Para seguir a las brujas

De los seres mitológicos estos son especiales: sobrevivieron cacerías, torturas atroces, desconfianza pública pero su legado aún es relevante. Acompáñenos a un viaje de la mano de las brujas.

pxhere.com /01/NOV/2019
Foto: Pxhere

 

La inevitable referencia o gusto por el Halloween nos remite a seres fantásticos y a un fenómeno cultural que algunos creen superado, pero que permea hasta nuestros días. Muestra de la fascinación que ejerce son el sinfín de películas de culto, libros y festivales que evocan tiempos pasados medievales e incluso series revividas en plataformas de streaming como El mundo oculto de Sabrina –y hasta la reimpresión de su cómic– además de muchos otros eventos que se niegan a abandonar las características de la bruja, sea esta europea, americana o africana.

Como se sabe, en la Edad Media y con una Iglesia católica en el apogeo de su poder, algunos investigadores califican este periodo como uno donde la “histeria colectiva” campeaba contra todo aquella práctica que no estuviera prohibida por las cúpulas eclesiásticas. Y para esos ritos había una acusación genérica: “brujas”.

Pero mucho antes, en la Antigüedad, no se podía concebir la idea de religión o de política sin la ayuda de un consejero, cuya sabiduría o “poder sobrenatural” guiara a los líderes tanto para decisiones cotidianas –como cuál era el día idóneo para dar un anuncio–, tanto para manipular o predecir fenómenos naturales que pusieran en riesgo los cultivos.

Así, aún se recuerda el oráculo de los griegos o los intérpretes de sueños, adivinos y amuletos de los egipcios. Y de todo eso perviven recuerdos, como en algunas regiones de África, Haití u otros países latinoamericanos e, incluso, en algunos parajes de Estados Unidos, donde la calamidad y la desgracia no se pueden explicar sin “el mal de ojo”, el vudú o la intervención de espíritus o ánimas.

Pero es un hecho que aquella imagen de los hechiceros sabios, las ancianas con conocimiento milenario o los adivinos se vio relegada con el tiempo, primero por las religiones y posteriormente opacada por la ciencia.

Lo que ella hace es mágico

En nuestros tiempos modernos y racionalizados la concepción de magia ha tomado vertientes variadas. Por un lado se sigue recurriendo al conocimiento milenario de mujeres expertas en sanación por medio de las plantas, a las parteras, las chamanas, a aquellas que quitan el empacho o arreglan los huesos. Pero también, en un extremo opuesto, están aquellas quienes aseguran tener conocimiento para manipular la realidad con fines oscuros, las que ofrecen limpias, amarres, amuletos o veladoras para conseguir favores.

Unas y otras atienden a su clientela en casas, chozas, mercados o incluso “clínicas”. Hay quienes con un dudoso conocimiento prometen soluciones mágicas a cambio de un precio módico (o no tanto). En una era donde la ciencia y la tecnología ganan espacios todos los días, pareciera que la sociedad permite reductos donde las antiguas disciplinas aún tienen cabida.

El culto a un único Dios en nuestros días es casi opcional en muchos países del mundo. Y en México, a pesar de que por siglos se impuso una Inquisición y se acataban órdenes desde concilios en el Vaticano, y donde la curiosidad por lo místico y lo mágico entrañaba fuertes riesgos, todavía hay situaciones y eventos que esperan ser explicados por lo científico y que escapan a lo puramente racional. Es ahí donde entran en materia ciertas especialistas que presuntamente señalan cuál será nuestra fortuna en el amor, cuándo y cómo vendrá el éxito económico o la impredecible muerte.

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Bueno pero, ¿qué es una bruja?

De todas las supuestas criaturas de la noche esta fue la única que desató una fiera cacería que cobró víctimas, mujeres en su gran mayoría. ¿Qué fue lo que desató ese temor y cómo se desarrolló la mitología alrededor de las brujas? Hoy el imaginario público está repleto de socarronas damas que vuelan montadas en escobas, y que podrían hacer cosas malas para dañar a terceros, pero en sus orígenes el concepto de brujas o hechiceras se dio “a finales del Medievo, con el escrito de tres frailes, El martirio de las brujas [Malleus maleficarum, 1486], el cual se hace en un entorno oscurantista y una persecución contra mujeres que hacían ciertos ritos. Basándose en este tratado –que sí estaba documentado–, muchos eruditos y artistas comenzaron a pintarlas y representarlas, pero llevados por su imaginario las plasmaron diferente”, dice Antonio Zamudio, parapsicólogo experto en el tema.

Cada quien le dio la carga simbólica que quiso, pero con frecuencia “las brujas son retratadas con un gato, cuervo o un búho, pues de acuerdo a El martirio de las brujas, en el contexto social, esos eran demonios familiares y eran otorgados por duques negros o por demonios mimetizados con un animal endémico de la zona”, puntualiza el investigador de ciencias ocultas.

Hay otros símbolos, como la escoba, un elemento que se ha interpretado de múltiples maneras. “Las brujas de hoy ocupan esos simbolismos, pero más que [un instrumento para] conectar con la Madre Tierra, representaba el falo del macho cabrío, y al montar una escoba, ellas creían volar y alcanzaban un éxtasis muy profundo, con la finalidad de entrar en comunión con un demonio”, refiere el parapsicólogo.

Debido a que en el siglo XVI en Europa la mayor parte de los líderes no contaban con grados de estudio más allá de la primaria, y las mujeres aún tenían prohibida la educación, no era de extrañar que se hicieran reuniones de féminas a las que se les llamaron aquelarre, y “que respondía a una simple razón: sabiduría. Ellas invocaban a un demonio, hacían un vínculo o comunión en pos del conocimiento”, dice Antonio Zamudio. Sostiene que estas mujeres “querían tener el conocimiento total del universo: herbolaria, astronomía, naturaleza, eran muy sabias, pero la Iglesia católica no lo permitía”, asevera el también psicólogo.

Así, el conocimiento de estas eruditas no tenía que ver sólo con sus rituales o pactos con el inframundo, sino con descubrimientos y estudio sobre ciertos temas relacionados con ungüentos o plantas, lo que terminaba por convertirlas, si las viéramos con ojos modernos, en investigadoras. Pero en tiempos del Oscurantismo “se exterminó todo lo que estaba en contra de la religión, tenían que desmantelar a esos grupos de mujeres que tenían comunión con el diablo y que ejercían poderes sobre los hombres; había que quemarlas a todas”, agrega el investigador.

El reportaje completo está disponible en la versión impresa de la Revista Contenido.

Por Ximena Cueto

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