sábado , diciembre 14 2019

Te puede interesar

pxhere.com/9/dic/2019

Los mexicanos: ¿corruptos por naturaleza?

Reportaje especial: ¿Hacia dónde va Morena?

Cómo educar a niños tech

¿Cómo negociamos con Donald Trump?

La intención del presidente Donald Trump de clasificar como terroristas a los cárteles mexicanos abre un nuevo capítulo de tensión con el gobierno mexicano que debe prepararse para responder a las exigencias de su contraparte estadounidense sin ceder más de lo debido.

¿Es posible construir una relación bilateral marcada por la cooperación y la armonía?

“De ninguna manera, el buen ánimo de Donald Trump es temporal y mal hará el gobierno mexicano en creer que puede satisfacer todas sus demandas –opina el politólogo e internacionalista José Luis Valdés Ugalde, del Centro de Investigaciones Sobre América del Norte de la UNAM.

De acuerdo con Valdés, la estrategia mexicana de evitar la confrontación (el “amor y paz” del que ha hablado el presidente Andrés Manuel López Obrador) funciona por temporadas pero no puede mantenerse porque la contraparte estadounidense la ha interpretado como inseguridad, miedo y debilidad.

Con este punto de vista coincide el internacionalista Eduardo Rosales Herrera, catedrático de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán de la UNAM, quien atribuye gran parte de la vulnerabilidad de nuestro país a la carencia de una estrategia de cabildeo y acercamiento permanente tanto con legisladores federales y gobernadores emanados del Partido Demócrata y de los republicanos antiTrump.

Armas de México

“Nuestro país podría acercarse a centros de estudios como el Woodrow Wilson, universidades como Harvard y Georgetown, académicos y líderes de opinión, así como medios de comunicación, sin dejar de lado a los miles de empresarios estadounidenses afectados por las estrategias de negociación de su gobernante”, señala Rosales.

La diplomacia mexicana cuenta con 50 cónsules en territorio estadounidense que bien podrían encabezar el cabildeo y forjar una imagen positiva ante un sector muy amplio de la opinión pública estadounidense que actualmente relaciona a México con crimen, violencia y, en el mejor de los casos, con vacaciones baratas.

Para ambos especialistas ha llegado el momento de pasar a una estrategia ofensiva.

Así lo entiende Rosales: “No se trata de caer en provocaciones, ni de generar mayores conflictos, sino de hacer valer sus propias cartas”, pero México puede aplicar aranceles a unos 150 productos estadounidenses, lo que afectaría directamente a productores y fabricantes de las regiones que más respaldan la beligerancia de Donald Trump.

“No toda la vida podremos estar en la obsecuencia, en la docilidad, en la que al menor grito de la Casa Blanca nuestras autoridades se asustan, y hacen todo por complacer a la contraparte”, sostiene Valdés.

El académico se muestra preocupado por la rapidez, sino es que prisa, con que el Congreso mexicano ratificó el T-MEC, para sustituir al TLCAN, “aun cuando hablamos de un tratado regresivo y extremadamente favorable a Estados Unidos, corrimos a darle el visto bueno en lugar de analizarlo y pedir las modificaciones necesarias”.

Medir fuerzas

¿México podría enfrascarse en una guerra comercial con Estados Unidos y esperar salir bien librado?

“Hay que tener bien claro que en un conflicto de este tipo nadie sale ganando, todos pierden aunque unos en mayor medida que otros, pero sería preferible afrontar pérdidas y quebrantos que seguir con una lógica de sumisión y obsecuencia”, opina Rosales.

Recientemente, al margen de convenios bilaterales, del todavía vigente TLCAN, y de lo que estipula la Organización Mundial de Comercio, Estados Unidos ha pretendido imponer de manera arbitraria aranceles progresivos con múltiplos de 5% hasta llegar a 25 puntos.

Cada bloque, según consultoras internacionales, implicaría pérdidas para México por 18,000 millones de dólares al año.

No se trataba de cantidades despreciables y afectaría a la economía mexicana pero según los analistas no eran sumas que pudieran descarrilarla, por lo menos la tasa arancelaria de 10% podría subsanarse hasta cierto punto con la depreciación del peso y otras medidas de control de daños.

Adicionalmente se podrían alentar las protestas tanto de importadores como consumidores estadounidenses, que serían los primeros en sufrir las consecuencias del necesario incremento del precio de las mercancías.

Necesaria frialdad

“De volverse a presentar esta amenaza es importante tomarlo en cuenta y darse tiempo para negociar fríamente”, expone Valdés Ugalde.

No habría motivo, según este razonamiento, para actuar precipitadamente llevados por el pánico; sería más digno y efectivo encarar una represalia arbitraria que ceder de inmediato con tal de no recibirla. Sobre todo cuando el país podría optar por aplicar “medidas espejo”, de reciprocidad.

“Lamentablemente el gobierno mexicano ha actuado en sentido contrario al recomendable –opina Valdés–, en cuanto recibió el ultimátum vía tuit armó una delegación encabezada por el canciller Marcelo Ebrard que debió hacer antesala por cinco días y que, cuando por fin fue recibida, la tomaron por sorpresa con datos relacionados con el incremento escandaloso de la migración indocumentada que justificaban el malestar estadounidense”.

Los investigadores Valdés y Rosales coinciden en que, al final, México aceptó todas las exigencias y desaprovechó la oportunidad de involucrar a su interlocutor en la solución de cada una, olvidando que una buena negociación implica que todos ganen algo y que todos cedan en algo.

Fuera de base

“El profundo desconocimiento de cómo responder adecuadamente a los estadounidenses no es imputable solamente ni a este presidente, ni a la presente administración; la clase política mexicana olvida frecuentemente lecciones que han marcado desfavorablemente para nuestra causa la relación bilateral” apunta el académico de la FES Acatlán.

“Nuestras élites del poder toman los conflictos y diferencias como algo nuevo, cuando no es más que un nuevo capítulo en la historia del complejo vínculo entre ambos países”, indica Rosales.

Analiza que en México no ha habido una política de Estado que vaya más allá de un sexenio. A cada cambio de administración federal se redefine casi desde cero, con todos los costos que esto implica.

El tema migratorio es un ejemplo de ello. La decisión del gobierno lopezobradorista de adoptar una política de puertas “totalmente abiertas”, con la emisión casi indiscriminada de visas humanitarias, ocasionó un problema gigantesco porque no midió la reacción de Donald Trump ni previó la avalancha humana que iba a provocar.

Ha tenido que realizar un esfuerzo titánico para detener a grupos de migrantes  que están llegando desde el llamado Triángulo Norte centroamericano (Guatemala, El Salvador y Honduras), como también de Cuba, Haití, países africanos y asiáticos.

Compromiso costoso

“Para calmar la furiosa reacción estadounidense las autoridades mexicanas terminaron convirtiéndose en una especie de patrulla fronteriza”, denuncia Valdés Ugalde en referencia al despliegue permanente de la Guardia Nacional a lo largo de sus franjas limítrofes.

Todavía no hay cifras exactas del número de efectivos en movimiento, pero se calcula que unos 6,000 elementos cubrirán la frontera sur, otros 15,000 en se desplazarán en la del norte y unos 4,000 más dentro del territorio nacional.

De confirmarse el dato sumarían 25,000 efectivos que estarían distrayéndose de otras funciones vitales para mantener la seguridad de los ciudadanos.

La nueva estrategia mexicana incluye la ampliación de sus estaciones migratorias en funciones, así como la construcción de nuevas unidades, comprometiéndose a garantizar techo, sustento y asistencia médica a los migrantes instalados ahí.

Hasta el momento no hay un solo dato del costo económico de estas acciones que corren a cargo de erario.

Colaboración redituable

El internacionalista Rosales subraya que Donald Trump está en su derecho de pedir al gobierno mexicano que impida el paso de migrantes indocumentados por la frontera común

Lo que no puede exigir es que nuestras autoridades lo hagan solas, sin contar con respaldo económico para atender a las personas que se quedarán en nuestro territorio.

Es necesario retomar experiencias en otras latitudes, por ejemplo, Turquía, cuya geografía lo ha convertido en punto de acceso obligado de migrantes de Medio Oriente y Asia Central que buscan ingresar a la Unión Europea (UE).

Actualmente ese país eurasiático recibe por parte de ese bloque 6,000 millones de dólares por año a cambio de contener el flujo de esos visitantes no deseados.

Por otra parte, la UE eliminó el requisito de visa para los ciudadanos turcos y estableció una especie de programa de “uno por uno”, es decir, por cada refugiado sirio o afgano que Turquía acepta, la Unión Europea recibe a un turco que puede integrarse con mayor facilidad del mercado de trabajo.

Reciprocidad indispensable

En cuanto al caso mexicano, si este país cumple con frenar la migración indocumentada no mexicana en tránsito a Estados Unidos, debe exigir a Donald Trump y su equipo detener el tráfico ilegal de armas a nuestro territorio, unas 2,000 por día, según The Brookings Institution.

“Así como Estados Unidos mezcló arbitrariamente el tema migratorio con el comercial México está en su derecho de unir lo migratorio al tema de las armas que genera carretadas de dinero a los fabricantes norteamericanos, y vincularlo  a la exigencia nunca atendida de reducir la insaciable demanda estadounidense de drogas”, propone Rosales.

Para fortalecer la capacidad negociadora de México algunos analistas han recomendado acercarse a China.

Sin embargo, Valdés y Rosales lo consideran poco viable si entra en vigor el T-MEC, porque el mecanismo plantea restricciones a esa asociación, comenzando por la prohibición a firmar tratados de libre comercio con países que no tienen economía de mercado, como es el caso del Gigante amarillo

Soledad voluntaria

No deja de ser urgente que México vuelva a trabajar en una estrategia de diversificación comercial profundizando los acuerdos que ya tiene con Canadá, como el de envío de trabajadores migrantes temporales, y cerrar filas con su actual gobierno de centro izquierda, el cual se ha mostrado amigable en asuntos concretos como retirar el requisito de visa a mexicanos.

Para Rosales es importante recordar que fue gracias a la férrea oposición de ese socio norteño que Estados Unidos no concretó su intención de encomendar a tribunales estadounidenses la resolución de controversias entre los socios del T-MEC.

Por su parte Valdés insiste en la posibilidad de acercarse más a países de América Latina, incluyendo el Brasil de Jair Bolsonaro, Europa y Asia, así como estrechar relaciones con Rusia e India.

Acto seguido el académico del CISAN revela que esto no sucederá porque el actual ejecutivo federal no muestra interés por posicionar a México en el mundo, ni por aprovechar que el país tiene una de las 15 economías más desarrolladas.

Política errónea

El presidente López Obrador parte del supuesto que la mejor política exterior es la política interior, es decir, “que basta con ocuparse de lo que ocurre dentro del país, y no es que ese aspecto no sea importante, pero no debe ser pretexto para descuidar sus vínculos con la comunidad internacional”, señala al académico.

Pero México sí ha tomado posiciones de política exterior. Una muy preocupante es la que lo aisló, como la de mantener intacto su vínculo con el régimen venezolano y su decisión de asilar al ex presidente boliviano Evo Morales.

Ha lastimado la imagen debido a iniciativas poco afortunadas como pretender una disculpa del rey de España a las comunidades originarias por la Conquista.

Además, desperdició un foro como la reciente Cumbre del G20, la reunión de jefes de Gobierno más relevante en el planeta en la que el presidente López Obrador hubiera explorado personalmente la formación de un frente común en contra de los desplantes abusivos de Donald Trump.

De la poca importancia que el Ejecutivo federal concede a las actividades inherentes a la política exterior da cuenta el hecho de que la Secretaría de Relaciones Exteriores figura entre las dependencias federales con menor presupuesto.

Rumbo peligroso

Esta inercia del gobierno mexicano podría resultar costosa en el corto plazo.

Ya lo advirtió recientemente la ex embajadora estadounidense en México, Roberta Jacobson, en entrevista con la BBC. Para ella, el presidente López Obrador “va a darse cuenta muy pronto que no se puede aceptar siempre las demandas de un matón como Donald Trump”.

Podría tener un punto la exfuncionaria, si recordamos una de las frases más célebres del mandatario estadounidense: “Me gusta provocar a mis adversarios para ver cómo reaccionan, si son débiles los aplasto y si son fuertes, negocio”.

“Están por venir momentos muy ríspidos en la relación bilateral”, advierte Rosales con la vista puesta en las próximas elecciones presidenciales estadounidenses, programadas para noviembre de 2020.

Rumbo a esos comicios Donald Trump se valdrá de su redituable discurso antimexicano para alejar el debate de temas que pueden dañarlo y al mismo tiempo allegarse los votos que garanticen su permanencia en la Casa Blanca. Sus comentarios sobre los cárteles mexicanos lo prueban.

Ignorar esa realidad y no prepararse para enfrentarla “es tan absurdo como peligroso”, sostiene el académico de la FES Acatlán.

Nuevas estrategias

Además de mayor determinación, para negociar ventajosamente con Trump o con cualquier otro líder estadounidense México necesita revisar ideas, conceptos y prejuicios que tiene sobre su poderoso vecino.

Hasta ahora el Estado mexicano ha carecido de agenda estratégica que, de una vez por todas abandone atavismo para enfocarse en las ventajas que le otorga su vecindad, señala el politólogo Carlos Manuel López Portillo, catedrático de la Escuela de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Panamericana.

López Portillo resalta que los usos y costumbres de la política mexicana han ensalzado el antiyaquismo como una demostración de amor patriótico que se alimenta del resentimiento por afrentas no superadas, como el despojo de territorios a mediados del siglo XIX.

Ese ánimo ha ocasionado que México cometa gravísimos errores diplomáticos como cuando se demoró en ofrecer condolencias luego de los atentados terroristas de septiembre de 2001 en Nueva York.

En nuestro país pesa todavía el prejuicio ideológico de que mayor cooperación con su vecino norteño implica traicionar sus vínculos con Latinoamérica.

“Resulta patético y absurdo mantener esa creencia porque más allá de los discursos que reivindican la unidad de la región, todos los países del subcontinente desearían ocupar su lugar”, señala el politólogo.

Por su parte, Valdés y Rosales concluyen que México debe buscar mayor integración, siempre y cuando responda a sus intereses de prosperidad y respeto a su dignidad como país independiente.

Seis Lecciones para negociar con Donald Trump

Quienes han tratado con Donald Trump lo describen como rudo, provocador e insistente. Al mismo tiempo advierten que su pragmatismo lo aleja de la intransigencia, simplemente quiere ganar.

En este sentido, el empresario mexicano Carlos Slim definió públicamente que el gobernante “no es terminator, es negociator”, y recomendó leer las lecciones para negociar que el inquilino de la Casa Blanca anotó en su primer libro The Art of The Deal.

A continuación media docena de esas “lecciones” que las autoridades mexicanas podrían revisar para tomar acción:

1.- Apuesta por la confrontación directa, no la rehúyas, ya llegará el momento de ponerse amigable.

2.- Jamás comiences una negociación si no sabes de lo que estás hablando, debes saber todo del asunto a tratar.

3.- Sé audaz y no temas a la controversia, genera noticias gratuitas.

4.- Usa tus armas (conocimientos) y muéstrate despreocupado, capaz de enfrentar las consecuencias que genera tu posición.

5.- Protégete de lo malo (parte del peor escenario) y lo bueno sucederá por su cuenta.

6.- Diviértete, la negociación es un juego que requiere destreza y buenos reflejos, desplazamientos rápidos y varios encontronazos.

Por Pedro C. Baca*

*Versión adaptada del reportaje ¿Cómo negociamos con Donald Trump? publicado en la edición impresa de Contenido en agosto 2019.