¿Se puede vivir sin amor?

 

Cada día crece el número de mexicanos que aseguran que no necesitan del amor de otros para vivir y ser felices. En Contenido consultamos a expertos para resolver esta interrogante. Descubra si se puede vivir sin amar ni ser amado.

 

Antonio, capitalino de 35 años de edad, era el ideal de muchos de sus amigos y conocidos, pues había consolidado una importante carrera y siempre estaba rodeado de diferentes mujeres hermosas. Él aseguraba ser un excelente amante y apasionado de la vida, por esa razón no quería “amarrarse” en una relación formal con nadie.

También a sus 35 años, Alondra se mantenía sin pareja pues aseguraba que “no requería de nadie ni de nada para ser feliz”. Por su belleza trabajaba como escort (persona a quien se le paga por fingir ser acompañante) y edecán lo que le permitió un nivel económico mucho mayor que el de su familia.

Este par afirma que le era posible vivir sin amor. Pero no son los únicos, cada día se incrementa el numero de personas que prefieren la soledad a la convivencia a largo plazo con una pareja. Las personas que dicen poder vivir sin amor no requieren de nadie y dirigen su tiempo al trabajo y disfrute de la vida: viajes, restaurantes, ropa, masajes relajantes, gadgets, etc.

Las estadísticas confirman esta realidad. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) la tasa de uniones legales por cada 1,000 habitantes mayores de 17 años ha decrecido en la última década pasando de 7.8 en 2009 a 5.9. en 2018.

Contenido preguntó a expertos en psicología y psiquiatría si efectivamente se puede vivir sin amar ni ser amado a largo plazo.

 

El origen del amor

El amor es el afecto placentero, agradable y de afinidad hacia nosotros mismos, una persona, animal u objeto, explica el doctor en Psicología Clínica José de Jesús González Núñez.

Este sentimiento se muestra a través del cuidado, la atención, la empatía y comunicación con nosotros mismos y los demás. “Nos conduce a realizar nuestras metas, a desarrollar la creatividad y buscar experiencias gratificantes y querer compartirlas con otros: amigos, familiares, pareja, etcétera”.

El psiquiatra Enrique Zepeda Jiménez agrega que todos los seres humanos nacen con la capacidad de amar, pero la relación con padres, familia o cuidadores, desarrolla o tergiversa la expresión de esta emoción. “Las caricias, los cuidados, los besos generan la secreción de dopamina, neurotransmisor asociado al placer, por esa razón se produce un tipo de adicción a la persona que nos hace sentir bien”, indica el también especialista en Psiquiatría Forense y Medicina del Sueño.

Los cuidados y amor le hacen sentir al niño que es valioso y fortalecen su autoestima, agrega el doctor González Núñez, también presidente honorario del Instituto de Psicología y Psicoanálisis (IIPCS).

Los expertos concuerdan que es necesario frustrar al niño –no darle todo lo que pide y a la primera, para que aprenda a esperar a mamá, pues ni ella ni nadie estarán siempre a su disposición–, a obedecer las reglas y contribuir a mantener el equilibrio de la familia o bien compartir sus juguetes con sus hermanos a cambio de un juego placentero y divertido.

“La correlación de amor y frustración debe de ser de 75% versus 25%”, puntualiza el doctor José de Jesús González, quien agrega que esta dinámica le permitirá establecer vínculos afectivos empáticos, solidarios, de compromiso y en equilibrio, donde se visualice y se atiendan tanto las necesidades propias como las de los seres amados.

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Por Mariana Chávez

 

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