿Regresaría al consulado de España? ¿Tendría que desplazarme para ir al “puente” de El Paso?

En medio de la angustia finalmente el agente me dijo: “Disculpe, no había visto el sello en su pasaporte, pase”.


Por Manuel Ramos Medina