COVID: Cuando la casa se convierte en campo de batalla

Cuando a una relación de violencia de pareja se le suman el estrés por la crisis económica y el encierro, quedarse en casa se convierte en un riesgo.

“Entre marido y mujer nadie se debe meter”, reza una frase popular que alude a la privacidad de una pareja. Pero en muchas ocasiones la inacción de los testigos y el miedo de las víctimas se convierten en el caldo de cultivo para una tragedia.

Si existen problemas en la relación, tener que estar juntos en un espacio durante largos períodos de tiempo, lidiar con tensiones financieras debido a la pérdida de empleo o la inestabilidad, y cuidar a los niños, sólo agrega otra capa de tensión que puede conducir a la violencia, dicen los expertos de Behavior Design Lab de la Universidad Stanford.

Sentirnos tristes o incomprendidos es un caldo de cultivo para el conflicto. Tampoco ayuda mucho, a la hora de mantener la paz, ver rechazadas nuestras expectativas, para qué nos vamos a engañar.

En casa: Los detonantes… y el detonador

Los juicios moralistas. Culpar al otro, insultarlo o ponerle una etiqueta (“eres un machista”), lo único que conseguirá es que nuestro interlocutor, al sentirse agredido, se ponga a la defensiva y cierre los canales de escucha haciendo imposible el diálogo.

Las comparaciones. Ya lo dice el refrán: “las comparaciones son odiosas”. Con ellas lanzamos críticas al interlocutor, engendrando una tristeza que se convertirá en ira.

Negar la responsabilidad. Es fácil, y poco real, atribuir la responsabilidad de nuestros actos a presiones externos o a la otra persona.

Un lenguaje exigente. La forma de expresarnos puede ayudar a que se desarrolle una pelea. Sin ir más lejos, la tendencia exigente de muchos padres para con sus hijos al considerarles de su propiedad.

La estrategia de premios y castigos. Creemos que ciertos actos merecen recompensa y otros no. Pero nuestra obligación es actuar de forma correcta, con independencia de recompensas y castigos.

Por eso los expertos proponen desarrollar una conducta no violenta con estos puntos:

  1. Observa sin evaluar.
  2. Identifica y expresa los sentimientos. No basta con decir que uno se siente bien o mal sin más; hay que ser más específico: “triste”, “enojado”, “furioso”; o bien, “contento”, “agradecido”.
  3. Asumir la responsabilidad de los sentimientos propios.

Por Alejandrina Aguirre Arvizu

Fotos Pixabay

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