Mohamed Bin Salmán, el enigmático reformador de Arabia Saudita

Mohamed Bin Salmán, príncipe heredero del trono de Arabia Saudita, encabeza una verdadera cruzada para reformar usos y costumbres de su país, pero, al mismo tiempo trata con puño de hierro, a quien osa cuestionar sus métodos.

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La imagen pública de Mohamed Bin Salmán, a quien sus súbditos llaman por sus iniciales  MBS, se vio empañada por el brutal asesinato del periodista disidente Jamal Khashoggi.

El futuro rey fue señalado como responsable último, pero reaccionó públicamente contra el asesinato del periodista –que calificó de «incidente despreciable y totalmente injustificable»–, y nunca ha reconocido su implicación en el crimen.

Primero fue la CIA y después el Senado estadounidense los que concluyeron que el príncipe heredero «habría ordenado» el asesinato. Sin embargo, las acusaciones por la responsabilidad fueron acalladas por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que declaró «infundada» cualquier implicación de responsabilidad de MBS.

Desde el brutal crimen de Khashoggi, el impetuoso monarca a marchas forzadas ha tenido que lavar su imagen para recuperar la «dulce sonrisa y aspecto bonachón» que en su día sedujo a muchos tanto dentro como fuera de Arabia Saudita.

Terrible asesinato

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Khashoggi se exilió en Estados Unidos en 2017, temiendo por su vida por haber criticado a Mohamed Bin Salmán.

Lo último que se supo de él fue que el 2 de octubre de 2018 entró en el consulado saudí en Estambul con el objetivo de solicitar la documentación necesaria para contraer matrimonio con la también periodista turca Hatice Cengiz.

El colaborador del The Washington Post había estado días antes en la legación diplomática para preguntar por los trámites y fue citado aquel 2 de octubre. El fatídico día se firmó su sentencia de muerte: «Espérame aquí. No tardo», le dijo Khashoggi a Cengiz.

Desde entonces, se perdió su rastro y no se ha encontrado el cuerpo del delito, aunque hay pruebas que demuestran que fue brutalmente asesinado a sangre fría y de forma premeditada.

Posteriormente, el príncipe heredero aseguró que Khashoggi entró, efectivamente, en el consulado y que salió poco tiempo después. Sin embargo, una fuente cercana al Gobierno turco afirmó que «fue asesinado en la legación saudí por un equipo llegado desde Riad a Estambul», acusación que repudió el gobierno saudí.

Para el 7 de octubre de 208,  The Washington Post afirmó que el cuerpo «probablemente había sido descuartizado y metido en cajas de madera antes de ser enviado por avión hacia un destino desconocido».

Mientras el reino era sacudido por el escándalo que acompañó a las pesquisas del caso Khashoggi, MBS comenzó una carrera de velocidad para modernizar el país, uno de los más conservadores del mundo musulmán.

Mohamed Bin Salmán, El reformador

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El futuro monarca, de solo 33 años de edad, Bin Salman tiene una enorme popularidad entre los jóvenes de su reino, quienes lo ven como un «Gran Reformador».

MBS promueve el turismo, los eventos deportivos, los conciertos y los negocios extranjeros. Levantó todas las prohibiciones a las mujeres como la de conducir o el tutor masculino para poder viajar al extranjero.

Al mismo tiempo, abrió el mercado petrolero de Arabia Saudita a nivel internacional con la salida a bolsa de Aramco, la gigantesca compañía saudí más rentable del mundo con unos beneficios que superaron los 100,000 millones de dólares en 2018.

El valor total de Aramco se ha estimado en torno a los 2,000 millones de dólares.

Si bien Bin Salmán ha sabido utilizar esa influencia para vender una imagen positiva del país y su Gobierno, Arabia Saudí es uno de los países donde menos se respetan los derechos humanos, y tiene un largo historial de torturas, ejecuciones y discriminación, como denuncian Amnistía Internacional o Human Rights Watch.

A MBS se le acusa también de la guerra de Yemen, que ha dejado hasta la fecha 20,000 muertos, millones de desplazados y decenas de miles de niños con desnutrición y cólera.

Precisamente, una de las personas que contribuyó a denunciar los ataques de Arabia Saudí en ese país fue Khashoggi. Su muerte fue un ejemplo de la represión contra la libertad de expresión, dicen los detractores de la monarquía saudí.

El caso del periodista disidente es el más famoso, pero en las cárceles saudíes se pudren decenas de mujeres y hombres críticos con la monarquía, incluyendo algunos miembros de la realeza, cuya voz ha sido silenciada con torturas y encarcelamientos.

Por Pedro C. Baca

Con Info y fotos AFP

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