domingo , diciembre 15 2019

Te puede interesar

De un día para otro: playa amanece con toneladas de botellas plásticas

En febrero 2020 ocurrirá el Brexit; Boris Johnson obtuvo la victoria

Que no se te pase: anuncian megacorte de agua en Edomex

Revolución mexicana: Zapata, el caudillo eterno

Su nombre se escucha en casi todas las marchas sociales. ¿Por qué a 100 años de su muerte Zapata sigue tan vigente? ¿Por qué nos sigue atrayendo tanto?

Este año fue declarado oficialmente “2019, Año del Caudillo del Sur, Emiliano Zapata”. Exposiciones, eventos, murales, representaciones se han creado en México y el mundo para celebrar al hombre que puso de cabeza al país con un solo objetivo: justicia social.

Contenido evoca los pasos del caudillo guiado por don Tiburcio Zapata, uno de sus nietos que nos recibe en su sencilla casa en Anenecuilco, Morelos. En la pared central de la sala está la icónica imagen de Francisco Villa, sentado en la silla presidencial, junto al general Zapata. Tras Villa se asoma la cabecita de un niño: “Él era mi padre Nicolás Zapata, fue el primer hijo del general y formó parte del ejército zapatista”, comenta orgulloso.

Tiburcio relata que su padre fue capturado por los federales y salvó su vida gracias a que se cambió el nombre y nadie lo denunció. Junto con Zapata vivió hambre y sed durante la lucha: “Estaban rodeados en un cerro, no tenían comida ni agua y tuvieron que beber los orines de animales para sobrevivir”.

Tras la muerte de Emiliano, muchos familiares huyeron por la persecución política, otros negaron su parentesco. “Hoy todos dicen ser descendientes, pero es a nosotros a quienes nos buscan”.

Nicolás Zapata fue presidente municipal de Cuautla, diputado local y federal. Actualmente don Tiburcio continúa con el legado de sus ancestros y dirige una asociación civil para la gestión de apoyos gubernamentales y solución de problemas.

Tras la muerte del caudillo y el reparto de tierras, Anenecuilco vivió una época de prosperidad gracias al cultivo de cebolla con calidad de exportación, hasta que la delincuencia llegó.

“Si el general Zapata viviera los detendría pues están obligado a las familias a abandonar las tierras que él les entregó y por las cuales ofrendó la vida”, puntualiza don Tiburcio.

Pero no sólo en Anenecuilco se clama a Zapata, en toda marcha se escucha su nombre sin importar la petición: encontrar desaparecidos, reconstrucción tras los sismos, rodadas ciclistas, etcétera.

Ni los nombres de Venustiano Carranza ni de Álvaro Obregón, cuyos restos descansan en el Monumento a la Revolución, se evocan. Ni siquiera Pancho Villa es tan mentado como el Atila del Sur.

¿Por qué está tan vigente?

“Zapata es el símbolo de [el combate a] la injusticia en todos los sentidos, injusticia que sigue presente no sólo en los pueblos sureños, sino en todo el país”, afirma el doctor en Historia Enrique Anzures Carrillo, director del Museo Casa Zapata, en Anenecuilco, Morelos.

“Su lucha evidenciaba la desigualdad que continúa y genera problemas sociales”, agrega la doctora en Historia Laura Edith Bonilla, académica de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán, de la UNAM.

Para Felipe Ávila, director del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (Inehrm), Zapata se adelantó muchas décadas a problemas que incluso hoy siguen vigentes: revocación de mandato, igualdad de género, eliminación del ejército permanente, democracias más participativas con una sociedad civil organizada. “Por eso me parece importante revisar lo que hizo Zapata, el país que concebía, lo que quería hacer, porque sigue siendo de una enorme actualidad”, reflexiona.

Por Mariana Chávez

El reportaje completo está disponible en la versión impresa de la Revista Contenido correspondiente a Noviembre 2019.