Conoce el edificio más bello del centro de la Ciudad de México

Gracias a los buenos oficios de un puñado de especialistas, el Palacio Postal refulge tan majestuoso como el día de su inauguración, casi un siglo atrás.

Los especialistas lo consideran el edificio más bello construido en la capital del país por orden de Porfirio Díaz, que lo inauguró en 1907 con el envió dos tarjetas postales; ocho décadas más tarde, en diciembre de 1987, el Palacio Postal —conocido también como Correo Mayor o Central— se declaró Patrimonio Artístico de la Humanidad por la Unesco, mas a pesar de los títulos rimbombantes se deterioraba sin parar a causa del descuido y de una serie de modificaciones arquitectónicas desafortunadas.

En 1900 Díaz encomendó al arquitecto italiano Adamo Boari (autor del diseño del Palacio de Bellas Artes) trazar los planos de un nuevo inmueble para el correo, desbordado por la demanda de los usuarios, que enviaban anualmente 134 millones de piezas (hoy: 1,200 millones), buena parte concentradas en un edificio anexo a la antigua Casa de Moneda, en el centro de la capital. La construcción estuvo a cargo del ingeniero militar queretano Gonzalo Garita y Frontera, quien eligió un predio de 3,684 metros cuadrados en el cual habían estado la casa de una pariente cercana de Moctezuma Xocoyotzin; el hospital de Terceros de los franciscanos; los Ministerios de Guerra y Hacienda, y el hotel de Ferrocarrileros

Boari proyectó un edificio de 30 metros de altura y cuatro pisos; conocedor del subsuelo fangoso del DF recomendó emplear el sistema Roebling de cimentación, consistente en pequeñas bóvedas de lámina apoyadas en viguetas de fierro y recubiertas con una delgada losa de cemento. Gracias a esa elección —ejecutada por la empresa Millinken Brothers, de Nueva York— el inmueble se libró de hundimientos.

Memoria archivada

La erección del inmueble inició en septiembre de 1902. Se encargaron los trabajos de escultura y decorado a los artistas Enrique Alciati, José Tovar, Manuel Concha y Leopoldo Godoy, entre otros. La herrería ornamental de ventanillas, barandales y puertas corrió a cargo de la Fondería del Pignone (Florencia). Las instalaciones del edificio incluyeron su propia planta de electricidad —verdadero lujo para aquella época— y dos elevadores traídos de Chicago.

Con más de 8,000 metros cuadrados útiles en sus 4 niveles, en la sede postal se combinaron estilos como el plateresco español antiguo o isabelino y el art nouveau. Su fachada quedó recubierta con cantera blanca de Pachuca, lo cual le confirió cierto parecido con Palacio Ducal de Venecia. El costo de la obra alcanzó 2.9 millones de pesos de entonces, equivalentes a 220 millones de hoy.

En 1954 la dirección de correos fue trasladada al complejo de la actual Secretaría de Comunicaciones y las 2 planas superiores fueron arrendadas al Banco de México, que las ocupó hasta 1991, y ordenó modificaciones sustanciales al inmueble: entre 1956 y 1957 se suprimieron los elevadores y se sustituyó el piso original de la planta baja, de mosaicos de estilo veneciano, con otro de mármol. Varios muros fueron removidos para construir bóvedas de seguridad y en una terraza que coronaba el 4º piso se levantaron nuevas habitaciones para albergar computadoras. El colmo fue la construcción de cocinas revestidas de azulejo, para uso de la burocracia del banco, que también dispuso el tendido de 2 puentes techados para comunicar el palacio con la contigua sede central de la institución.

La rehabilitación del edificio inició en julio de 1996, cuando un ejército compuesto por herreros, ingenieros, restauradores, pintores, yeseros, talladores y cientos de técnicos literalmente reconstruyeron mucho del interior del edificio según las indicaciones de los arquitectos. Se respetó al máximo el diseño original, ampliamente documentado en el Archivo Histórico de la Secretaría de Comunicaciones, donde se guardan los contratos firmados por Boari y Garita con las puntuales especificaciones de la obra.

Cabezas de león

La restauración implicó rehacer más de 212 columnas y medias columnas de escayola rosada; las puertas de cedro rojo y encino con paneles de vidrio biselado de los niveles ocupados por el banco; lambrines; frisos de yeso y pisos de madera. También se restituyeron los elevadores.

En el último piso se descubrieron las vigas de acero de la estructura original, reforzadas con chapetones de bronce y se reacondicionó la terraza —ahora consagrada a exposiciones—, iluminada por tragaluces y ventanales. Especial cuidado demandó el domo de vidrio emplomado que cubre el vestíbulo principal. Las fachadas de cantera blanca se lavaron, reconstruyeron y se le adosaron pieza por pieza a la estructura.

La crestería —con vistosas columnas salomónicas— fue totalmente remozada. Igualmente fue reparado el reloj alemán de 700 kilos de peso y carillón de 6 campanas que adorna la fachada principal del edificio. Los peldaños de mármol de la escalera monumental fueron desmontados y pulidos uno por uno y las piezas de bronce de los barandales y las ventanillas del correo —pintadas de negro en los 70— fueron limpiadas hasta recuperar su antiguo tono dorado (las faltantes fueron mandadas a fundir especialmente, según los diseños originales). Igualmente se restituyeron los recubrimientos de mármol de los mostradores.

El elemento ornamental más llamativo del edificio es la marquesina principal, hecha por la Fondería del Pignone. Consiste en una serie de tableros de hierro fundido recubiertos con bronce galvanizado. Tiene una cubierta de cristal esmerilado y esculturas de bronce fundido; destacaban las cabezas de león que formaban las gárgolas y otras, que sostenían unas cadenas que simulaban sujetar la marquesina. Todo el conjunto se limpió y lustró con las mismas técnicas empleadas por sus constructores. Para rematar, se colocó un nuevo sistema de desagüe, para proteger al edificio de filtraciones.

El Palacio de Correos fue reabierto al público a mediados de 2001. En la planta baja funciona la administración de correos número uno del DF que, con una planta de 200 trabajadores, administra 14 millones de piezas postales al año y expende estampillas conmemorativas y especiales. En el segundo piso se encuentra el salón de recepciones, ahora con un piso de parquet entrelazado idéntico al original. Para recorrer las plantas superiores, hay que solicitar con antelación una visita guiada (grupo mínimo de 10 personas).

También en el segundo piso funciona el Museo del Correo, que exhibe los planos originales del inmueble, fotografías tomadas por Guillermo Kahlo —padre de la pintora Frida— de la construcción y de la vida cotidiana de México en las primeras décadas del siglo XIX. Llama la atención el primer sello postal mexicano, con la efigie de Miguel Hidalgo, emitido en 1856 por decreto del presidente Ignacio Comonfort. También se muestran viejas máquinas expendedoras de estampillas y murales confeccionados con miles de timbres. El museo abre de martes a viernes, de 10 de la mañana a 5 y media de la tarde (los fines de semana cierra dos horas antes). Quienes visitan el palacio entre semana no deben perderse la oportunidad de hurgar en la biblioteca, con un acervo de 8,500 volúmenes entre los que sobresalen 240 documentos históricos, datados entre 1580 y 1900.

Por Pedro C. Baca

 

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