Operación ixcateco: al rescate de una lengua

En el Día Internacional de la Lengua Materna te presentamos el caso de Santa María Ixcatlán y los esfuerzos que realiza la comunidad y los lingüistas para impedir que el ixcateco desaparezca para siempre.

En diciembre del año pasado, el oaxaqueño Luis Miguel Rosales Jiménez –nativo de Santa María Ixcatlán, distrito de Teotitlán de Flores Magón, en la zona de la Cañada– lanzó un SOS desde la tribuna de la Cámara de Diputados para salvar al ixcateco, una lengua indígena cuyo riesgo de desvanecerse de la faz de la Tierra es inminente.

La angustiante situación fue detallada, en su propio idioma, por el joven treintañero ante los diputados y demás asistentes, quienes seguían en una pantalla la traducción al español: 

“Nuestra lengua, llamada ixcateca por los externos, xuani por nuestros ancestros, desafortunadamente, por atender a las políticas nacionales está a punto de desaparecer. Quedan seis hablantes ancianos y ancianas. Aun cuando nosotros queremos recuperarla, no recibimos los apoyos económicos y técnicos suficientes.

En manos de ustedes, diputadas y diputados, estará la decisión para destinar recursos que puedan resarcir el hecho histórico por el cual ahora estamos perdiendo nuestra lengua, que existió y se disipó”.

¿En qué momento esta lengua indígena empezó a agonizar? ¿Qué factores propiciaron este escenario? ¿Puede cambiarse esta situación? Estas fueron algunas de las preguntas que Contenido realizó a expertos e interesados en el tema, el cual cobra vigencia en este mes en que se celebra el Día Internacional de la Lengua Materna y en este año en que se clausurará el Año Internacional de las Lenguas Indígenas.

Catástrofe anunciada

En el siglo pasado, para llegar a Santa María Ixcatlán se debían recorrer entre ocho y 12 horas, primero por caminos de terracería y después a lomo de burro. Según los pobladores, el contexto de incomunicación cambió en 1994 con la apertura de la llamada supercarretera, que conecta a Oaxaca con la Ciudad de México.

Algo que no se modificó, incluso ha empeorado, es la situación del ixcateco, lengua primigenia de los habitantes de este lugar, uno de los 570 municipios del territorio oaxaqueño. Las causas del deterioro todavía están por descubrirse, aunque los expertos coinciden que fue en el siglo pasado y sostienen diversas hipótesis, algunas aún por confirmar.

A finales de los años treinta, cuando el antropólogo austriaco Roberto Weitlaner visitó la localidad, informó que este idioma gozaba de buena salud pues casi todos los habitantes y hasta los niños lo entendían y lo utilizaban en su vida diaria. 

El lingüista y filólogo Michael Swanton, reconocido por propios y extraños como uno de los grandes artífices de los estudios del ixcateco, relata que en los años noventa, cuando tuvo el primer contacto con esta población como investigador de una universidad de los Países Bajos, tenía información contrapunteada: una, catastrofista, que señalaba que ya no había hablantes; otra optimista, que daba cuenta de la existencia de 100 hablantes.

Swanton regresó a México años después y retomó el asunto al que consideraba prioritario. Como investigador del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM y director académico de la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova en Oaxaca se dio a la tarea de recopilar documentación, realizar entrevistas con los pobladores, recolectar material auditivo y videográfico e inclusive aprender el idioma. 

La situación del ixcateco es grave, reconoce el maestro Nicandro González Peña, director de investigación del Instituto Nacional de Lenguas indígenas (Inali), pues “en este siglo XXI desafortunadamente podría desaparecer… y no quisiéramos que pasara”.

No extraña, pues, que desde hace años esta institución contemple al ixcateco dentro de un escenario crítico debido a que durante la última generación ningún joven habla este idioma.

Rafael Alarcón Montero, de la dirección de Lingüística del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), responsable de un proyecto de fonología del ixcateco, relata que en la población existen pocos hablantes, de hecho los residentes que lo hablan con fluidez tienen más de 80 años y sólo hay una o dos personas relativamente jóvenes que lo practican.

Fotos cortesía de Luis Miguel Rosales

Negar al otro

A sus 30 años, Luis Miguel Rosales, quien ha sido policía, tesorero, artesano y promotor cultural, refiere en entrevista que ni sus abuelos ni sus papás hablaban ixcateco. Se le pregunta en qué momento se rompió la transmisión entre las generaciones. Él supone que “con la entrada de la educación básica, los maestros empezaron a prohibirlo porque no lo entendían. Les dijeron [a los alumnos] que el idioma no servía para mucho o para nada. Quienes lo hacían eran reprimidos o castigados. A algunos les pegaban con varas o eran ‘puestos’ al sol sosteniendo tabiques en cada mano para que ‘les entrara en la cabeza’ que no debían hablar su idioma”.

El exitoso proceso de castellanización, a principios del siglo XX, trajo como consecuencia que muchas lenguas dejaran de hablarse, afirma el investigador González Peña: “Se inoculó en la mente de estas personas que hablar una lengua indígena era sinónimo de retraso, de pobreza. Se fue abandonando en favor del español”. Otros factores que también contribuyeron, a decir del experto, fueron el aislamiento geográfico, la negación por parte del Estado de la diversidad lingüística en todo el país y una discriminación aún latente.

La lingüista y activista de los derechos lingüísticos Yásnaya Elena Aguilar apuntala otra explicación: las lenguas no se extinguen por sí mismas si no existe una presión sistemática contra sus hablantes desde el Estado. Algo que desafortunadamente, dice, no es exclusivo de México. “El Estado se vuelve monolingüe, aunque la realidad sea multilingüe, lo cual no responde a la realidad y castiga de muchas maneras a los hablantes de lenguas distintas”.

Durante el siglo XIX, alrededor del 1820 –refiere la lingüista mixe– aproximadamente 70% de la población dominaba una lengua indígena; los hablantes del castellano eran una minoría pero debido a la imposición se logró que hubiera un idioma predominante, no porque alguno fuera mejor que otro. “Fue un asunto de poder, algo totalmente innecesario porque el cerebro humano puede hablar muchas lenguas, no sólo una”.

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Por Alberto Círigo

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