Perspectivas 2020. Columna de Sergio Sarmiento

¿Cómo será este año que inicia? Aquí la opinión de Sergio Sarmiento.

pxhere.com76/enero/2020
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El primer año de gobierno fue decepcionante. No se registró una verdadera recesión o, si la hubo, técnicamente fue mínima, pero la economía se estancó después de haber crecido de manera ininterrumpida desde 2010. Lo peor es que esta situación se registró en un año en que la economía de Estados Unidos creció un aceptable 2%. Los problemas de México no vinieron esta vez, como suele suceder, desde el exterior, sino que fueron provocados por decisiones del gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

El principal problema fue la caída de la inversión, tanto pública como privada. A mediados del año, la inversión fija bruta medida por el Inegi alcanzó una caída de 9% en comparación con el 2018. La construcción fue la principal afectada, pues registró un desplome de 10%. La inversión es responsable del crecimiento futuro por lo que hay que esperar una escasa expansión en la primera mitad de 2020.

La baja en la inversión comenzó con la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional en octubre de 2018. Si bien las empresas constructoras fueron indemnizadas, la medida generó temores entre los inversionistas privados. Otras medidas, como la cancelación de las nuevas licitaciones para producción de petróleo crudo y la construcción de plantas generadoras de electricidad, constituyeron también golpes importantes. Las nuevas obras del gobierno, como el Tren Maya, el aeropuerto de Santa Lucía y la refinería de Dos Bocas, empezaron lentamente y con serias dudas acerca de su rentabilidad.

El presidente López Obrador y el jefe de la Oficina de la Presidencia Alfonso Romo se han acercado a los principales empresarios para invitarlos a incrementar sus inversiones. Pero ni las grandes empresas ni el gobierno tienen la capacidad de reemplazar la inversión de los pequeños y los medianos que siguen temerosos.

El peso mantuvo una notable estabilidad en 2019, lo cual resulta una condición importante para generar certidumbre. Persisten las dudas, sin embargo, sobre el futuro. El peso mexicano es atractivo porque ofrece rendimientos muy superiores a los del dólar y otras divisas internacionales, pero las altas tasas de interés frenan también los créditos y el desarrollo de la economía.

El presidente mantiene una posición ideológica moderada. Ha respaldado el T-MEC, el nuevo tratado que reemplazaría al TLCAN, lo cual representa una actitud favorable al libre comercio que no había tenido como opositor. Apoyó, no obstante, una nueva legislación que considera como miembros del crimen organizado a los empresarios que puedan tener interpretaciones distintas al SAT en la aplicación de las reglas fiscales. Esto no ayuda a generar confianza para la inversión.

Algunos de los seguidores del presidente son mucho más radicales. Yeidckol Polevnsky, presidenta de Morena, alaba al comunismo y a los gobiernos de Venezuela y Cuba. El senador Napoleón Gómez Urrutia ha impulsado una ley, de momento congelada, que prohibiría la subcontratación u outsourcing. Ricardo Monreal, coordinador de los senadores de Morena, ha tratado de limitar las comisiones que cobran los bancos, lo cual podría generar una caída muy peligrosa de sus ingresos.

Para este 2020 cabe esperar un crecimiento mayor al de 2019, pero insuficiente: quizá de 1%. La inflación y el tipo de cambio parecen bajo control, pero una baja en la calificación de la deuda de Pemex podría generar problemas serios.

El presidente, que cuestionaba a los gobiernos anteriores por no haber logrado crecimientos superiores al 2%, tendrá ahora que convencer a la población de que no es importante que la economía crezca incluso menos. Su capacidad de comunicación le ayuda, pero las cosas podrían complicarse si empezamos a perder empleos formales. Y si no hay crecimiento, esto ocurrirá.

 

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