Los bares de la prohibición siguen vigentes en EU

Casi siempre ocultos tras puertas traseras, los «speakeasies» vuelven a estar de moda en Estados Unidos, cien años después. Estos bares clandestinos que florecieron con la Prohibición -más de una década de ley seca- renacen bajo una sencilla receta: ambiente distendido, elaborados cócteles y sabor a secreto.

Abogados, diplomáticos y cabilderos pasan cada día por las veredas de esta gran vía en Washington, a pocos pasos de la Casa Blanca. Casi todos -o todos- ignoran que una vez que sus oficinas quedan desiertas, en el subsuelo cobra vida un bar invisible desde la calle.

Para acceder a The Mirror hay que bajar algunos escalones que de entrada parecen llevar a una tienda vacía. El lugar huele ligeramente a orina y las paredes están desnudas salvo por algunos grafitis y un letrero de «Se alquila». Pero un imponente espejo colocado en este extraño lugar resulta ser la puerta de entrada a un bar escondido.

Al diseñar esta entrada difícil de encontrar, los dos dueños de The Mirror querían «rendir tributo a los magníficos bares de cócteles del pasado».

Los «speakeasies» originales eran esos bares en los que los estadounidenses desafiaban la 18° Enmienda de la Constitución, que prohibió en 1920 -y hasta su derogación en 1933- la producción, venta y transporte de alcohol.

Solo conocidos por aquellos que tenían contactos adentro, estos bares ilícitos fueron instalados en sótanos o cuartos ocultos y tomaron su nombre de la necesidad que tenían los clientes de hablar bajo para evitar que la policía o vecinos sospechosos les descubrieran.

Los locos años 20

A comienzos de los años 2000, algunos bares en Nueva York revivieron la tradición de entregar contraseñas o códigos para poder entrar, pero el auge de los nuevos «speakeasies» realmente despegó en la última década.

Aparte de tener puertas difíciles de encontrar, comparten un gusto por la decoración inspirada en los locos años 1920 estadounidenses, así como una amplia oferta de cócteles, las bebidas favoritas de la época.

En Washington, los dueños de The Mirror quisieron darle al lugar «un toque un poco diferente», dijo a la AFP Jeff Coles, en su bar a media luz, al destacar la música contemporánea que estaba sonando en lugar de los clásicos de 1920 que ponen muchos establecimientos similares.

«Mucha gente joven está buscando una atmósfera un tanto íntima», dijo. «Mientras te mantengas en la sombra, nadie sabe que estás aquí». «Éramos muy populares en las citas de solteros», asegura.

Solo en una mesa, Monty Hobbs es un asiduo del lugar al que ha llevado a buena parte de sus citas. Con frecuencia, le escriben un mensaje desde afuera, confundidas sobre cómo hacer para entrar, pero él considera que la oscuridad le favorece.

«Soy un tipo pálido, con cabello y barba rojas, las luces brillantes no saca lo mejor de mí», dice este gerente de mercadeo digital de 44 años.

Boca a boca

El ambiente es un poco menos penumbroso en «Capo», otro «speakeasy» de la capital estadounidense, también con una entrada astutamente disimulada.

Quien pase por allí pensará que esa puerta lleva a cualquier depósito de charcutería italiana, ignorantes de que lo que parece la entrada a un cuarto de refrigeración es de hecho un bar escondido.

Rohit Malhotra, el gerente, no deja de sorprender a los clientes de la tienda de delicatessen cada vez que entra en la habitación trasera. «Comienzan a señalar con el dedo y dicen: ‘Creo que vi un bar’, ‘No, estás loco’, ‘No, el hombre entró al refrigerador’. Es un momento divertido».

Como la mayoría de los «speakeasies» modernos, «Capo» depende principalmente del boca a boca para darse a conocer. Aunque parte de su fama se la debe a «Instagrammers» fascinados con su falsa fachada.

«Hay que responder a los deseos de los millenials«, dice Patrick Zarifeh, el gerente general de Capo, quien asegura que su clientela no viene solo a tomar un trago sino buscando una «experiencia».

Estos «bares clandestinos» del siglo XXI algunas veces son señalados de ser elitistas o carentes de autenticidad. Un cargo por el que no se puede acusar al antiguo propietario de «The Mirror», cuando el lugar se llamaba «The Speak», pues su establecimiento fue dos veces cerrado por las autoridades por falta de las licencias necesarias para vender alcohol.

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