Mamás tóxicas. ¿Qué podemos aprender de la crianza?

Aquel dicho que sostiene: “Madre sólo una”, en ocasiones no resulta tan certero pues esta presencia puede generar malestar y afectar el crecimiento emocional de los hijos. De cuando las mamás se vuelven tóxicas

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La figura materna era importante en una sociedad, porque estaba enmarcada en la dedicación, el sacrificio, la resignación, la obediencia a la persona que tenía la jerarquía en casa: el hombre. Tal abnegación y devoción por hijos, no estaba exenta del sufrimiento y en aquellos tiempos era my bien visto este rol, el de “la madre que da todo por sus hijos”.

Sin embargo, esta actitud ante la vida, que fue grabada en la mente por los estereotipos del Cine de Oro mexicano y por la Iglesia católica, formó generaciones marcadas por trastornos psicológicos, afirma Noemí Díaz Marroquín, académica de la Facultad de Psicología de la UNAM.

A esa toxicidad emocional también han contribuido las telenovelas –así como en el pasado lo hicieron las actrices Sara García, Marga López y Libertad Lamarque, que  inmortalizaron el rostro de la abnegación y el sufrimiento– por eso hoy los mexicanos siguen con esta identificación de las mujeres con esos melodramas que los educan sentimentalmente. “Si una madre en pantalla sólo puede ser feliz siendo abnegada, así será también en la vida real; si una mujer tiene que renunciar a su felicidad en pos de la familia, también debe ser así en la cotidianidad”, analiza María de Jesús López Amador, profesora de la Escuela Nacional de Trabajo Social de la UNAM.

Pese a que en 1958, después del nacimiento de la primera telenovela Senda prohibida (del director Rafael Banquells), se tocó el asunto, el dilema de las madres sigue siendo el mismo: para ser felices tienen que ser «buenas», de lo contrario su único destino es la fatalidad. No obstante, se comportan de forma protectora o controladora, de manera que terminan limitando las potencialidades de sus hijos.

Díaz Marroquín resalta que esos valores tradicionales no han desaparecido, son impulsados por la Iglesia católica y los grupos conservadores, que apuestan a que la mujer siga sometida y sirva a los demás.

Los valores de esta madre: la unión familiar, la generosidad, la responsabilidad, la ternura, el acompañar, el cuidado y protección a los hijos, no obstante, no ayudan en el crecimiento emocional cuando forma un hijo dependiente y resentido, considera la académica Díaz.

Madres tóxicas, amor que agobia

Lucrecia Morales, de 37 años de edad, cuenta a Contenido que su vida es dirigida por su madre. “Es duro decirlo, pero aunque quiero a mi mamá, no la soporto. Y eso hace que me sienta a veces como mala hija. A su lado estoy tensa, se la pasa criticándome.De adolescente pensé que eso desaparecería. No obstante, no ha cambiado. No recuerdo ni una vez que mi mamá me haya dicho: ‘qué bien has hecho esto, hija’. Ella aprovecha cualquier motivo para criticarme, es agotador. ¿Lo peor? No puedo ser independiente. No puedo más”.

El caso de Lucrecia parece al de muchos mexicanos que crecieron con una madre que, por diferentes razones, causa sufrimiento emocional a sus hijos a través de la manipulación, el maltrato, el chantaje, la abnegación y la sumisión.

¿Qué sucede en la mente de una mamá para provocar una crianza tóxica en su hijo? La profesora López Amador considera que todo parte de sus traumas, relacionados con el egoísmo o el narcisismo. Sus triunfos personales y sus logros son lo importante, y si no los logran, vuelcan sus frustraciones en sus hijos, humillando y minando su propia autoestima.

La mamá encargada de guiar, proteger, inculcar valores y aplicar la disciplina esconde una historia de abuso, abandono y falta de estima, que ejerce el control sobre sus hijos para cubrir sus carencias afectivas.

De ahí la explicación a ciertas frases: “No salgas porque me pongo mal”, “no te cases, pues esa persona no te conviene”, “No tiene caso que estudies”, con ello pretende –muchas veces lo consigue– controlar los horarios, las salidas, las tareas, la profesión que los hijos y hasta las parejas sentimentales, etcétera.  Digamos que este tipo de madre coloca en primer lugar sus expectativas para tener en sus manos el control de la familia. 

Es muy común ver en escenas de películas y telenovelas a madres que abusan de sus hijos. Al primogénito no lo dejan estudiar, le dicen: “Apúrate y ayúdame”. “Dame dinero, necesito que trabajes”. También a las hijas les toca sufrir pues no les permiten estudiar, ni casarse, tienen que cuidar a los padres y, además obedecer a su hermano, quién es la autoridad máxima.

Si bien han disminuido, estas conductas persisten, lo que detona hijos débiles o violentos, que se desquitan con la pareja, con sus empleados, señala López Amador.

 Tom Marvel /pxhere.com
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Tipos de madre tóxica

Controladora. Toma las decisiones y manipula.

Distante. Está presente físicamente y proporciona los cuidados, pero no brinda afecto, confianza y la seguridad que necesita el hijo.

Dependiente: La madre se aferra al hijo hasta asfixiarlo emocionalmente e interviene en cada decisión.

Despectiva: No importa lo que haga el hijo, jamás será suficiente. Si obtiene la calificación más alta. Pregunta, ¿por qué no te dieron la mención honorífica?

Narcisista. Preocupada por las apariencias y las opiniones ajenas, pide atención y adoración pero por mucho que su hijo se esfuerce, nunca logrará complacerla.

Combativa: Compite y critica sin piedad a los hijos.

Fuente: Noemí Díaz Marroquín, académica de la Facultad de Psicología y María de Jesús López Amador, profesora de la Escuela Nacional de Trabajo Social de la UN tor Tom Marvel AM.

Madres de la chancla

Un recurso de disciplina fue “la chancla” para mantener su autoridad. Una mirada bastaba para el hijo entendiera que debería comportarse bien o se atenía a las consecuencias del castigo.

López Amador opina que la generación Baby Boomers aprendió la disciplina rígida. La mamá con un solo gesto, una cachetada, con una tablita, con una manguera de la lavadora y el encierro aplicaba la autoridad sobre sus hijos.

Esa mujer proviene del maltrato familiar y fue la única manera que conoció para criar. “Muchos de nosotros fuimos educados así. Ese esquema sigue en las familias. Tal vez, ya no con el rigor de antes pero si castigan y golpean”.

De acuerdo con la psicóloga Díaz Marroquín, la forma de ejercer la maternidad ha cambiado, porque se ha modificado el contexto social, cultural, económico, y por lo tanto los valores y las creencias de la sociedad, pero el deseo de ser madre persiste en la mujer.

Tres generaciones de mamás

Baby Boomers

Es el grupo que sigue a la Generación Silenciosa sometida a las tradiciones fundadas en prejuicios, tabúes y dogmas de fe, con valores morales rígidos ejercidos por la familia, la escuela y la Iglesia católica.

Esa generación es protagonista de la explosión de la tasa de natalidad, del nacimiento de la televisión, de la llegada del hombre a la Luna, pasó del cine en blanco y negro a color, del teléfono de disco al de tonos, vieron el fax, la lavadora, el movimiento feminista y el hippie, el nacimiento de la píldora anticonceptiva y cantaron con los Beatles.

Esas niñas nacieron y crecieron en el momento en el que parece que en México todo era color de rosa: educadas en el recato, en la evasión de la sexualidad, el matrimonio heterosexual cómo único camino para forma una familia tradicional.  No obstante, esas mamás vivieron la culpa y probaron entre la libertad o imponer medidas disciplinarias férreas a los hijos, sostiene Díaz.

Generación X

Las madres entre 36 a 55 años son profesionistas. Vieron el final de la Guerra Fría (1985-1991), la tecnología digital incipiente y sufrieron crisis económicas.

Esa generación transita entre los valores tradicionales y la familia pequeña. El rol de proveer es compartido entre padre y madre. El concepto de familia cambió: una mujer sola con hijos ya es una familia.

Además, la sociedad impone a la mujer: trabajar, ser divertida, guapa y cuidar a la familia y se siente culpable de no cumplir las expectativas, señala Díaz.

Millennials 

La mujer “multitarea” entre 20 y hasta 40 años, que ejerce una maternidad deseada, no por cumplir un statu quo. Desea que su hijo sea comprometido con las tareas del hogar y que su hija sea autónoma y fuerte emocionalmente. Además rompe los patrones sexistas y enseña la igualdad de género.

Vive sin miedo a enfrentarse sola a la maternidad. Según cifras del Inegi, 28 de cada 100 mujeres ejercen ese periodo sin pareja y 43.4% cuenta con un empleo que les permite ser autosuficientes y no depender de nadie.

Un estudio de la consultora IAB México, revela que 70% de las mamás registran a través de apps el tiempo de sueño de sus bebés, aprenden a hacer papillas con tutoriales de las redes sociales, suben fotos con sus hijos a Instagram y consultan al pediatra por Whatsapp.

En opinión de Díaz, esta generación enfrenta la tensión de equilibrar el deseo de ser madre con el trabajo y la posibilidad de no abandonar sus sueños. Y, en la crianza no proporcionan el cuidado, la ternura y el tiempo a sus hijos, por estar al pendiente de los likes y pierden el control ante la frustración.

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 Romper la cadena de amargura

Una mamá tóxica dice: “No quiero que comas, porque subes de peso’” o “gordita te vez bonita”, que a la postre detona en los hijos intentos de suicidio, trastornos obsesivo compulsivo, anorexia y bulimia ante esos problemas las instituciones universitarias brindan las herramientas psicológicas y educativas para adquirir comportamientos saludables a los alumnos y mamás, señala López Amador.

¿La mamá es amiga de su hija? No puede, advierte López Amador, la relación entre la madre e hija es amistosa en el trato, pero siempre será la mamá y debe ser un pilar en la disciplina y la figura de autoridad en una casa. El problema es querer romper esos parámetros  porque entonces se crea la confusión.

La mamá debe respetar la jerarquía dentro del núcleo familiar. Jamás serás la mejor amiga de su hija. “La mamá fomenta vínculos de amor, confianza y camaradería”, remarca López Amador.

Las expertas entrevistadas concluyen que la sociedad tiene que aprender del modelo de crianza mexicano las estrategias del cuidado, afecto, protección, dedicación de la madre a los niños. No obstante, es importante no dejar sola a la mamá porque no también el padre es responsable de las emociones de los hijos y no sólo de la manutención.

Para apoyar a las mujeres son necesarios los servicios de asesoría terapéutica familiar y las escuelas para padres para que aprendan el manejo de sus emociones. Todo para lograr un balance entre los cuidados de la familia y el desarrollo profesional y personal.

Hoy las jóvenes tienen la oportunidad de cuestionar los roles dentro de la familia. La pregunta fundamental que deben hacerse es: ¿cómo quieren vivir la maternidad?

Consejos para lidiar con una madre tóxica

  • No culpabilice exclusivamente a la madre.
  •  Si es posible, dialogue con ella.
  • Aprenda a marcar una distancia emocional.
  • Si la madre avienta un “anzuelo” (agresión) no se involucre así no dañará sus emociones ni participará en el torbellino de sentimientos negativos.
  • Comprenda la historia materna, eso le ayudará a ponerse en los zapatos del otro.
  • Asista a terapia psicológica.

Fuente: Díaz Marroquín académica de la UNAM.

Por Alejandrina Aguirre

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