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¿Sabes dónde está la Fuente de san Onofrio que apareció en Star Wars?

Muy conocida por su aparición en el Episodio VIII de Star Wars, esta fuente tiene una historia que cuenta ella misma. Conócela.

Foto: Fernanda de la Torre

El agua es vida y mis muros están hechos para eso, dar vida. Las comodidades de la modernidad nos han llevado a pensar que obtener agua es algo muy fácil, pero no siempre fue así. Cuando me construyeron nacía el Imperio Mexica en Tenochtitlan, tras la derrota de Azcapotzalco por la Triple Alianza, aunque no lo sabíamos, pues lo que luego llamaríamos el Nuevo Mundo no había sido descubierto. De este lado del Atlántico, iniciaba el poderío de los Médici en Florencia.

Las ciudades necesitan agua. Ragusa (como se conocía entonces a Dubrovnik), a pesar de ser un puerto, carecía de un río que la cruzara. La ciudad crecía sin pausas. En 1436 llamaron a dos ingenieros napolitanos para planear y construir una de las grandes –y más necesarias– obras de arquitectura de la ciudad: un acueducto. Procedentes de Nápoles, llegaron Onofrio della Cava y Adreuzi de Bulbito por invitación de un fabricante de lana, Jacob Cotrullius, ya que el agua era indispensable para su negocio. Los napolitanos se comprometieron a terminar el acueducto subterráneo en menos de dos años y llevar el agua del manantial de Vrelo, ubicado a 12 kilómetros, al centro de la ciudad. Se acordó que estaría en la calle principal, al frente del Monasterio de las Clarisas. Onofrio cumplió su palabra y finalizó el acueducto.

Yo soy el edificio que remata tal hazaña. Modestia aparte, Onofrio hizo un trabajo excepcional. Una estructura poligonal de 16 caras, rematada por una cúpula en mi parte superior. Cada una de mis caras tiene rostros de seres humanos o animales esculpidos en forma de máscara (maskeroni) de donde brota agua. Sobre la cúpula un dragón alado se erguía majestuoso. El tiempo me ha trasformado pero no ha mermado mi brillo. He sido protagonista, en estos casi seis siglos, de cuadros, grabados, fotografías y he aparecido en series y películas renombradas como Star Wars.

El esmero de Onofrio fue recompensado; no sólo recibió el dinero acordado por el trabajo, sino que me dieron su nombre: Fuente de Onofrio. Bueno a mí y a mi “hermana” menor, ya que Onofrio construyó otra fuente más pequeña en el otro extremo de la ciudad, la Pequeña fuente de Onofrio, la llaman todos.

Al igual que la mayoría de mis hermanos en la ciudad, el terremoto que azotó Ragusa en 1667 casi termina conmigo. Varios de mis maskeroni cayeron, rompiéndose en mil pedazos. Mi cúpula se rajó y las esculturas que Onofrio mandó poner sobre ellas, como mi precioso dragón alado, se perdieron para siempre. Afortunadamente, me restauraron y lo han seguido haciendo con el paso de los siglos. Soy la única fuente de la ciudad que no descansa. De mis entrañas brota agua pura y fresca, perfecta para beber, de forma gratuita, las 24 horas del día, los 365 días del año a quien lo desee.

Durante más de cinco siglos he sido el punto de encuentro de la ciudad. En un inicio llegaban con sus cántaros de cerámica, barro o cubetas de madera desde temprano a recoger el vital líquido. La gente aprovechaba para ponerse al día en las noticias y chismes de la ciudad mientras llenaban sus recipientes con agua. He escuchado tantas conversaciones en diversas lenguas que ya he perdido la cuenta. A pesar de los avances hidráulicos que se han dado en estos años, todavía se acercan jóvenes de todo el mundo a llenar de agua sus botellas para apagar su sed. La frase “nos vemos en la fuente…”, sigue siendo tan vigente y utilizada como lo fue hace años.

He sido testigo de la historia y he visto muchos cambios. He vivido épocas de guerra y tiempos de paz. Mi ciudad y mi país han cambiado de nombre. Sin embargo, les puedo asegurar que las preocupaciones y alegrías de quienes vienen en busca de agua no han cambiado, no importa el tiempo, su lengua, religión o color de la piel. Todos buscamos lo mismo: agua para apaciguar nuestra sed, seguridad para nosotros y nuestros hijos, encontrar el amor y vivir en paz. Siempre he pensado que si nos enfocáramos en lo que nos une, en vez de lo que nos divide, viviríamos en un mundo mejor.

Por Fernanda de la Torre