Estos son los personajes que la rompieron en 2019

Estas mujeres y hombres destacaron por sus labores y hazañas excepcionales, contribuyeron a enaltecer la vida de los mexicanos. Por ello Contenido los seleccionó como los personajes de 2019.   

 

Carlos Vela, el más valioso y el más feliz

Después de dos temporadas de jugar en la MLS, el delantero Carlos Vela se convirtió en Jugador más Valioso de esta liga estadounidense, no sólo porque anotó goles y estableció un récord de asistencias, sino porque se erigió como un imán de taquilla, comparable a lo que en su momento realizó otro mexicano en Estados Unidos, Fernando Valenzuela, en beisbol.

Lo de Vela no sorprende, dice Alberto Lati, pues él “ha sido uno de los futbolistas más desequilibrantes que México ha tenido en su historia y del que paradójicamente poco hemos podido disfrutar a plenitud”. Su cúspide como jugador se dio en España; no debemos olvidar que en 2013 fue el mejor futbolista cuando jugaba para la Real Sociedad, sólo por debajo de los “intocables” Lionel Messi y Cristiano Ronaldo. Precisamente esta temporada, por sus grandes actuaciones estuvo a nada de regresar al futbol español como integrante del Barcelona.

Sus logros como jugador no son los mismos cuando participa con la Selección mexicana, donde Vela ha quedado a deber: su presencia no ha sido determinante en logros ni triunfos.

«Lo importante es ser feliz y quedarse contento con lo que se decide, sin dejarse llevar por el qué dirán o hacer las cosas para que dejen de criticar”.

¿Será ya el tiempo para que se convierta en el mejor futbolista? Tal vez, dicen los expertos quienes ven con buenos ojos que Carlos Vela empiece a reconocer sus errores del pasado, esos que le impidieron convertirse en el número uno al no escuchar los consejos de compañeros y técnicos. El futbolista es feliz con su familia, su esposa e hijo, y mientras él esté a gusto no le importa seguir postergando triunfos y fama porque talento tiene de sobra para destacar en cualquier futbol del mundo.

 

Valeria Souza, mexicana en la Academia Americana de Ciencias

La noticia de su ingreso como miembro honorario de la American Academy of Arts and Sciences fue una auténtica sorpresa, confiesa Valeria Souza, una doctora en Ecología por la UNAM. “Uno no se postula a estas cosas, me postularon miembros de la Academia y votaron por mí, en un proceso complejo donde sólo fuimos 20 miembros internacionales y no tenía la menor idea de que esto iba a pasar”.

Ahora Souza es la primera mujer, de cuatro mexicanos, en ingresar a una institución que fue creada por los fundadores de Estados Unidos. Es, como científica, un gran honor y responsabilidad firmar en el mismo libro en que lo hizo Charles Darwin.

Más allá del premio, Souza espera que la fama traiga más reflectores para Cuatro Ciénegas, en Coahuila, donde existe un laboratorio de la UNAM desde el cual su equipo investiga la evolución temprana en la Tierra; aunque pareciera un escenario de un mundo perdido en realidad es el sitio más biodiverso del planeta y clave para entender la vida aquí y, posiblemente, también la de Marte.

“Si uno va a caminar entre gigantes es porque uno puede hacer algo equivalente a los gigantes”.

El trabajo social y de educación que la doctora realiza en este lugar pesó en los miembros para darle el galardón. “Los científicos no somos fifís ni levitamos, estamos con los pies bien en la tierra, llenándonos de polvo y pegándonos unas asoleadas bárbaras, al menos los ecólogos somos muy terrenales”. Desde 1999 que llegó a este territorio empezó a trabajar con pequeños grupos de alumnos de una escuela rural para hallar nuevas formas de resolver problemas ambientales, fue así como la ciencia transformó al lugar y a la sociedad.

¿Qué significa el premio? “Una responsabilidad enorme porque ante grandes privilegios también hay grandes responsabilidades y más me vale salvar a Cuatro Ciénegas y sus minas, sus tortugas y sus peces y a todos juntos”, dice categórica.

 

Los personajes restantes podrás conocerlos en la edición impresa del mes de diciembre de la revista Contenido.

Por Alberto Círigo

 

 

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