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Luis Lacalle, el hombre que sacó a la izquierda de Uruguay

El centroderechista Luis Lacalle será presidente de Uruguay a partir de marzo próximo, lo que representa el final de un ciclo político en su país que fue protagonizado por la izquierda más progresista del continente americano.

El presidente electo con su compañera de fórmula Beatriz Argimón, la primera mujer que se desempeñará como vicepresidenta.

Después de la reñidísima votación del pasado domingo, y de cuatro días de espera, para verificar los resultados Luis Lacalle Pou gana las elecciones en el país más pequeño de Sudámerica y el menos poblado, pero al mismo tiempo el más estable de la región.

No hay declaratoria oficial de las autoridades, solamente el reconocimiento de que la tendencia a su favor es irreversible, además de que su rival electoral, Daniel Martínez, de la coalición de izquierda Frente Amplio, ya reconoció su derrota.

Precisamente, la victoria de Lacalle pone fin a tres gobiernos del Frente Amplio, el partido que tiene en José Mujica (presidente del país conosureño entre 2010 y 2015) a la figura mediática más destacada a nivel internacional.

A partir de esa figura, a quien tenemos de visita en estos días en México, se puede decir que el mandatario de 46 años recién electo es lo opuesto al exguerrillero -38 años mayor- que fue noticia por ser “el presidente más pobre del mundo”.

Infancia privilegiada

Luis Alberto Alejandro Aparicio Lacalle Pou nació en una familia que es parte de los libros de historia de Uruguay. Fue educado en las instituciones más prestigiosas del país, tiene una buena situación económica y vive en un barrio muy acomodado de Montevideo.

Estudió en el British Schools, uno de los colegios más prestigiosos y costosos del país, y luego en la Universidad Católica, que también es privada.

Pertenece al Partido Nacional, una de las agrupaciones políticas más antiguas del mundo, con 183 años de vida.

Y quizás por eso sea difícil de encasillar ideológicamente. A lo largo de su historia, este partido con fuerte arraigo en sectores rurales ha integrado un abanico amplio de posiciones desde la izquierda a la extrema derecha.

En la década de los 90 y de la mano de Luis Alberto Lacalle Herrera, padre del presidente electo, el Partido Nacional estuvo alineado con posiciones de apertura económica de las que hoy procura separarse.

Lacalle Pou también intenta alejarlo de las visiones más conservadoras en lo social, a las que históricamente estuvieron ligadas algunas de sus figuras partidistas.

La prueba es que lleva como compañera de fórmula a Beatriz Argimón, una prestigiada feminista.

Entre el 1º de marzo de 2020 y hasta 2025 accederá al puesto que deja Tabaré Vázquez, quien en 2005 se convirtió en el primer presidente de izquierda del país y que, tras el mandato de Mujica, volvió al puesto en un balotaje donde venció justamente a Lacalle Pou.

Su historia de vida, incluyendo aquella derrota, ayuda a explicar su victoria -también en balotaje- frente al oficialista Daniel Martínez.

Política en la sangre

Lacalle Pou es bisnieto de Luis Alberto de Herrera quien fuera uno de los caudillos más importantes del Partido Nacional en la primera mitad del siglo XX.

Herrera inició el camino político familiar que luego continuó su nieto Luis Alberto Lacalle Herrera, padre de Lacalle Pou, que entre 1990 y 1995 fue presidente de Uruguay.

La política también estuvo presente en la vida del presidente electo por el lado materno: Pou fue senadora entre 2000 y 2005, luego de haber creado dentro del Partido Nacional el sector que le permitió a su hijo ser diputado por primera vez ese mismo año 2000, cuando tenía solo 26 años.

A partir de ese momento inició una carrera política que lo lleva ahora a los más alto que podía aspirar, luego de 15 años como diputado y otros cinco como senador.

 

Amor por el mar

El flamante mandatario uruguayo es un enamorado del mar.  Entonces deseaba ser biólogo marino, convertirse en un “Jacques Cousteau” y tener su propio Calypso, el famoso barco del oceanógrafo francés, indica un extenso artículo de BBC Mundo.

De acuerdo con el documento, el gusto por el mar despertó en Lacalle Pou el gusto por el surf, deporte que empezó a practicar en forma apenas cumplió 11 años.

De hecho, en la soledad del mar tomó decisiones, esperó y retrocedió, superó dificultades, cayó varias veces y volvió a ponerse en pie sobre la tabla para cumplir su objetivo.

Todo lo que aprendió en el mar lo ha aplicado en la vida real, y después del revolcón electoral de 2014, que lo dejó tumbado en la arena política, Lacalle Pou se recompuso.

Definió una estrategia que analistas consideraron “casi perfecta”, por lo acertada para lograr captar los imprescindibles votos por fuera de su partido.

Pero el ajustado triunfo de Lacalle Pou se explica tanto por aciertos propios como por errores ajenos.

Carrera de resistencia

En junio pasado ganó la interna del Partido Nacional en una contienda en la que mostró un balanceado equipo de técnicos y políticos, con propuestas para bajar el gasto estatal, mejorar la seguridad y la educación.

Luego, eligió como compañera de fórmula a Beatriz Argimón, una exdiputada recordada por empujar la aprobación de la ley de cuotas y otras iniciativas de género, entre ellas algunas relacionadas con el combate a la violencia en contra de la mujer.

De esa forma, un partido que estaba rezagado en temas de género, mostraba una nueva cara en sintonía con la tendencia mundial que reclama más mujeres en política.

Tras la primera vuelta electoral , donde el Partido Nacional quedó segundo detrás del Frente Amplio, Lacalle Pou tejió lo que informalmente se llama una “coalición multicolor”.

Se trató de una alianza con otros cuatro partidos que abarcaron a casi todo el espectro político (desde la socialdemocracia hasta la ultraderecha) y de diversa trayectoria (desde uno con casi dos siglos de historia hasta otro con apenas 8 meses de vida).

Lacalle Pou se dedicó a recorrer el país junto a los líderes de estos otros partidos, cosechando adhesiones sobre todo fuera de Montevideo. La izquierda, por su parte, conservó su electorado más fiel en la capital del país.

Al final del proceso electoral, La coalición multicolor logró su objetivo: ganar la presidencia uruguaya.

Ruptura comprensible

El resultado electoral de este domingo también se explica por un Frente Amplio que llegó desgastado tras 15 años en el poder.

Los avances conquistados por la izquierda en materia de derechos sociales, las políticas laborales que llevaron a mejoras salariales y las ayudas para atender a los sectores más desfavorecidos no fueron suficientes para equilibrar las consecuencias de algunos problemas que vive el país.

Los retos más evidentes son:

La seguridad: en Uruguay matan en promedio una persona por día, algo escandaloso para un país de tres millones de habitantes.

La economía: el déficit fiscal equivale a casi 5% del Producto Interno Bruto y un desempleo que ronda 9%.

A estos problemas se sumó el debilitamiento de sus opositores debido  escándalos como el procesamiento del último vicepresidente, Raúl Sendic, por mal manejo de fondos públicos.

Siendo Uruguay uno de los países más transparentes de la región, el asunto decepcionó a un importante segmento de electores.

Experiencias de vida

El presidente Luis Lacalle está casado con Lorena Ponce de León, una paisajista que asumió un papel activo en la campaña electoral, y es padre de tres hijos.

Los dos primeros (son mellizos nacidos por fecundación in vitro. A partir de esa experiencia, el político impulsó la ley que establece que la fertilización sea una de las prestaciones gratuitas del sistema de salud uruguayo.

Procrear familia no ha sido el único desafío para quien supuestamente nació con todo para brillar. Su adolescencia no fue sencilla. En esa etapa medía menos de un metro y medio, y ser tan pequeño lo avergonzaba.

Intentaba compensar la baja estatura con un estilo propio que incluía botas tejanas blancas, un tipo de calzado excéntrico para Uruguay.

“Tenía una personalidad como diciendo: ‘Acá estoy, soy chiquito pero soy yo’. Eso a veces le generaba problemas porque nunca se achicaba y si tenía que irse a las manos, se iba”, de acuerdo con amigos cercanos consultados para una nota realizada por la DW.

Esas fuentes señalan que, a los 14 años, una consulta médica en Estados Unidos reveló que Lacalle teína un problema en la hormona del crecimiento.

Con el diagnóstico a la vista, su abuelo Alejandro, médico de profesión, le aplicó durante 365 noches una inyección de hormonas que le permitieron llegar a cerca de los 1.70 metros de estatura, un tamaño medio de acuerdo a los estándares uruguayos.

Cambio de hábitos

Las revistas del corazón locales lo ubican entre “los hombres más atractivos del Uruguay”. A ellos contribuye que el nuevo presidente se preocupa por su el cuidado físico y trata de realizar un par de horas de gimnasio cada tercer día.

Además, trata de comer sano, bebe al menos dos litros de agua diarios, no consume más alcohol que una cerveza esporádica, y dejó de fumar hace varios años.

Convencido por su esposa incursionó en el reiki y gusta de recurrir a las flores de Bach para regular sus estados de ánimo.

No siempre fue bien portado, precisamente en su primera juventud, mientras su padre era presidente del país, Lacalle Pou consumió drogas, primero marihuana y luego cocaína.

Nunca fue adicto y logró dejar de consumirlas por voluntad propia, comentó el político a un medio local en 2013 a la revista Galería.

Y si hace algunos años Uruguay fue noticia en el mundo porque entró en vigencia una ley que habilitó la venta de marihuana estatal en farmacias, años antes Lacalle Pou había propuesto avances en ese sentido, impulsando el autocultivo de cannabis.

Lo que vendrá

Con su ex rival electoral, Daniel Martínez, en reciente conversación.

Tuvieron que pasaron  tres décadas, justo de la última vez que el Partido Nacional ganó una elección presidencial, entonces con Luis Lacalle Herrera.

Ahora su hijo asume el desafío de encabezar un gobierno de varios partidos, algo inédito para Uruguay.

Lacalle Pou confía en iniciar en breve la transición y ya anunció auditorías en todo el Estado para conocer en qué situación se encuentran los organismos públicos.

Desde el próximamente opositor Frente Amplio las principales críticas apuntan a cómo hará para mantener el respaldo de una coalición heterogénea, con figuras díscolas y otras sin experiencia parlamentaria.

En cuanto al ámbito internacional, falta por ver si el nuevo presidente por cual de sus vecinos gigantes se inclina el nuevo presidente, si por Brasil, ahora jefaturado por el ultraderechista Jair Bolsonaro, o por Argentina, próxima a ser gobernada por el izquierdista Alberto Fernández.

Si toma el segundo camino es probable que busque un acercamiento con su homólogo mexicano Andrés Manuel López Obrador, quien, sin proponérselo, se encuentra a la cabeza de un nuevo eje de gobiernos de izquierda dentro del continente.

Por Pedro C. Baca

Fotos AFP