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Revolución mexicana: ¿made in USA?

El movimiento armado que derrocó a Porfirio Díaz fue una suma de factores internos pero la ecuación resulta incompleta si no se toma en cuenta la presencia de gobiernos y compañías extranjeras que libraron aquí una peculiar batalla durante la Revolución mexicana.

El próximo año se cumplirán 110 años de la revuelta que causó la caída de un régimen que duró más de 30 años en el poder. Aún en los libros de texto gratuitos se sigue enseñando que la Revolución mexicana fue un movimiento encabezado por Madero para luchar contra la dictadura de Porfirio Díaz. Sin embargo, una corriente de historiadores ha empujado para que también se tomen en cuenta otros factores y personajes que intervinieron en la gestación del movimiento, que si bien no fueron determinantes sí influyeron en el rumbo de la gesta.

Como se sabe, “la mexicana fue una suma de revoluciones de diferente composición social con actores, demandas y temáticas; de ahí que sean distintas la zapatista, la villista, la constitucionalista y la maderista”, señala el doctor Felipe Ávila director del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (Inehrm).

El también coautor del libro Breve historia de la Revolución mexicana publicado por editorial Crítica distingue varias etapas en esta gran revuelta: la inicial, encabezada por Madero, que va del 20 de noviembre de 1910 a su asesinato en la llamada Decena Trágica en 1913; la segunda fase que es la lucha contra la dictadura de Victoriano Huerta, de marzo de 1913 a julio de 1914; luego viene la guerra entre los revolucionarios Villa y Zapata contra Carranza y Obregón, entre 1914 y 1915; por último la etapa de consolidación del triunfo constitucionalista de 1916 en adelante.

Uno de los libros capitales para entender el asunto de la participación extranjera en la Revolución mexicana es el clásico La guerra secreta en México del historiador Friedrich Katz, señala el historiador Iñigo Fernández de la Universidad Panamericana. Esta obra rompe con la tradición de sólo ver a nuestra revuelta como algo interno, y pone al movimiento mexicano dentro de la globalización y las intrigas internacionales.

Katz revelaba que no sólo las fuerzas internas dentro del territorio mexicano fueron determinantes para la caída del Porfiriato, sino también las potencias extranjeras, concretamente las de grupos económicos de Estados Unidos y Europa.

El investigador austriaco advertía que en México, a diferencia de otros países de América Latina, concurrieron tres factores: “La expropiación de las tierras comunales de las comunidades campesinas en el centro y sur de México; la transformación de las frontera con indios nómadas en una frontera con Estados Unidos y su consiguiente integración política y económica al resto del país así como a la esfera de influencia de EU y el surgimiento de México como escenario principal de la rivalidad europeo-norteamericana en América Latina” (Ver: La guerra secreta en México, Contenido, Mayo 1983).

El nefasto 1908

Los motivos que fueron sublevando el entorno de Porfirio Díaz –conflictos agrarios, cuestiones laborales, la cerrazón del gobierno– que luego derivaron en la rebelión de Madero no se explicarían sin lo que pasó en 1908. El historiador Luis González y González, citado en el libro A la sombra de la Revolución, enumera algunas de las causas: lluvias y sequía, heladas, temblores, baja en la producción de maíz y de frijol, los productos industriales se detuvieron en 419 millones de pesos, las industrias minera y metalúrgica, las compras al exterior descendieron 8% y la balanza comercial tuvo un saldo adverso. “La crisis económica afectó, como de costumbre, a los más amolados, el deterioro de la vida material intensificó el disgusto social, ya tan fuerte antes de la crisis. El país estaba maduro para la trifulca”.

También en este año se suma la famosa entrevista que Porfirio Díaz brindó al reportero estadounidense James Creelman, la cual desató la jauría de la oposición con folletos, libros, asambleas, organizaciones y partidos. Con cierta suspicacia el periodista y autor del libro Secreto 1910, Leopoldo Mendivil, señala la presencia de intereses más fuertes y poderosos para publicitar la citada conversación: “Fue increíble que la frase estuviera en las primeras planas de todo el mundo, como diciendo, ‛ya que se vaya el viejo’, y no es quitarle méritos a los ideólogos, pero difícilmente lo hubieran logrado de no ser por el apoyo increíble en dinero”. Empresarios estadounidenses estuvieron detrás para impulsar una campaña en contra de Díaz porque este ya no servía a sus intereses, considera Mendivil.

Por si fuera poco, al funesto 1908 se debe agregar el cuasi rompimiento de las buenas relaciones con Estados Unidos debido a que se otorgó la concesión a la compañía petrolera inglesa El Águila Pearson, donde incluso el hijo de Porfirio Díaz fungió como directivo.

El reportaje completo está disponible en la versión impresa de la Revista Contenido

Por Alberto Círigo