Olor de callejón. Columna de Alberto Barranco Chavaría

Olor de callejón. Columna de Alberto Barranco Chavaría

Conozca los nombres y las historias de algunas de los callejones de la antigua Ciudad de México.

Algunos cuelgan la fama en el nombre: era el año de gracia de 1708. Era el balcón enrejado de una vieja y solitaria casona de la orilla de la traza. Era la mitad de la noche. La noche misma. Su noche.

 Y rayando el alba, cuenta la conseja entre murmullos y santiguadas, la dama del amor imposible hizo rechinar el apolillado portón para sellar la cita… con la muerte.

“No vaya, señora”, repetía una y otra vez la sombra cerrándole el paso y cercándola de razones: “El miserable la engaña… yo soy quien la idolatra”.

La decisión de doña Blanca la cortó de un solo tajo de acero toledano aquel que la seguía en silencio sin tregua ni fatiga.

 –Lope te espera. Sal si puedes.

  Y Salsipuedes se llamó al primero de los callejones, de norte a sur, de la calle de Dolores, a la que se llegaba por Corpus Christi, ahora llamada Avenida Juárez, o por la de Nuevo México, después de los Rebeldes… ambas hoy Artículo123.

 En el maloliente y largo callejón de Salsipuedes encontraría el escenario ideal la película Un rincón cerca del cielo. Marga López y Pedro Infante en el último escalón de la miseria. “Mira, mi papá hace como perro”, diría, inocente, el muchachito a la vista del despojo que reclama, cachucha entre los dientes y a gatas, una moneda entre el respetable…

…Hasta que llegó Tony Aguilar y lo volvió rico

Comelumbre

Ahora que para no quedar atrás, Ignacio López Tarso filmó en el callejón de Dolores, para entonces eje del Barrio Chino, al olor del opio, el choque de las fichas del pai-kio, la magia del bambú y las ventanas empolvadas, “cayó de la gloria el diablo”, un tragafuego que gana un concurso de aficionados y no sabe qué hacer con el premio.

De acuerdo a una demarcación de manzana realizada en 1853, en la Ciudad de México de entonces había 304 calles, ocho cuarteles… y 146 callejones.

 El nombre era lo de menos: Chalchihuites, de la Pulquería, de Palacio, de Fernando Séptimo, de los Gachupines, del Manco, del Puente Blanquillo, de Topichichilco, de Titiriteros, de la Beata, de Viboritas o de Pachita.

 Naturalmente, algunos eran más famosos que otros.

 Así, al callejón de la Danza se le conocía como Cueva de los Nahuales, donde danzaba noche tras noche un grupo de estos, entre espantosas antorchas de osamentas humanas, gritos de brujas, endriagos y fantasmas…

Ahora que mientras en el Centro Histórico está aún vivo el callejón Del Sapo, en recuerdo de cuando el barrio era laguna, en San Ángel se tejen todavía leyendas del callejón de la Amargura.

Y por el callejón del Dos de Abril, antes llamado del Pinto y más antes de Avilés, cuya media luz terminaba en la plaza de la Santa Veracruz, frente al costado norte de la Alameda Central, se paseó el escritor Juan Rulfo para encontrar “un pedazo de noche” entre “los agujeros de una mujer desbaratada por el desgaste de los hombres”.

Callejón del Degollado

¿Dónde quedó el hombre sin cabeza que le dio fama al callejón del Degollado? ¿Dónde los monjes labrados en permanente custodia del callejón del Santísimo? ¿Dónde el manco del callejón? ¿Dónde la pulquería de la calle de Tumbaburros, en la que se curaban el susto los que pasaban por el callejón De la Danza?Dirán que por no haber alcanzado rango de calles, o al menos de callejuelas, se pudrieron de achaques, frustraciones, miseria y hasta odios.

Dirán que apestan.

Lo cierto es que los callejones huelen a encanto.

Fotos AC