Los mexicanos: ¿corruptos por naturaleza?

La corrupción de los ciudadanos y de los políticos mexicanos denunciada por el periodismo y las redes sociales, así como las opiniones de autoridades en la materia sobre la tendencia innata del ser humano a corromper y ser corrompido, más los recientes hallazgos científicos, han reforzado una vieja duda: ¿somos transas biológicamente hablando?

pxhere.com/9/dic/2019
pxhere.com

Casi no hay semanas en que las redes sociales “viralizan” videos de personas que quieren sobornar con dinero a policías o funcionarios. Las nuevas tecnologías de la información han evidenciado la corrupción que corroe a todo el país.

El Barómetro Global de la Corrupción de Transparencia Internacional, ha medido este fenómeno en los últimos años y reportado que al menos el 88% de los mexicanos la consideran un problema frecuente y el 79% asegura que ha aumentado.

Las miradas reprobatorias se dirigen hacia la clase política. Los ciudadanos, en cambio, creemos que nosotros, ni nuestros familiares o amigos son corruptos, según consigna el análisis Anatomía de la corrupción, realizado conjuntamente por el Instituto Mexicano de la Competitividad (IMCO) y el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE); sin embargo, las estadísticas los confrontan: en promedio anualmente se registran más de 4,000,000 de actos de pequeña corrupción según el Inegi.

La presencia de la corrupción a lo largo de la historia, así como los hallazgos científicos, incluyendo la ocurrencia de actos abusivos entre algunos animales, han capturado la atención de los investigadores, que se preguntan si somos naturalmente corruptos.

Por lo pronto, las opiniones no son concordantes: “No, de hecho ocurre todo lo contrario”, afirma la doctora en Ciencias Biomédicas, Feggy Ostrosky, quien explica que el ser humano es un ente social, su supervivencia requiere de otros, por lo que está dotado de sistemas que le permiten vivir en sociedad (como responder al llanto de un bebé o al sufrimiento de otro); pero bajo esquemas sociales corruptos aprende a reproducirlos como una forma equívoca de supervivencia, que a la postre sí pueden generarle alteraciones.

“Cuando tienes que decidir entre hacer el bien o el mal, hay marcadores biológicos que se activan, como sudoración, palpitaciones, nerviosismo; pero cuando nadie hace cumplir la ley, estos marcadores ni siquiera se activan”, agrega la también directora del Laboratorio de Neuropsicología y Psicofisiología de la UNAM.

 

“Manchas privadas”

  • El 65% de los emprendedores ha perdido una oportunidad de negocio porque un competidor pagó un soborno.
  • El 63% de los empresarios concuerda que ésta es parte de la cultura de negocios en México.
  • Un 4.5% del valor del contrato se paga en sobornos para adjudicárselo.
  • Un 44% ha pagado sobornos y 32% lo ha hecho para garantizar la obtención de un contrato o una oportunidad de negocio.
  • El 34% concuerda que las conexiones políticas garantizan su éxito.
  • El 60% afirma haber recurrido a contactos o relaciones personales para facilitar la obtención de un trámite, permiso o contrato. Fuente: IMCO, La corrupción en México.

“La adquisición de la moral es gradual –opina la doctora en Investigación Psicoanalítica Norma Ferrer Hurtado–: primero se obedece “la ley” para evitar el castigo; luego para que los demás nos aprueben, evitar la censura y el aislamiento; en un tercer momento se obedece entendiendo que ésta permite la convivencia sana; para finalmente interiorizar -y practicar por convicción-, los principios éticos universales”.

No todas las culturas o familias llegan a esta última etapa; factores externos pueden detener su desarrollo –sostiene la también académica de la Universidad del Valle de México (UVM), campus Querétaro–: “La impunidad o la imposición violenta de la ley, puede generar individuos amorales”.

En México, según nuestras especialistas, se están dando las condiciones para que esto ocurra: “La familia, que es el primer sistema que brinda los lineamientos morales, está tornándose muy permisiva, pues como ambos padres trabajan, buscan compensar su ausencia concediendo sin límites caprichos a sus hijos”, indica la doctora Ostrosky, quien explica que los niños además tienen acceso ilimitado a la televisión e internet, plagados de imágenes violentas que ingresan sin ningún filtro al hemisferio derecho cerebral, y asimilamos la agresión y el quebranto de la ley como algo natural.

La escuela, el otro gran sistema de contención, también está en crisis: “La violencia se ha generalizado; a los profesores se les practican exámenes de conocimientos pero no de personalidad, de ahí los casos de abusos que quedan impunes”.

Y añade la doctora Ferrer: en las escuelas privadas ven a los alumnos y a sus padres como “clientes” y a ellos “lo que pidan”.

La doctora Ostrosky puntualiza: el sistema económico y social favorece el consumismo, la insatisfacción y el rompimiento de la ley: “La cultura de la legalidad no ha sido internalizada, apreciada ni premiada. En cambio, se ha enaltecido a aquellos que tienen más, sin importar el origen de su riqueza, y se premia económicamente a la estrellas del cine y del futbol por encima del maestro y del investigador, enviando así un mensaje contundente: los valores y la educación no importan, lo meritorio es el dinero, el espectáculo y la transa”.

pxhere.com/9/dic/2019
pxhere.com

 

¿Cultura transgresora?

En julio de 2015, durante el discurso inaugural del Consejo del Sistema Nacional de Transparencia, el expresidente Enrique Peña Nieto afirmó entre líneas que la corrupción era natural al ser humano: “El Estado mexicano y su sociedad lo que estamos haciendo es domar auténticamente a la condición humana, llevarla por nuevos caminos, estableciendo parámetros, estableciendo límites, controles, obligando a la apertura y a la transparencia”.

El doctor en Ciencia Política Marco Fernández difiere completamente: “La corrupción no es natural, ni cultural, es consecuencia de la ineficiencia de las instituciones que crean los incentivos para que se practique y perpetúe”. Sin duda, en la historia siempre ha habido personajes que abusan del poder y se valen de la corrupción para lograr beneficios, «por eso también se han creado instituciones que los acotan, sobre todo en democracias”, añade el investigador asociado de México Evalúa.

Nuestro país entre 2004 y 2015 también incrementó casi al doble la inversión en instituciones de combate a la corrupción (de 2,255 millones de pesos pasó a 4,443 millones de pesos) pero ésta se ha mantenido. ¿Qué ha fallado?

“El avance hacia la democracia no se ha traducido en la consumación de instituciones profesionales dotadas de las herramientas, las articulaciones y leyes necesarias para aplicar el derecho, por lo que han sido esfuerzos aislados”, afirma el doctor Fernández, también profesor-investigador de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del Tecnológico de Monterrey y consultor para el Instituto del Banco Mundial, quien ilustra: “La transparencia no es suficiente, sin la obligatoriedad a la rendición de cuentas y el castigo”.

El maestro en Ciencia Política Germán Petersen, de Transparencia Mexicana (TM), señala: “La alternancia política nos ha brindado un pluralismo político pero sin los contrapesos adecuados, por lo que también abrió espacios para la corrupción y la impunidad”.

Las cifras internacionales –agrega el además coordinador del Programa de Investigación de Métricas de Corrupción de TM– dejan claro que la corrupción no es cultural: “En Latinoamérica, cuyos países comparten una historia y cultura semejantes, existen casos como el de Chile, que ha logrado abatirla empatando con Estados Unidos y Japón; México, en cambio, se encuentra al nivel de Malí, Armenia y Filipinas”.

Los especialistas entrevistados coinciden que la experiencia internacional muestra que una erradicación efectiva de la corrupción exige cinco cambios básicos:

  1.  Lo más urgente, terminar con la impunidad: profesionalizar y brindar independencia al Poder Judicial para que pueda resistir las presiones políticas y aplicar la ley con igualdad. En México sólo 2% de los delitos de corrupción son castigados, y siempre los cometidos por mandos inferiores.
  2. Profesionalizar las instancias del Estado: abandonar la contratación por cuotas de partido y hacerlo por méritos académicos y curriculares.
  3.  Comprometer a los medios de comunicación para evitar fomentarla a través de programas que enaltecen a los políticos abusivos y a los narcotraficantes; exhibir actos corruptos de funcionarios (aunque sean sus “cuates” o clientes); y fomentar el periodismo de investigación que expone a los transgresores.
  4.  Comprometer a empresarios a denunciarla y combatirla: ellos son los grandes paganos de este mal: de 20 a 40 millones de dólares pagan en sobornos a funcionarios de gobierno y políticos.
  5.  Combatir desde la casa familiar las desigualdades sociales y la discriminación. Los estudios arrojan que las personas son más honestas en las sociedades más tolerantes.

Los costos económicos de la “transa”

  • Inversión: 5% menor en países con mayor corrupción.
  • Ingreso en las empresas: Pérdidas del 5% de ventas anuales.
  • Piratería: 480,000 empleos menos al año.
  • Ingreso en el hogar: 14% es destinado a pagos extraoficiales.
  • PIB: entre 2 y 9%

Fuente: Anatomía de la Corrupción IMCO/CIDE

Mirada miope: corrupción y ciudadanos

  • El 43% cree que sus familiares nunca han sido corruptos.
  • El 38% cree que sus vecinos nunca han sido corruptos.
  • El 20% cree que sus compañeros de trabajo nunca han sodo corruptos.
  • Fuente: Anatomía de la corrupción IMCO/CIDE)

 

Por Mariana Chávez Rodríguez

 

Artículos Relacionados