El reboom de la adivinación

En una cafetería transcurre una charla entre amigas. Todas coinciden en lo terrible que ha sido la semana: pleitos con el novio, juntas laborales, conflictos para encontrar departamento. Una de las partícipes interrumpe el diálogo para gritar: ¡Es por Mercurio retro!

pxhere.com/7enero/2020
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Es normal que revistas, periódicos, páginas de internet o programas matutinos de televisión dediquen un espacio a los horóscopos. Incluso hay centros comerciales y mercados enfocados plenamente a un público ávido de respuestas que buscan resolver a través del tarot, la lectura de manos, velas de buena fortuna y demás artes adivinatorias o tradiciones del mundo esotérico. Sin embargo, el signo zodiacal y el tarot se ostentan como los favoritos quizá por la facilidad de acceso a consultas específicas o por la posibilidad de autointerpretación que en la actualidad ofrecen el internet y las redes sociales.

Como muestra de esto basta ver el éxito que tienen en las plataformas más populares cuentas como la de la astróloga venezolana Mia Astral, con 1,432,530 seguidores en Facebook, o la de la estadounidense Jessica Dore, quien combina su licenciatura en Psicología con sus conocimientos sobre el tarot para interpretar una carta diaria en Twitter a sus 115,300 seguidores.

La ciencia aún no ha podido confirmar la veracidad de estas tradiciones y, pese a lo que podría pensarse, de acuerdo al último censo del Inegi en 2010, la religión católica ha ganado adeptos en México, con 84,217,138 de practicantes de cinco años o más, en oposición a los 4,660,692 que afirman no practicar religión alguna pero, ¿verdaderamente sólo los ateos consultan su horóscopo?

Dalia Bárcenas es una estudiante de Colima que reside en la Ciudad de México, se considera religiosa y confiesa que cada semana consulta un portal de internet para consultar su horóscopo. Es capricornio. “No creo que se trate de temas incompatibles. Vivo una vida con mesura religiosa y en el horóscopo busco inspiración, detalles de mi personalidad que quizá no habría notado o constantes que se repiten en cada signo”, reflexiona Bárcenas, quien se desempeña como actriz en la capital del país.

Para Luna L., conocedora de diversos artes adivinatorios y con estudios sobre medicina holística por parte de la Universidad Intercultural del Estado de México, refiere a Contenido se trata de algo indivisible: “Creo que si no van de la mano, no funciona. La adivinación requiere un alto entrenamiento espiritual y esa disciplina sólo te la dan las religiones, en su acepción más pura”.

Y tú, ¿qué signo eres?

Ya desde enero de 1969, Carlos Monsiváis se preguntaba: “¿en qué momento ocurrió el gran cambio de la pregunta ‘¿crees en Dios?’, al interrogante: ‘¿Tú, de qué signo eres?’”. Si algo ha caracterizado al siglo XX es la apertura en cuanto a la pluralidad de creencias en nuestra sociedad. De acuerdo al Inegi, quienes profesan una religión distinta a la mayoritaria o no tienen una creencia, son alrededor del 15% de la población y para su clasificación se requieren más de 250 categorías religiosas.

Y seguramente la astrología occidental sea la más popular, pero no la única en este gran abanico de tradiciones pues los mayas, los chinos, los indios y hasta los japoneses poseen su propio calendario astrológico con enfoques específicos, respectivamente. Del zodiaco occidental valdría la pena destacar que habla de 12 signos, agrupados según los cuatro elementos naturales, a los cuales rige un astro o un planeta.

En la antigüedad, la astrología era aceptada en círculos sociales y sus conceptos se empleaban en disciplinas tradicionales como la agricultura, la meteorología y, en muchas ocasiones, en la política. Esta tradición también ayudó al desarrollo de la astronomía pero con los avances de la ciencia terminaron por disociarse y paulatinamente perdió su carácter académico y su buena fama. La reputación de los intérpretes de la carta astral cambiaría en el siglo XX debido a la disposición que tuvieron los medios impresos de permitir a algunos astrólogos develar ciertos misterios de esta tradición, así como desmentir o aclarar la confusión que rodeaba a esa antigua disciplina.

Luna L. agrega que el mito más arraigado recae en que la astrología puede ser un tipo de conocimiento racional: “No debemos olvidar que el cuerpo tiene distintos tipos de inteligencia: lógica, física, emocional e intuitiva; la astrología, y la adivinación en sí, responden a esta última. Un árbol cae hacia donde se inclina, y la adivinación interpreta esa posibilidad. No busca comprobarla. Está ahí para orientar”.  

A su vez, esta intérprete nos exhorta a recordar que el futuro no está completamente determinado, pues este se crea con las decisiones del hoy y, por ende, puede ser modificado. “Los oráculos no tienen la última palabra: advierten”, enfatiza Luna, y agrega que “aunque el mercado está plagado de charlatanes, como en todas las disciplinas, existen profesionales de alta precisión que orientan este conocimiento hacia el crecimiento personal del consultante”. Para ella, la astrología funciona como una clase de brújula que nos da indicios de quiénes somos y hacia dónde vamos.

Para quien tenga curiosidad sobre estas disciplinas, hay una colección de cartas de tarot que alberga la Biblioteca Ernesto de la Peña, acervo que junto con otros tesoros se encuentra en el Centro de Historia de México Carso.

Y el tarot, ¿con qué se come?

Se trata de una baraja de naipes cuya interpretación data al menos del siglo XIV. La técnica se basa en elegir cartas, ricas en símbolos gráficos y de color, de una baraja especial –en la actualidad existe una vastísima cantidad de estas en diversos comercios que van desde librerías hasta catálogos online como Amazon–, para posteriormente ser interpretadas por un lector.

La baraja de tarot está compuesta por 78 cartas, divididas en arcanos mayores y menores. La palabra “arcano” proviene del latín arcanum, que significa “misterio” o “secreto”. Se estima que una de las barajas más antiguas data de 1442, de la cual se conservan 66 en la Biblioteca de la Universidad de Yale y se le atribuyen a un pintor anónimo, quien las ofreció como homenaje a una familia de Milán, Visconti-Sforza.

Para Federico Tello, intérprete desde hace ocho años, no hay nada en el tarot que no haya rondando por nuestra mente previamente. Con esta definición coincide Luna, quien explica que “el tarot es un espejo; nos revela cosas de nosotros mismos, y de nuestro entorno, que están ahí pero a veces no queremos ver”.

Federico, quien también se asume como coleccionista de naipes, explica a Contenido que su primera aproximación al tema fue a través de la poesía, con el significado de los símbolos, hasta volverse un experto del tema por la vía autodidacta.  Él considera que todos albergamos la capacidad de interpretar las cartas puesto que “no se dice nada que tú no sepas previamente; generalmente es un diálogo contigo mismo. Yo facilito este diálogo y pongo las cartas sobre la mesa. Uno escucha al otro y a los símbolos: números, colores, formas, los arcanos, pero lo importante recae en lo que pasa por tu cabeza mientras observas las cartas”.

Tello considera indispensable recordar que los humanos somos los creadores y codificadores de dichos símbolos, por tanto entran en juego elementos clave del inconsciente como los sueños, los deseos o los recuerdos personales.

Al preguntarle sobre los errores más comunes al hablar sobre esta tradición, el joven intérprete responde que todo depende de la responsabilidad: “Darle el valor de verdad absoluta a algo ajeno o externo a nosotros raya en la superstición. La única verdad real es la que nosotros somos capaces de percibir y contener en nuestra mente, espíritu y corazón”, enfatiza.

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Pronósticos

Si en algo coinciden nuestros entrevistados es en la importancia del trabajo personal y el autoconocimiento. Ambos consideran al arte adivinatorio como una herramienta auxiliar que nos dice aquello que no nos habíamos atrevido a reconocer pero que en cierto modo ya sabíamos. “El oráculo de Delfos versaba ‘Conócete a ti mismo’. La carta astral es un mapa personal: las fortalezas, los puntos de debilidad y las tendencias. Será más sencillo enfrentar el propio destino cuando se tiene conocimiento de este”, agrega Luna L., quien incluso considera que cada arte adivinatorio encierra una personalidad per se.

“Yo trato de que mis consultantes vean oportunidades aun donde parece que no las hay, y de que escuchen la enseñanza de las vivencias que puedan parecer más complicadas. Después de todo, son herramientas para la introspección y el aprendizaje”, concluye la astróloga.

Por su parte, Federico Tello nos aconseja acercarnos al tarot con respeto, como a cualquier disciplina, pero también con la inocencia y los ojos juguetones de un niño: “La idea de la superstición hay que dejarla atrás, se trata de algo mucho más simple a lo que todos podemos acceder. Y así hay que mantenerlo. Cuando uno abre las cartas todo se ve: confusión, rechazo, errores. Muchos creen que el tarot se basa en algo tan oculto, tan mágico, tan misterioso que le perdemos los ojos: la magia está en la simpleza. Si te abres a la ligereza, todos los canales se abren”. Y aconseja a todos los lectores angustiados por los pronósticos sobre el 2020 que “si estamos buscando respuestas, pidámoslas desde el corazón, es cuestión de sentarnos unos segundos, asimilar nuestra soledad y nuestro poder personal y pedir las respuestas y, también, las preguntas correctas. Recordemos que todo tiene su tiempo y su momento. El universo es justo, exacto y preciso y todo llegará, con mucha fe y paciencia”.

Astros influyentes

Eloy Dumón, un astrólogo y escritor argentino, quien fue director del Centro Astrológico de Buenos Aires de 1965 a su fallecimiento en 1991, definió la astrología como “el estudio de los movimientos cíclicos del Sol, la Luna y los planetas de este sistema solar, sus configuraciones, tal como afectan al ser humano”, todo esto para la comprensión psicológica y espiritual de uno mismo. A este autor se le atribuye la primera revista de astrología para hispanoparlantes y su Manual de astrología moderna sigue siendo referencia de aprendizaje para quienes buscan iniciarse en la materia.

Por Ximena Cueto

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