14 de febrero: Bienvenido el amor. Columna de Sergio Sarmiento

El 14 de febrero, Día del Amor, debería festejarse en grande si tomamos en cuenta que se viven tiempos de violencia, esto considera nuestro columnista. ¿Qué opinas?

pxhere.com/13/feb/2020

Nos dicen que febrero es el mes del amor. En realidad, como sabemos, esto es consecuencia de una convención comercial. Los mercaderes convirtieron al 14 de febrero, en el día de San Valentín, el Día del Amor, y después le añadieron lo “de la amistad”, porque no todos tienen un amor, pero un amigo siempre se consigue, y lo importante era aumentar los negocios.

El que la celebración tenga como propósito subir las ventas, sin embargo, no es razón para rechazarla. No hay nada malo en generar actividad económica.

Al contrario, el comercialismo tan cuestionado por los estreñidos de la política es el motor que impulsa la actividad y que nos permite tener empleos a la enorme mayoría de los asalariados.

También la Navidad y el Día de las Madres son fechas creadas por el afán de generar ventas. Pero no tiene sentido cuestionarles su mercantilismo.

El festejo del amor tiene un encanto y una validez que trasciende los propósitos prácticos. Poco importa realmente que lo que algunos buscan es generar la venta de flores, chocolates o regalos de otro tipo. Lo relevante está en que en el mundo sigue habiendo enamorados que acogen con entusiasmo esta celebración y la convierten en besos, caricias y momentos de pasión.

El 14 de febrero es el día en que los moteles tienen un mayor volumen de negocio. A algunos esto los escandaliza. El amor clandestino que se esconde en un motel es, a su juicio, inaceptable. Pero toda sociedad debería estar buscando más contactos amorosos, aunque sean secretos. Dos que se funden desnudos en un abrazo no pueden estar cometiendo delitos.

La sociedad mexicana, siempre conservadora, se está abriendo poco a poco. Ya las escapatorias amorosas no generan vergüenzas inconfesables, sino la aceptación de una forma natural de actuar. Hoy las mujeres salen a ligar con el mismo descaro que los hombres, y no se molestan ni siquiera en quitarse el anillo de casadas. Quienes prefieren a personas de su mismo sexo, y que durante tanto tiempo estuvieron encerradas en los clósets, sin confesar lo que Oscar Wilde llamó “el amor que no se atreve a decir su nombre”, hoy se toman de la mano y se besan abiertamente en las calles o en algunas plazas públicas.

Al final, el amor exige la libertad. Las sociedades que más han avanzado han encontrado la forma de aceptarlo en todas sus modalidades, sin inquietarse por las descalificaciones o las murmuraciones. ¿Por qué debe ser malo amar a quien se ama?

No me molesta que el 14 de febrero sea el Día del Amor y que el festejo se haya extendido a todo el mes. Tampoco que el concepto del amor se haya ampliado de la manera en que lo ha hecho en los últimos años.

Todos deberíamos festejar que en un país en el que la violencia se ha enseñoreado de las calles sigamos teniendo una fiesta del amor.

Entre más abierta sea, entre más incluyente, mejor. Lo que menos debería molestar en una sociedad es que cada quien ame a quien quiera y le haga el amor a quien desee.

Si el festejo del amor es una forma de comercialismo, bienvenido todavía más. La gente puede amar mejor a quien quiere si cuenta con un empleo y un ingreso. Una de las razones por las que el amor fue durante milenios una simple transacción política entre familias es porque en medio de la pobreza resulta difícil permitir que el amor prevalezca. Hoy, que la libertad económica y el comercio nos han permitido tener un mejor nivel de vida, y en que la pobreza extrema ha pasado de 84% de la población del mundo en 1820 a 7% en la actualidad, debemos festejar esta libertad económica que nos ha permitido también gozar del amor sin las restricciones del pasado. Bienvenido sea, pues, el amor, aunque venga marcado por el comercialismo.

Por Sergio Sarmiento

 

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