Edificio Balmori. Columna de Fernanda de la Torre

Narrada en primera persona, con un recurso literaria, la autora nos da su propia interpretación de la historia de los muros del Edificio Balmori.

Como cualquier edificio de casi 100 años, tengo muchas historias que contar. Me gusta, en particular, la de cómo un grupo de artistas me salvaron (bueno, a mis muros) de un trágico final. Pero no adelantemos vísperas.

Creo que debería empezar mi historia desde el principio, para no confundirlos. Me construyó el ingeniero Ignacio Capetillo en 1922 con un estilo afrancesado que estaba de moda en la época, me recubrieron con lujosa cantera y me dieron medidas armoniosas que, todavía hoy, arrancan suspiros e inspiran movimientos artísticos. Me ubicaron en la calle Orizaba en esquina con Álvaro Obregón, en la Colonia Roma Norte. En ese entonces tenía apenas unos lustros de haber sido desarrollada y era una de las zonas donde vivía la gente más acomodada. Una parte de mis muros se destinó para ser habitada y otra tuvo fines comerciales. Alojé negocios de todo tipo, al grado que por algunos años mis paredes albergaron la clínica de maternidad Doctor Donato Moreno. Ser testigo de tantos nacimientos, siempre es una alegría. Mi vecino, durante décadas, fue el cine Balmori, así que no me aburría jamás.

La gente iba y venía. Mi entorno cambiaba conforme pasaba el tiempo. Nada fuera de lo común para un edificio, hasta que el 19 de septiembre de 1985, un terremoto sacudió a la Ciudad de México, destruyendo muchos de los edificios que se encontraban a mi alrededor. La ciudad estaba cubierta de escombros, dolor y muerte. Me mantuve en pie, pero debo decirles, no fue fácil. Si bien mis muros no se vinieron abajo, sufrieron diversos daños. Ese evento catastrófico, que dejó al desnudo la negligencia y corrupción de años, tuvo ángulos positivos. Uno de ellos fue que la gente comenzó a apreciar los edificios que, durante años, ignoró. El que esté hoy de pie, es a causa de ello.

Como imaginarán, el deterioro y el abandono se apoderaron de mí. Corría el año de 1989 y yo lucía viejo y pasado de moda. Mis dueños decidieron demolerme para construir un supermercado. Pensaba que todo estaba perdido. Pero cuando estaba en “etapa terminal” y comenzaba mi demolición tres valientes jóvenes: Aldo Flores, Manuel Conde y Laura Strane, que paseaban por la zona, se percataron de lo que pasaba y se hicieron de palabras con los albañiles. Habían visto caer tantos edificios, que se negaron a ver desaparecer a otro más. Con ese hecho valiente y comprometido tres jóvenes en una tarde de marzo, comenzó lo que con el tiempo se conocería como La Toma del Balmori.

Los muchachos decidieron defenderme con lo que mejor conocían: el arte. Colocaron andamios, buscaron patrocinadores e invitaron a otros jóvenes artistas a participar. Explicaron a las autoridades los motivos por los que me habían “tomado” y (esto sí que fue un milagro) las autoridades no sólo los comprendieron, sino que decidieron apoyar su proyecto. Un claro ejemplo de colaboración a favor del patrimonio cultural de la ciudad.

Los jóvenes artistas cuidaron de utilizar solamente los espacios asignados. Además de salvarme, buscaban hacer el arte más accesible ¿y qué mejor forma de hacerlo que sacándolo a la calle? El esfuerzo de los jóvenes conmovió a los vecinos quienes les llevaban tortas y aguas frescas. Los medios de comunicación pronto notaron este fenómeno y comenzaron a reportarlo. Mis muros y el movimiento estaban en boca de todos. Finalmente, el viernes 23 de marzo de 1990 los jóvenes decidieron inaugurar su obra en el Día Internacional del Artista. El 11 de abril dejé de ser una galería de arte y volví a manos de mis dueños que me dieron el aspecto que tengo hasta hoy.

Más que de ladrillo, fierro y cantera, mis muros están hechos de solidaridad. Aunque no todos pueden verlo a simple vista, esos jóvenes artistas dejaron tatuados en mí con tinta invisible su creatividad, talento y empuje. A ellos les debo mi existencia, por ello guardo con recelo y especial agradecimiento su recuerdo y también sus ideales.

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