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El chocolate, bebida prohibida

En este Día del Chocolate y el Cacao recordamos un artículo de nuestro columnista, el historiador Manuel Ramos Medina, sobre los orígenes  y algunos datos curiosos de esta bebida.

 

El consumo de esta popular infusión despertó una polémica que motivó la publicación de algunos libros sobre el tema y que amerita una revisión.

El origen de la palabra chocolate es muy variado. Y claro, se le han atribuido diversas interpretaciones. La más socorrida es que proviene del náhuatl xocoatl, de xoco, amargo y atl, agua. Lo que sí sabemos es que se desprendió de una semilla llamada cacao y que era una bebida ritual, mezclada con agua, en el mundo prehispánico. Hasta donde conocemos sólo la ingería la clase dominante: sacerdotes y dirigentes. El pueblo no la consumía.

Cuando la conocieron los occidentales la fueron transformando a lo largo de los siglos, convirtiéndola en una bebida común. En vez de agua, se fue tomando con leche, vainilla, canela y hasta chile. Es decir, es un alimento que se mestizó.

Así, la bebida que otrora fuera ritual, se convirtió en un alimento popular al que sólo distinguía el recipiente en que se degustaba: para los ricos, chocolateros hechos de la corteza del coco montados en plata; para el pueblo, jarros de barro que conservaban bien el calor. Con el fin de producir una espuma atractiva se usaron objetos tallados en madera que al frotarlos con las manos desprendían un delicioso aroma provocando un cambio en su apariencia y presentación.

La fama del chocolate llegó a Europa y se empezó a consumir a tal grado que fue la delicia de las mesas aristócratas. En París, fue famosa la chocolatería Angelinna, que aún existe justo frente al Museo del Louvre, donde los ilustrados dieciochescos se reunían en tertulias acompañados de la bebida americana. El chocolate permeó, en el caso de la Nueva España pero no exclusivamente, al Clero secular y al regular. Thomas Gage, el famoso viajero inglés del siglo XVII dejó testimonio de la riqueza del clero y cómo se destacaba por beber el chocolate. Incluso anota que en Ciudad Real (hoy San Cristóbal de Las Casas, Chiapas), cuando el obispo prohibió que el chocolate se bebiera en la iglesia, lo cual era casi normal en aquel tiempo, fue envenenado por los feligreses.

En 1636, se publicó en Madrid el libro Cuestión moral. Si el chocolate quebranta el ayuno eclesiástico, escrito por Antonio de León Pinelo. Su autor fue un criollo limeño, perteneciente al Virreinato del Perú. Su inteligencia lo llevó hasta Madrid, donde se desempeñó como Cronista de Indias, abogado y burócrata al servicio de la Corona de España. Entre sus obras destacan diversos tratados como la Recopilación de las Leyes de Indias, Epítome a la Biblioteca Orienta y Occidental, Historia Natural de las Indias, y hasta un interesante escrito, Velos antiguos y modernos en los rostros de las mujeres, sus conveniencias y daños, Ilustración de la real pragmática de las tapadas.[1]

Pero, ¿a qué respondía una publicación de más de 130 páginas en que se ponía en duda si el chocolate rompía el ayuno eclesiástico? ¿Los calificadores de la obra la censurarían positivamente? Según Sonia Corcuera de Mancera[2], presentó tres calificaciones para poder publicar este libro: la primera, en que no se halló cosa alguna contra la religión y las buenas costumbres; la segunda, que gustó enormemente la descripción en torno a la bebida en cuestión; y la tercera, porque a partir de las descripciones del autor se podrían regular las observancias en torno a los ayunos prescritos para comulgar, particularmente entre el Clero.

En suma, lo que el autor recomienda es guardar el ayuno durante 12 horas antes de celebrar la misa por sacerdotes y para el pueblo. Basado en autoridades, los Evangelios, Padres de la Iglesia y otros, De León Pinelo sustenta lo que debe ser el ayuno como forma de respeto al consumir el cuerpo de Cristo en forma de pan.

Según algunas interpretaciones populares y ahora también científicas, el chocolate posee efectos euforizantes y estimulantes como la feniletilamina, que produce bienestar; antioxidantes y hasta propiedades afrodisiacas. Qué lejos estaba De León Pinelo de llegar a estas acertadas afirmaciones científicas, pero por otro lado qué cercano del cuidado que el Clero debía tener respecto a la exageración de la bebida. Y las monjas carmelitas, tan celosas de sus votos, en Nueva España profesaron su propia restricción: no beber chocolate ni permitir que se bebiera en el convento.

La investigación de esta bebida, ahora tan común, nos puede llevar a un estudio que nos llenaría de asombro desde su origen prehispánico hasta su consumo a nivel mundial, como una de las grandes aportaciones de México.

Mediante la interpretación histórica también podemos acercarnos a la vida cotidiana de una sociedad. Quedaría por acercarnos al tema del chile, la calabaza, el jitomate y otros. Por lo pronto, buen provecho con un chocolatito bien caliente y unas conchas o churros.

 

[1] Antonio Rubial García. Bibliografía de Historia Novohispana.

[2]Sonia Corcuera de Mancera, Prólogo, en Antonio de León Pinelo. Questión Moral. Si el chocolate quebranta el ayuno eclesiástico. México, 1994. Edición facsimilar. Centro de Estudios de Historia de México Condumex.

Por Manuel Ramos Medina