Un año de gobierno de López Obrador. Columna de Sergio Sarmiento

Parece difícil pensar que ha transcurrido solamente un año del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Ha sido tan frenética la actividad del presidente, y tan intensa su presencia en medios, sobre todo a través de las mañaneras, que parecería que lleva mucho más tiempo en el cargo.

El presidente López Obrador ha revolucionado la comunicación política y ha alcanzado altos niveles de popularidad. Ha inventado el nombre de Cuarta Transformación para identificar su régimen y su optimismo entusiasta ha contagiado a amplios sectores de la población. Una y otra vez ha declarado: “Vamos muy bien, requetebién”.

El gobierno ha comprado popularidad repartiendo dinero público en subsidios directos. Ha ampliado, por ejemplo, el programa de apoyo a los adultos mayores y ha creado Jóvenes Construyendo el Futuro, un subsidio a las empresas que contratan a jóvenes que no estaban estudiando ni trabajando. Muchos de estos programas sociales, sin embargo, carecen de instrumentos de medición o reglas claras por lo que no conocemos realmente sus beneficios o si están registrando abusos o actos de corrupción.

En el campo económico ha habido un retroceso. López Obrador, es cierto, heredó una expansión mediocre, de sólo 2% al año, pero en lugar de elevarla la ha borrado. La economía estuvo estancada en los nueve primeros meses de 2019 en comparación anual. Esto se debió en parte a la cancelación de proyectos de construcción como el aeropuerto de Texcoco, sin que de momento se pudieran echar a andar otros, como el aeropuerto de Santa Lucía, el Tren Maya o la refinería de Dos Bocas. Su administración ha tomado una serie de medidas contra la industria de la construcción y la farmacéutica, entre otras, que han obstaculizado la actividad y la inversión. La inversión fija bruta tuvo cifras negativas durante buena parte del año, aunque mostró un repunte en agosto.

Del lado positivo, la inflación bajó a 3% anual, mientras que el peso se mantuvo estable, en buena medida gracias a un férreo control del gasto público. Estos éxitos financieros, que habrían llenado de orgullo a los gobiernos más neoliberales, afectaron en cambio programas de gasto muy importantes, como la adquisición de medicamentos, el Seguro Popular (que fue cancelado), la ciencia, la cultura, el arte, las estancias para hijos de mujeres trabajadoras y muchos más.

La columna completa está disponible en la edición impresa del mes de diciembre de la revista Contenido.

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