¿Amigos o sólo contactos? La amistad en redes sociales

 

Cada día hay más personas que tienen como “amistades” a seres que quizá no conocen en persona. La irrupción de las plataformas digitales cambió el concepto de amistad que se tenía en el pasado. ¿Tienen estos vínculos el mismo valor que los que se construyen en la vida real?

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En el siglo pasado, ser amigo de alguien incluía verse en algún lugar y mirar fotografías reveladas de las últimas vacaciones, llamarlo a algún teléfono fijo o celular en horarios adecuados, invitarlo a la casa, e incluso, si estaba lejos, enviarle cartas con sello postal. Las amistades se hacían en la escuela, en el club deportivo, en el trabajo, con los mismos familiares o en los viajes. El vínculo se establecía paso a paso, tras conocer sus intereses, hábitos, costumbres familiares y gustos. Así sabíamos si formaban o no parte de nuestro grupo de amigos.

Para aquellos tímidos o poco amigueros del siglo pasado había una ayuda: publicaciones semanales dedicadas a dar recetas de cocina, consejos de belleza, historias de vida pero también avisos personales para encontrar amigos o pareja, como lo hacía la revista del corazón Confidencias. En esta era frecuente leer frases como “Quiero ser su amigo”, “Fines, los que Dios disponga”, “Señorita, dicen no fea”, etcétera.

El mismo propósito de aquellas publicaciones aparentemente sigue estando vigente en las redes sociales. Algunos expertos consideran positiva la expansión de las amistades digitales, mientras que otros advierten de sus peligros. He aquí algunos pros y contras que permiten matizar la perspectiva.

Hay prisa

¿Quieres ser mi amigo? Es una pregunta común en las redes sociales tanto como las solicitudes de amistad que a menudo te ofrecen algunas plataformas. Sin embargo, hay muchas dudas sobre el desarrollo de la amistad online.

Básicamente la duda que surge es si un amigo en las redes sociales constituye verdaderamente un amigo. En 2017, el Tribunal de Casación francés dio una respuesta legal a esta pregunta, mencionando en un fallo que “el término ‘amigo’ empleado para designar a las personas que aceptan entrar en contacto a través de redes sociales no refiere a relaciones de amistad en el sentido tradicional del término”.

Con la expresión legalmente aclarada, podemos concretar valorando que un amigo de la “vida real” puede ser también un amigo en línea. Pero no todos nuestros “amigos” en línea son necesariamente amigos en la vida real.

Las relaciones digitales en las plataformas son superficiales por la inmediatez. Estamos conectados con viejos conocidos, colegas del trabajo, familiares más o menos cercanos, y desconocidos, detalla Ricardo Trujillo Correa, académico de la Facultad de Psicología de la UNAM, porque “tenemos prisa para todo”.

La vida económica capitalista posmoderna incide en la forma de vincularse con los otros, no interesa “formar una comunidad, sino que yo soy mi propia comunidad. El resultado es una sociedad que se siente solitaria, incompleta, insatisfecha, molesta y enojada porque no puede encontrar al amigo que necesita”, describe el entrevistado.

Ante este escenario, Trujillo apunta que se necesita regresar a la colectividad, que significa: conversar, compartir el tiempo y espacio y ser afectuoso con el prójimo, que implica un reconocimiento incluso si se conoce su peor secreto; aun así hay que aceptarlo con empatía en lugar de optar por relaciones humanas superfluas.

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Por Alejandrina Aguirre Arvizu

 

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