Esperanza en tiempos del COVID-19, por Sergio Sarmiento

Esperanza en tiempos del COVID-19, por Sergio Sarmiento. “Ha habido en el mundo tantas pestes como guerras y, sin embargo, pestes y guerras toman a la gente siempre desprevenida”. Albert Camus, el autor francés nacido en Argelia, ganador del Premio Nobel de Literatura, lo señaló en su novela La peste, una reflexión sobre la naturaleza humana en una comunidad víctima de la peste bubónica.

El texto ha tenido un renacimiento importante en los últimos meses, quizá porque los lectores contemporáneos se identifican con lo que a ellos les ha tocado vivir en los tiempos del coronavirus.

            Las epidemias son recurrentes en la historia, pero llegan siempre de sorpresa. En un principio se desprecia su riesgo, pero después el miedo y la irracionalidad se apoderan de las comunidades. Cada contagio tiene sus propias características, ya que los virus y las bacterias son diferentes y mutantes. Cuando transcienden fronteras se les llama pandemias y su propagación la facilita la globalización. Sin embargo, la globalización también ayuda a llevar a todo el mundo los medicamentos que desarrollan los investigadores y que han hecho que las epidemias no sean ya la amenaza del pasado.

            El coronavirus SARS-CoV-2, que ha provocado la pandemia conocida como COVID-19, es sólo uno de muchos que han surgido a lo largo de los tiempos. En esta ocasión, no obstante, la atención de los medios tradicionales y de las redes sociales le han dado una visibilidad sin precedentes. El coronavirus tiene una mortalidad moderada, pero la facilidad de contagio la ha llevado en unos cuantos meses a todos los rincones del planeta. Es una enfermedad que mata principalmente a personas mayores o a quienes tienen problemas previos de salud, aunque no deja de ser mortífera para algunos que indicarían tener una gran fortaleza. Al parecer cuando el contagio es ligero, con una cantidad pequeña del coronavirus, la enfermedad no se manifiesta con fuerza, pero se vuelve mucho más severa cuando en el contagio se recibe una gran concentración del coronavirus.

            Por el temor a la pandemia, gobiernos de todo el mundo han tomado medidas de prevención y de aislamiento muy drásticas. Estas han llevado a un colapso del comercio y de la actividad económica. Sin embargo, no parece que el COVID-19 vaya a ser una de las pandemias más mortíferas de la historia. En el momento de escribir estas reflexiones su letalidad queda muy lejos del sida, que ha dejado entre 25 y 35 millones de muertos desde 1981; de la gripe española, que se saldó con 40 a 50 millones de fallecidos entre 1918 y 1919; de la viruela, que mató a 56 millones en 1520, entre ellos un 90% por ciento de la población indígena de América; o de la peste bubónica de 1347 a 1351, que arrasó con 200 millones cuando el mundo tenía apenas 350 millones de habitantes.

            El impacto económico, pese a todo, sí será enorme. El cierre de las economías de por lo menos una tercera parte de los países provocará una caída en la producción y los ingresos, que en algunos lugares podría aproximarse a lo que se vio en la Gran Depresión de 1929 a 1939. Tras un largo periodo en que la población en pobreza extrema había disminuido, 2020 parece destinado a ser el año del gran retroceso.

            Camus nos dijo en La peste que las aspiraciones del ser humano pueden desmoronarse cuando chocan con la fuerza destructora de una epidemia. “Se creían libres –escribió– y nadie será libre mientras haya plagas”. Pero esto no significa que no quepa la esperanza. “El amor se hace más grande y noble en la calamidad”, escribió Gabriel García Márquez en El amor en los tiempos del cólera. El propio Camus lo entendió, a pesar del ánimo pesimista de muchos de sus escritos, y concluyó “algo que se aprende en medio de las plagas: que hay en los hombres más cosas dignas de admiración que de desprecio”.

Las otras pestes

Pandemia Muertos
Sida 25 a 35 millones
Gripe española 40 a 50 millones
Viruela 56 millones
Peste bubónica 200 millones

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