COVID-19: El infierno está en Ecuador

El COVID-19 apenas se expande en Ecuador pero ha puesto en evidencia las dificultades de su sistema sanitario para atender a pacientes y difuntos.

En Ecuador, el coronavirus ya infectó a 3,163 personas y cobró la vida de 120. Más allá de lamentar los decesos, no se trata un panorama crítico para un país de 17 millones y pico de habitantes, sin embargo, son alarmantes las noticias que llegan desde este pequeño país sudamericano.

Todo tiene que ver con la incapacidad de su estructura sanitaria, una de las más endebles de la región, para actuar frente a la emergencia.

La prueba está que el caos ecuatoriano no está en zonas remotas, se concentra en Guayaquil, su capital económica y comercial.

Es un hecho que esta metrópoli, cercana al Océano Pacífico y capital de la provincia del Guayas, registra el 70% del total de casos ecuatorianos.

Doloroso problema

Imágenes con cuerpos que esperan sepultura afuera de las casas y hospitales abarrotados han dado la vuelta al mundo y colocado a Ecuador como foco crítico de la pandemia de coronavirus en América Latina.

El colapso del sistema funerario producto de esta crisis es de tal magnitud que el presidente Lenín Moreno debió conformar una fuerza de tarea para enterrar a todas las personas fallecidas.

La insuficiencia del sistema de salud pública y de los servicios funerarios es una realidad en esta ciudad de 2.2 millones de personas.
La gente muere en sus viviendas y los cuerpos permanecen allí; ha habido cadáveres que dejan en las calles, afuera de las casas, ya que no pueden tenerlos dentro, lo que representa otro riesgo a la salud pública, según reportes de la prensa internacional.

De acuerdo con France24, un hombre se desplomó después de estar formado para ingresar a un centro comercial. Murió. Aunque no se ha podido confirmar si tenía coronavirus, su cuerpo no fue recogido hasta ocho horas después.

Muertos sin enterrar

El problema es que no es el único caso, ni una rareza, por eso mismo los ciudadanos están tomando las calles y quemando neumáticos para exigir que las autoridades atiendan el problema.

El comandante de la Armada Nacional, Darwin Jarrín, quien asumió la coordinación militar y policial para la provincia del Guayas, informó que hasta este fin de semana, “a más tardar”, estarán enterrados todos los fallecidos de Guayaquil.

“El Ministerio de Salud entrega el acta de defunción, la Policía y la Comisión de Tránsito del Ecuador trasladan los cadáveres a los cementerios y las fuerzas armadas los entierran”, señaló Jarrín.

Peligroso enfrentamiento

La crisis ha enfrentado a la alcaldesa de Guayaquil con el gobierno nacional. Cyntia Viteri, quien se encuentra en cuarentena por haberse infectado con el COVID-19, reclamó a las autoridades nacionales por los defectos del sistema público:

“No retiran a los muertos de sus casas. Nadie los quiere ir a recoger. ¿Qué pasa con nuestros enfermos? Las familias deambulan por toda la ciudad tocando puertas para que los reciba un hospital público, donde ya no hay camas”, denunció la funcionaria.

A esta situación se suma la psicosis, miles de ecuatorianos en Guayaquil hacen enormes filas en los laboratorios y esperan horas, con tal de confirmar que no tienen la enfermedad que ha matado a más de 51,000 personas en todo el mundo, de acuerdo con datos del JHU CSSE.

Los laboratorios autorizados para realizar las pruebas de detección del COVID-19 están rebasados por el inédito número de solicitantes.

El examen cuesta 80 dólares, pero si alguien desea salir de dudas sin aval de la autoridad, puede pasar al laboratorio y pagar 120 dólares, esto ha hecho que la demanda de pruebas sea cada vez mayor.

“Hacen filas de carros en el laboratorio, como cuando te enteras que va a subir el combustible y te formas afuera de las estaciones”, reportan distintos medios.

El problema con estas aglomeraciones involuntarias es que pueden ser caldo de cultivo para nuevas infecciones y empeorar la situación en un país que se caracteriza por su importante migración a España, una de las naciones más golpeadas por el COVID-19.

Por Pedro C. Baca

Fotos AFP

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