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Reportaje especial: ¿Hacia dónde va Morena?

A nueve años de su fundación ya es la primera fuerza política del país, ostenta seis gubernaturas, dispone de recursos económicos y capacidad de maniobra suficientes para avasallar a sus adversarios, pero enfrenta desafíos que pueden arruinar su porvenir.

Foto. Naomi Kaizawa

“¡Este es el momento de Morena!”, coreaban entusiastas los asistentes a un reciente mitin de Morena en la Ciudad de México. Y basta con ver los recientes logros que Movimiento Regeneración Nacional ha tenido para constatar que no exageran en su optimismo. Fundado apenas en 2011 por Andrés Manuel López Obrador como una pequeña asociación que promovería el ideario político y moral del político tabasqueño, hoy ya ostenta la Presidencia de la República.

Además, cuenta con mayoría en la Cámara de Diputados federal, es la primera fuerza en el Senado, controla 20 congresos locales y ostenta seis gubernaturas, así como importantes presidencias municipales.

“Con tantos espacios de poder conquistados en el último año y meses no es casualidad que se le describa como fenómeno político sin referentes ni en México ni en el mundo occidental”, comenta la analista política Jessica Rojas Alegría, académica de la UNAM y consultora en participación ciudadana.

De acuerdo con Rojas, Morena acumuló repentinamente tantos espacios de poder que se ha convertido en el partido hegemónico de México y tiene que aprender a lidiar con ello. “En este momento no tiene adversarios capaces de arrebatarle el poder, pero sí enfrenta el desafío de institucionalizarse”.

El tamaño del reto no pasa inadvertido para algunos militantes, por lo menos a quienes Contenido escuchó en aquel mitin partidista. Ellos acompañaban sus exclamaciones de triunfo con gritos llamando a fortalecer “sus valores, estructura e identidad”.

En realidad, se trata de desafíos que Morena tiene que abordar en la primera mitad del sexenio, si en verdad quiere consolidar su nuevo estatus, advierte Rojas.

Orden y cordura

“Hasta antes de su triunfo en las elecciones de 2018 Morena se concebía así mismo como una herramienta de Andrés Manuel López Obrador para llegar a Palacio Nacional”, explica Luis Carlos Ugalde, ex consejero presidente del IFE (hoy INE) y director general de Integralia Consultores.

Para el exfuncionario, el partido guinda ha sido hasta ahora un movimiento que aglutina y coordina a grupos de diversos colores, sabores, líneas ideológicas, y ahora el desafío es convertirse en un verdadero partido, más allá de que en términos jurídicos esté registrado desde 2014. Es un tema que puede llevarle tiempo, esfuerzo, meterlo en conflictos que pueden sembrar divisiones y mermar su fuerza electoral en el futuro mediato.

Con esta descripción coincide Fernando Belaunzarán, ex diputado federal por el PRD. Para este político de izquierda, Morena ni siquiera puede ubicarse en ese segmento del espectro político.

“La ideología de Morena proviene de la mezcla de concepciones, creencias, estigmas, filias y fobias de su fundador, no hay más. Y tal vez por un corto tiempo no haga falta, pero ese estado de cosas no podrá sostenerse en la segunda parte de este sexenio. Entonces saldrán a flote los intereses de quienes busquen heredar el poder”, advierte Belaunzarán.

 

ESPACIOS DE PODER

  • Mayoría relativa en la Cámara de Diputados federal: 259 de 499 legisladores

  • Primera fuerza en el Senado: 59 legisladores de 128

  • Mayoría en 20 de 32 congresos estatales

  • Seis gubernaturas: Baja California, Chiapas, Ciudad de México, Puebla, Tabasco, Veracruz

  • 340 alcaldías dispersas por todo el país

Contradicciones evidentes

Por su parte, Luis Carlos Ugalde señala que López Obrador es un político que aglutina ideas contradictorias, “él se define como hombre de izquierda progresista pero a la vez es muy conservador en temas culturales, religiosos y sociales. En otros saca a relucir sus convicciones estatistas, como aquella de que el gobierno debe guiar el desarrollo, muy anclada en el siglo XX, siendo que abundan gobiernos de izquierda progresista en el mundo que apuestan por otros modelos”, explica.

El ex consejero electoral aprecia en el mandatario algunas concepciones muy liberales como considerar que el gobierno debe dar paso a la organización social directa, lo demostró recientemente al desaparecer el instituto responsable del mantenimiento a los planteles de educación básica para entregar los fondos a los padres de los alumnos, al tiempo que los responsabiliza de la tarea. Un típico líder de izquierda no pensaría en eliminar intermediarios para entregar los recursos directamente.

Los entrevistados coinciden en que Morena no sólo es una organización joven, con poca experiencia política y que está aprendiendo a administrar sus nuevos espacios de poder. La académica Rojas Alegría parte del contraste entre el tamaño de la fracción parlamentaria morenista en la anterior legislatura federal (35 curules), con la actual (259).

“Su poder se vuelve casi absoluto cada que suma el voto de las bancadas de sus dóciles aliados PT (34) y PES (25). Este bloque suma 318 curules y queda a muy poco de las 334 que requieren para reformar a la Constitución sin recurrir a otras fuerzas políticas”, apunta.

¿Cómo el partido está asimilando sus nuevas condiciones? Luis Carlos Ugalde insiste en que está en un proceso de entender cuál es su rol y muchos de sus cuadros están francamente confundidos. “Unos provienen de la guerrilla, otros han sido toda su vida luchadores sociales, otros más han estado tantas décadas en la oposición que están muy acostumbrados a la protesta y a la confrontación. Pocos de ellos se imaginaban estar del otro lado, es decir, ser los responsables de guiar, construir y generar consensos”.

Medio en broma, medio en serio, algunos morenistas confiesan que sólo saben ser oposición y jugando con las palabras aseguran que López Obrador es el primer presidente de la “oposición que no sabe cómo dejar de serlo”.

A los opositores profesionales hay que sumar militantes de izquierda radical, cuadros provenientes del PRI, PAN y PRD, así como miembros de iglesias evangélicas y un largo etcétera. “Entre ellos hay gente de principios e ideales, pero también oportunistas”, señala Belaunzarán, quien encuentra comprensible que a muchos morenistas no los una la ideología, ni una determinada visión de país. “En privado y a veces en público todos aceptan que el pegamento que los une es el liderazgo de López Obrador”, señala.

Foto: Naomi Kaizawa

Ánimo destructor

A Luis Carlos Ugalde le preocupa que muchos de los cuadros más politizados de Morena parecen estar interesados únicamente en destruir el pasado neoliberal, como si con eso fuera suficiente para resolver los grandes desafíos del país. “Esa actitud los hace comportarse más como un movimiento contestatario que como un partido en el gobierno y reduce su discurso sobre la realidad en la que ellos son los buenos y quienes no congenian con ellos son los malos”.

Uno de los postulados de Morena es el combate frontal a la corrupción pero habrá que ver el desempeño de los funcionarios públicos surgidos de sus filas. “Ostentar el poder expone a tentaciones que podrían acabar con las buenas intenciones, tal como ocurrió con muchos gobiernos locales panistas luego de consumada la primera alternancia en el poder, a principios de este siglo”, advierte la académica Rojas.

Los morenistas reproducen dichos y acciones del presidente López Obrador, pero ¿cuál es el papel del presidente de México en la agenda partidista? Rojas y Ugalde creen que AMLO juega de dos maneras, por una parte fomenta la idea de que se involucra poco y los deja resolver como mejor puedan sus diferencias.

El presidente se ha limitado a advertirles que si no se comportan correctamente, terminará por abandonarlos y quitarles el nombre de la organización. No faltan quienes creen que habla en serio y que ya está armando una estructura paralela de activistas, se trata de los “servidores de la nación”, un grupo numeroso de empleados (18,978) que trabajan para la Secretaría de Bienestar, pero que responden al coordinador general de Programas para el Desarrollo de la Presidencia de la República, Gabriel García Hernández, quien supervisa a los llamados superdelegados federales en cada estado.

La importancia de estos “servidores de la nación” es que se encargan de confeccionar padrones de beneficiarios de distintos programas sociales como el de ayuda a madres solteras, personas discapacitadas, niños en edad de guardería y adultos mayores. “Se reconozca o no constituyen un brazo del gobierno para crear clientela electoral”, afirma Belaunzarán.

Por su parte Ugalde considera que el poder de decisión del primer mandatario sobre sus huestes queda en evidencia al observar el comportamiento de la fracción parlamentaria del partido guinda. “Hay temas en los que no hay espacio para disentir. Se acatan las instrucciones que llegan desde Palacio Nacional y los propios legisladores lo reconocen”.

Pleitos caseros

“AMLO es un político acostumbrado al conflicto y no da mucha importancia a los pleitos entre sus correligionarios, al final de cuentas cree que una palabra suya bastará para arreglar las cosas, y probablemente así sea por ahora, aunque esa manera de hacer política no favorece la vida institucional del partido; lo hace eternamente dependiente, a quien es su verdadero mandamás”, señalan Ugalde y Belaunzarán.

Por su parte, Rojas cree que la frialdad que pone el presidente con su organización se debe a que no quiere repetir los usos y costumbres del régimen priista, en el que su partido era una simple agencia de colocaciones. “López Obrador es un político idealista y quiere que Morena tenga un comportamiento distinto al resto de las formaciones políticas”.

La evolución de Morena es importante no sólo para su electorado, sino para toda la sociedad mexicana tanto por la cantidad de recursos públicos que la organización está recibiendo, unos 1,700 millones de pesos en 2020, como porque el país requiere de un sistema de partidos estable.

Es un hecho que las oposiciones están hechas añicos, pero “si la formación mayoritaria carece de cohesión y estabilidad puede afectar la gobernabilidad del país porque puede dar lugar a pleitos en el gabinete y enfrentamientos entre funcionarios federales de cierta corriente con funcionarios locales de otra”, comenta Luis Carlos Ugalde.

Elecciones cuestionables

Respecto a la posibilidad de que el proceso para renovar su dirigencia desate una guerra interna, Belaunzarán lo descarta. El exlegislador perredista resalta que ninguno de los aspirantes ha planteado cambios de rumbo, ni rupturas, ni ha hecho el mínimo cuestionamiento al presidente. Todos se esmeran en mostrarle su lealtad casi perruna. (Ver Candidatos presidenciales).

Con esta visión coincide la analista Rojas Alegría para quien es prematuro señalar grupos políticos detrás de quienes buscan dirigir el partido. “En este momento quienes podrían aspirar a heredar a López Obrador no están moviendo sus piezas, ni lo está haciendo el canciller Marcelo Ebrard ni la jefa de gobierno de la CDMX, Claudia Sheinbaum, ni el senador Ricardo Monreal. Habrá que esperar varios años para que el panorama cambie”.

Por su parte, Ugalde no duda que el nuevo dirigente morenista tendrá como prioridad su relación con AMLO, pero le parece que sí importa el nombre de quien resulte ganador, simplemente por el perfil de cada uno, mientras la actual dirigente partidista Yeidkol Polevnsky y Bertha Luján forman parte de grupos más radicales en términos ideológicos y poco propensos al diálogo con sus adversarios.

En cuanto al diputado federal Mario Delgado, tiene una visión más pragmática y negociadora que ha ejercitado en sus labores como coordinador parlamentario. Respecto al abogado Alejandro Rojas Díaz Durán, cree que tiene muy poco capital político, pero su presencia es importante por su cercanía con el canciller Ebrard, señala el ex consejero electoral.

Acuerdos necesarios

Los entrevistados coinciden en que si los morenistas no son capaces de ponerse de acuerdo para convivir civilizadamente pueden repetir la historia del PRD, partido del que muchos de ellos provienen. La incapacidad de aquella organización para cohesionar a las distintas tribus y producir cuadros generadores de consensos terminó por destruirla.

Los enfrentamientos pueden afectar el desempeño del partido en las elecciones de 2021, en las que se renovará la Cámara de Diputados y 14 o 15 gubernaturas. Simplemente porque algunos grupos harían huelga de brazos caídos para expresar su descontento.

Morena debe concentrarse en una tarea muy importante: acompañar a sus gobiernos en el aterrizaje de lo que ellos han llamado la Cuarta Transformación de la vida pública. No debe perder tiempo en pleitos y luchas de poder.

¿Cómo impedir que surjan más rencillas? “La solución no es tan complicada como algunos suponen”, comenta un antiguo militante de la izquierda mexicana que aceptó conversar con Contenido a condición de no revelar su identidad. Considera que debe ser el presidente López quien por esta ocasión designe al dirigente y envíe señales, como bien sabe hacerlo, de que esa fue su decisión.

“No es democrático ni políticamente correcto, pero es la única manera de mantener al partido cohesionado”, sostiene el entrevistado, para quien el respaldo presidencial bastaría para dar legitimidad al nuevo dirigente que podría trabajar sin obstáculos en asignaturas partidistas pendientes, como adecuar estatutos y elaborar un padrón confiable de militantes.

La verdad es que hasta el momento de escribir este reportaje, el mandatario no ha dado señales sobre quién debe dirigir al partido, aun cuando lleva una amistad entrañable con la candidata Bertha Luján, la primera en oponerse a la sugerencia presidencial de recurrir a encuestas para decidir la designación.

La falta de línea quedó en evidencia en las primeras 122 asambleas distritales realizadas para elegir delegados al Congreso Nacional encargado de renovar la dirigencia. Unas 20 reuniones fueron suspendidas por conatos de bronca, robo de urnas y acusaciones de coacción del voto.

Por si fuera poco, los enfrentamientos tuvieron graves consecuencias en la localidad jalisciense de Zapopan, en la que un grupo inconforme atacó a otro a balazos, dejando seis heridos, dos de ellos de gravedad.

Probablemente en su disputa por el poder partidista, algunos militantes del partido guinda ya olvidaron una frase muy invocada por el presidente López Obrador: “abrazos, no balazos”.

PRESUPUESTO MORENA 2015-2020

El partido ha recibido financiamiento público desde 2015, con un notable incremento en sus prerrogativas anuales luego de su victoria contundente en las elecciones presidenciales de julio de 2018.

AÑO                                  MONTO EN PESOS

2015                                     105,166,782

2016                                     381,820,920

2017                                     392,014,854

2018                                     649,217,254

2019                                     1,628,333,415

2020                                     1,700,000,000

Fuente: Instituto Nacional Electoral

 

Por Pedro C. Baca