¡Se cayó El Ángel! crónica de Alberto Barranco Chavarría

Una deliciosa crónica sobre lo que aconteció ese funesto año de 1957 cuando un terremoto en la Ciudad de México derrumbó El Ángel de la Independencia.

Pxhere.com/27/ene/2020
Pxhere.com

Apacible, sosegada, aturdida en su sueño profundo, ya en el recuerdo de miel de la película Marcelino, pan y vino, estrenada apenas en el cine Metropólitan; ya en el deambular etéreo de las curvas de Betty Meléndez, la reina del merecumbé, estrella del Teatro Lírico, la tragedia sorprendió a la Ciudad de México la madrugada del domingo 28 de julio de 1957.

La pesadilla arribó a las 2:44.

Noventa segundos del Ave-María-Purísima, en la danza de los cables, el rechinar de las paredes, el crujido de pisos y techos. Y los gritos invencibles.

Ocho grados en la escala de Mercalli, 7.5 en la de Richter.

¡Extra! ¡Extra! ¡70 muertos! ¡700 heridos!

Se cayó el edificio de Álvaro Obregón e Insurgentes; se dobló como golpeado con un látigo el edificio Cantinflas. Se desbarató la escalera del multifamiliar Juárez. Se cuarteó la colonia Roma. Se agrietó el espanto.

La violencia del horror no respetó al multifamiliar Guerrero.

Se cayó el Ángel de la Independencia.

Vencida por la furia del suelo retorcido, la cabeza cercenada de la Victoria Alada parecía mirar a los osados que desafiaban la madrugada para correr sobre Paseo de la Reforma.

A veces la fotografía para los nichos. A veces el chisme calientito, entre los jadeos de los gendarmes, los desvelados, los enfiestados, los desbalagados testigos del salto al vacío.

Cuarenta metros en caída libre.

A veces un pedacito de la escultura del italiano Enrico Alciati, a título de recuerdito.

–Voy, no que era de puro oro.

El ingenio se volcó en cuartetas:

 

Año de mil novecientos/ cincuenta y siete al contar/ hay lágrimas en mis ojos/ No me quisiera acordar/ sufrió México un temblor/ que hoy es luto nacional.

El Ángel de la Independencia/ que era orgullo nacional/ con el temblor tan fuerte/ por el suelo fue a parar.

 

Mujer del pueblo

El álbum de la Ciudad de México guarda aún la fotografía de un trabajador del Departamento del Distrito Federal llevando al hombro el pie quebrado del coloso.

Y la polémica: que si Ana Bertha Lepe o Christian Martell, Señorita México una; Señorita Universo, otra, posarían para el nuevo Ángel; que si se fundirían todos los centenarios acuñados por el Banco de México para recubrir la figura.

Lo cierto es que la reconstrucción sólo requirió un modelo para rehacer el brazo izquierdo: la secretaria Esperanza Nájera.

La escultura regresó a la forma original, como había posado en 1905, a los 27 años, una mujer del pueblo: Ernesta Robles, vecina de la colonia Portales. Su pago fueron tres pesos.

La Victoria Alada, réplica de la Victoria de Samotracia, que se halla en el Museo de Louvre en París, volaría otra vez a su pedestal un año después, entre una salva de 22 cañonazos y otra de discursos oficiales.

Se salvó la Columna de la Independencia, aunque con 14 escalones más de los que colocara el arquitecto Antonio Rivas Mercado en 1910, en una alegría de piedra blanca de Pachuca; mármol blanco Carrara; estatuas sedentes y figuras de los héroes patrios.

Hace 62 años.

El año en que murió Pedro Infante.

Artículos Relacionados