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Secretos de las pirámides mexicanas

Una de las herencias más importantes de las civilizaciones mesoamericanas son sus yacimientos arqueológicos y sus pirámides, que despiertan el interés de estudiosos y curiosos por las múltiples enseñanzas que guardan en sus entrañas.

 

La tumba eterna de Pakal

Enclavada en medio de la selva del sureste de la cuenca del río Usumacinta, la zona arqueológica de Palenque, Chiapas, una de las ciudades más enigmáticas de los mayas, se mantuvo oculta por más de 500 años desde el momento de su abandono hasta finales del siglo XVIII, cuando fue redescubierta por las primeras expediciones novohispanas que encontraron algunos bloques de piedra entre la densa vegetación.

Probablemente esos exploradores jamás imaginaron que cada paso los acercaba a revivir las ruinas de decenas de pirámides, plazas, palacios, tumbas y acueductos de Palenque llamada por los mayas Lakamha, que junto con Tikal (Guatemala) y Calakmul (Campeche) fueron las ciudades más poderosas del periodo Clásico maya (200-900 d.C.), que durante su esplendor llegó a albergar unos 8,000 habitantes. En 1987 el sitio fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Y no fue sino hasta 1952 que el arqueólogo Alberto Ruz Lhuillier (1906-1979) ingresó por primera vez a un pasaje que semejaba el inframundo, con lo cual daba inicio al descubrimiento más importante de la arqueología mexicana en el siglo XX y de nuevos hallazgos en una de las zonas arqueológicas más estudiadas del país tanto por expertos nacionales como internacionales.

Ruz entró al interior del túnel que conduce a la cripta del gobernante Pakal (K’inich Janaab’ Pakal, 603-683 d.C.) constructor, escritor y líder de una poderosa dinastía que vivió un momento de gran esplendor bajo su largo reinado. En esta época –dice el doctor en Arqueología, Rodrigo Liendo Stuardo, académico del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, que por 20 años exploró parte de los 470 km2 de Palenque además de las cercanas ruinas de Chinikihá– se erigieron numerosas pirámides, palacios, templos y edificios, entre ellos el Templo de las Inscripciones, que tiene la tumba monumental del monarca llamada La Casa de los nueve acompañantes, debido a las pinturas murales de nueve personajes que representan a los señores de la noche o Bolontiku.

No obstante, para que Ruz pudiera acceder al sarcófago debió superar un último obstáculo, una lápida de casi siete toneladas de peso con un enigmático bajorrelieve detallado con la imagen del gobernante en su viaje al inframundo (Xibalbá), que describe la cosmogonía maya respecto de la muerte.

Cuando la lápida fue presentada ante la prensa, algunos intentaron ver en ella una nave espacial, de ahí que Pakal sea conocido como el “astronauta” maya de Palenque.

Sus restos óseos aportaron la pista definitiva del último rey al lado de un ajuar compuesto de su máscara elaborada con más de 300 piezas de jade, la más famosa del mundo mesoamericano, además un collar de jade, orejeras, anillos y brazaletes. Sus inscripciones jeroglíficas no sólo ofrecen la identificación del sitio, también dan cuenta de las alianzas matrimoniales, políticas y las disputas con el vecino señorío de Yaxchilán, Chiapas, que habrían de acompañarlo en su descenso al inframundo.

Casi siete décadas más tarde, el acceso a la tumba de Pakal I en el Templo de las Inscripciones se mantiene cerrado al público debido a su descomposición; hay un constante monitoreo de la humedad y la temperatura del lugar.

 

La misteriosa tumba maya de la Reina Roja

Otro hallazgo importante en Palenque fue la tumba de la esposa de Pakal. En 1994, mientras buscaban un piso fue descubierto por casualidad el sepulcro de la aristócrata Tz´ak-b´u Ajaw, en el edificio XIII o Templo de la Reina Roja, ubicado a la izquierda del Templo de las Inscripciones.

Del monumental sarcófago resplandecía el color rojo relacionado con el oriente, lugar por donde resucita el sol cada mañana. Ese polvo era cinabrio, un tóxico que cubría los restos óseos, una diadema de jade, una máscara de malaquita, un cinturón con una máscara de jade, collares, pulseras, perlas, agujas de hueso, navajitas de obsidiana y conchas, dice el arqueólogo.

La comparación del ADN de la Reina Roja con sus hijos constituyó la prueba de que era la esposa de Pakal I, quien contrajo nupcias con el único propósito de reforzar las alianzas políticas. Dos de los hijos también fueron soberanos de Palenque.

Con sus investigaciones, el arqueólogo Ruz descubrió que Pakal perteneció a una dinastía familiar de gobernantes. Él en la cúspide y debajo una élite aristocrática que detentó el poder económico, político, religioso y bélico, abandonada en el año 800 d.C., similar a otros reinos mayas independientes en un área que comprende unos 300,000 kilómetros cuadrados, de la que falta por descubrir la vida doméstica y la historia de otras familias gobernantes, dice el experto.

“Lo primero que impresiona del asentamiento en medio de la selva es la conservación de la diversidad ecológica. Imagina que fuéramos los primeros exploradores que visitamos a Pakal. Un soberano educado que construyó una ciudad planificada y nos lleva a alguno de sus edificios blancos, amplios y luminosos construidos de piedra y cal en medio de la selva y ríos. Un hombre que cuidó el diseño, la estética y el medioambiente, responsable de proteger el límite sur del territorio maya de posibles ataques bélicos y que además mantuvo el comercio del jade hasta Guatemala”, explica admirado el doctor Liendo Stuardo.

Dato: En el Museo Nacional de Antropología de la CDMX se halla la máscara de Pakal. En el Museo de Palenque está la máscara de malaquita de la Reina Roja.

Tulum, paraíso amurallado y sagrado

Esta ciudad amurallada de la costa oriental quintanarroense, llamada originalmente Zamá, impresiona por su inigualable belleza edificada en el Postclásico tardío maya. En ruinas adquirió el nombre de Tulum, ubicada a 127 kilómetros al sur de Cancún, Quintana Roo.

Antes de la Conquista, la península de Yucatán estuvo dividida en 19 cacicazgos. Ecab comprendió a Tulum extendido desde el cabo Catoche hasta la bahía de la Ascensión, con centenares de casas, una plaza, pirámides y mercados, cita el capitán Fernando González de Oviedo y Valdés en su libro Historia General y Natural de las Indias, Islas y Tierra Firme del Mar Océano (1851).

A diferencia de Tulum y Tenochtitlan todas las demás ciudades (Tikal, Yaxchilán, Palenque y Copán) fueron abandonadas antes de la llegada de los conquistadores. Tulum vivió años de esplendor igual que Tenochtitlan al ser un importante centro marítimo y religioso. Los mayas de Tabasco, la península de Yucatán, Centroamérica pernoctaban en Tulum para navegar hacia la isla de Cozumel y adorar a Ixchel, diosa de la fertilidad, la destrucción, la Luna y apaciguadora de los mares en el santuario (sitio arqueológico San Gervasio, Cozumel), dice el doctor en Arqueología Ernesto Vargas Pacheco, del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM.

Zamá (Tulum) está rodeada por un muro perimetral de cinco metros de grosor y cinco estrechas puertas que cierran los tres flancos de acceso por tierra. Al interior, tras la Casa del Chultún, se encuentra la Casa de las Columnas o Palacio, situada frente con frente con la Casa del Halach Uinic, cuyos interiores conservan una variedad de tallas y pinturas.

A un lado, el Templo de los Frescos resguarda las pinturas de los dioses Ixchel e Itzamná (deidades de los mayas), al frente una estela y el observatorio astronómico. La plaza conduce hacia el prominente Castillo de más de 12 metros de altura, que cumplía labor de faro, y que permitió a los navegantes sortear los peligros del segundo arrecife de coral más largo del mundo. Al interior de la torre están dos ventanales de la fachada que eran iluminados por luz solar y por antorchas durante la noche. La pirámide tiene una escalinata exterior que conduce, primero, al Templo de los Series Iniciales coronado con otro edificio de tres nichos. En el Templo del Dios Descendente está la escultura de una deidad alada con la cabeza de frente, los brazos colgantes y las piernas flexionadas hacia arriba en posición de descenso, como si bajara del cielo.

En la Casa del Cenote resalta un pórtico de columnas y un santuario, donde Vargas localizó a más de un metro de profundidad una tumba de 2.75 metros de largo por 1.50 de ancho, con restos óseos de más de 400 personas, cañas de pescar y cerámica.

Dato: En 2018, la ciudad amurallada fue visitada por 2.2 millones de visitantes. El año pasado, los buzos, arqueólogos y espeleólogos descubrieron el sistema de cuevas inundadas de 347 kilómetros que conservan restos de fauna del Pleistoceno de más de 9,000 años a.C.

Calakmul: la gran urbe maya

El centro arqueológico explorado desde los años treinta del siglo XX no ha dejado de sorprender a los arqueólogos, quienes se afanan por conocer la esencia de una de las más importantes ciudades del Clásico maya (250-900 d.C.), junto con Tikal y Palenque.

Desde 2014, la antigua ciudad y las selvas fueron inscritas como primer bien mixto (natural y cultural) en la Lista de Patrimonio Mundial de la Unesco, que cuenta con más de 723,000 hectáreas, distante a 310 kilómetros al sur de Campeche.

En la reserva de la Biosfera permanecen las 1,000 estructuras de una urbe poderosa al mando de la dinastía Kaan, responsable de las relaciones exteriores, alianzas matrimoniales y económicas, convertida en una “superpotencia” y enemiga de Tikal, en Guatemala, enzarzadas en una eterna guerra por la supremacía del área maya, dice el arqueólogo Tomás Pérez Suárez, investigador del Centro de Estudios Mayas de la UNAM.

Por ejemplo, el friso de ocho metros de longitud hallado en Holmul, Guatemala, representa una escena mitológica que sugiere fuertes lazos con Calakmul. Otro relieve descubierto en La Corona, Guatemala, muestra al futuro gobernante Yuknoom Cheen II jugando durante una visita.

De este esplendor da cuenta la imponente pirámide de 55 metros de altura, una de las más grandes de la región maya, los observatorios y las tumbas de la Gran Plaza. Destacan las plazas y las 200 estelas levantadas durante el periodo Clásico; la más antigua data de 435 d.C., y un mural que resalta a la élite gobernante. También el Patrimonio Cultural de la Humanidad de la Unesco cuenta con un corredor de varios kilómetros de agua subterránea apenas en exploración.

Las más recientes exploraciones en el conjunto arquitectónico de la Gran Acrópolis y otros sectores, como la unidad habitacional Chan Chi’ich, permiten corroborar un aspecto novedoso del ordenamiento urbano asociado a un sistema de organización política en que cada grupo familiar o élite mantiene un estricto control del acceso a sus residencias.

Además, Calakmul posee finas piezas manufacturadas en jade, concha, alabastro, obsidiana y hueso y el mayor número de vestigios epigráficos de México, que refleja este interés que tuvieron las élites de darse a conocer entre otros grupos mayas. Por ahora “tenemos más preguntas que respuestas”, pues sólo se tiene idea de un área de 200 km², mientras que la región circundante, que permanece arqueológicamente desconocida, rebasa 3,000 km2, dice Pérez Suárez.

 El reino de Kukulcán

Chaltún Há es un vestigio de Izamal, a 70 kilómetros de Mérida, conectada través de un camino, dice Michelle Fridman Hirsch, secretaria de Fomento Turístico de Yucatán.

Los restos cerámicos recuperados indican una cronología para el Clásico terminal (900-1200 d.C.) aunque no se descarta que se desarrollaran actividades en épocas anteriores.

Ese sitio al lado del exconvento de San Antonio de Padua, con el segundo atrio más grande del mundo sólo después de la Plaza de San Pedro en el Vaticano, está situado sobre el basamento de Ppapp Hol Chac, residencia de los sacerdotes mayas que cubrió unas 5,300 hectáreas, con una red de calzadas.

Chichén Itzá, la legendaria ciudad maya fundada en el 525 d.C., es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 1988 y Maravilla del Mundo desde 2007. Sobresalió como centro cultural y político y fue uno de los asentamientos más extensos del centro-norte de la península de Yucatán, por la alianza con Uxmal y Mayapán.

Cuenta con ocho grupos arquitectónicos con edificios monumentales, cinco unidades habitacionales y 25 calzadas. El Castillo es famoso por la proyección de la sombra de los nueve cuerpos de la pirámide sobre la escalinata norte en los días de equinoccio. Al juego de sombras se le conoce como “el descenso de Kukulcán”. Este fenómeno marcaba el inicio de las labores agrícolas y la temporada de lluvias al final de marzo, cuando inicia la siembra de la milpa.

Entrada al inframundo

En Oxkintok, localizada a 70 kilómetros de Mérida está la pirámide Tzun Tun Tzat, que cuenta con tres niveles y 18 cuartos conectados entre sí por una serie de pasadizos y angostas escaleras. También conocido como El Laberinto por ser un sitio oscuro. Se cree que representa la entrada al inframundo.

Algunos arqueólogos coinciden que ese lugar solía usarse como centro ritual pero otros opinan que se trata de un observatorio solar debido a los orificios por los que se filtra la luz.

Por estas pequeñas ventanas se suscitan los fenómenos luminosos, y en los días equinocciales y solsticiales del año, la luz directa del sol penetra por algunas de estas ventanas e ilumina los cuartos oscuros durante algunos minutos. La puerta Xibalbá queda iluminada estratégicamente en dichos días.

El legado que este pueblo nos hereda lo podemos apreciar en las majestuosas construcciones, presentes en el territorio yucateco, en las que se manifiesta su arte y cultura. Yucatán es patrimonio cultural porque proviene de la fusión de dos culturas: la maya y la española, dice la funcionaria de Turismo, Michelle Fridman.

Xochitécatl y los orígenes del mezcal

Investigadores de la UNAM revelaron que el proceso de destilación no fue traído por españoles, sino que se empleaba en Tlaxcala hasta 600 años a.C.

No hace muchos años se consideraba que el proceso de destilación había sido traído a América por los españoles, quienes lo aprendieron de los árabes, y se creía que la única bebida alcohólica de los prehispánicos era el pulque fermentado. Sin embargo, Mari Carmen Serra Puche y Jesús Carlos Lazcano Arce, académicos del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, demostraron que la destilación se conocía en Mesoamérica mucho antes de la llegada de los europeos, desde hace por lo menos 25 siglos.

Los análisis químicos con carbono 14 de los residuos de maguey en hornos encontrados en el centro ceremonial y administrativo de Xochitécatl-Cacaxtla, en San Miguel del Milagro, a unos 19 km al suroeste de Tlaxcala, realizados por los investigadores de la Facultad de Química y del Instituto de Química de la UNAM comprobaron que se producía mezcal en destilerías prehispánicas. Las fechas corresponden al primer periodo de ocupación de la ciudad, del 600 al 400 a.C., dijo Lazcano, maestro en arqueología por la ENAH.

Luego de una labor arqueológica de más de 10 años en Xochitécatl-Cacaxtla, que fue un centro regional cuya área administrativa estaba en Cacaxtla y la zona ceremonial de Xochitécatl, encontraron unidades habitacionales y descubrieron que sus habitantes se dedicaban a diversos oficios, como pulidores de piedra y ceramistas.

En relación al mezcal, otro hallazgo importante fue que en algunas de esas casas se toparon con hornos semejantes a los que se utilizan actualmente para quemar la piña del maguey, abundó el arqueólogo. “En las paredes de los hornos observamos manchas y escurrimientos; no sabíamos de qué eran, pero supusimos que ahí se cocía algún material orgánico”, señala el doctor en Antropología por la UNAM.

En el interior había gran cantidad de piedra quemada. “Tampoco le encontramos utilidad, pero estábamos seguros de que no eran para la producción de cerámica. Ahora sabemos que las usaban para conservar el calor”, resaltó.

En 2018, los investigadores del Servicio Arqueomagnético Nacional de la UNAM, campus Morelia, analizaron los hornos para confirmar que fueron usados entre los años 557 y 487 a.C. para procesar el maguey y producir mezcal. Los resultados fueron publicados en la revista Journal of Archaeological Science Reports.

En conclusión, el universitario considera que en el caso de Xochitécatl-Cacaxtla, la producción de la bebida tiene que ver con los intereses de las élites, es decir, no se producía para el pueblo.

En Xochitécatl-Cacaxtla se encuentra la Pirámide de las Flores, la más importante y considerada la cuarta más grande de Mesoamérica. Su base es similar a la Pirámide de la Luna en Teotihuacán (100 por 140 metros aproximadamente). Desde la cima se tiene una magnífica vista de los volcanes Popocatépetl, Iztaccíhuatl y La Malinche.

En ese sitio, el equipo de arqueólogos halló habitaciones de diferentes tamaños, los coxcomates o graneros para almacenar el maíz, restos de cerámica, piezas de cuentas de jadeíta, artefactos de hueso, y agave.

Las crónicas españolas e información arqueológica y antropológica siempre concluyen que Cacaxtla-Xochitécatl fue habitada por el grupo precolombino de filiación olmeca-xicalanca, sin embargo, el arqueólogo revela a Contenido que, de acuerdo con sus investigaciones basadas en el análisis de las tumbas y un estudio iconográfico del periodo Epiclásico (650-950 d.C.), se puede decir que en realidad en esas tierras habitaron los otomíes. Esta civilización, además, usaba la chinampa para sembrar el maíz y frijol, como se conoce en Xochimilco.

Dato: La importancia de las diosas de la tierra en el centro de México solía ser mayor que la de sus correspondientes masculinos, de ahí la belleza de Xochitécatl, un culto a la vida y a la madre.

Fotos: Pxhere.com

¿Dónde están estas pirámides?

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) tiene bajo su resguardo un total de 189 zonas arqueológicas abiertas al público en el país. Hasta el momento todavía resulta una labor titánica determinar cuántas pirámides existen en nuestro territorio. Les presentamos una selección:

Teotihuacán, Estado de México

La Pirámide del Sol tiene 65 metros de altura y una base de 220 x 230 metros. Es una de las más grandes de Mesoamérica y aún se sabe poco de su origen.

Cobá, Quintana Roo

Tal vez esa ciudad no sea tan popular como su rival Chichén Itzá, pero cuenta con Nohoch Mul, una pirámide que mide 42 metros de altura y tiene 120 escalones, 12 metros más que la eterna enemiga, lo que la convierte en el edificio maya más alto de la península de Yucatán. Desde la cima se contempla el lago Macanxoc.

Tula, Hidalgo

Lo más distintivo de esta pirámide son las figuras en su cima conocidas como Atlantes. Se ubica en un asentamiento considerado un importante centro comercial del Postclásico temprano (900 a 1100 d.C.).

Uxmal, Yucatán

La pirámide del Hechicero o el Enano, en honor a quien, según una leyenda, se convirtió en rey de ese territorio usando unos cuantos trucos. Tiene 32 metros de altura y representa los 13 niveles del cielo en la mitología maya.

Toniná, Chiapas

La pirámide con 75 metros de altura y una antigüedad aproximada de 1,700 años es las más alta de México, ubicada a orillas de la Selva Lacandona, en Chiapas. El edificio de siete pisos contaba con habitaciones destinadas para fungir como palacio, templo, unidades habitacionales y administrativas.

Cholula, Puebla

En la cima de la pirámide está la iglesia de Nuestra Señora de los Remedios, construcción del siglo XVI y bajo la estructura de Tlachihualtepetl que supera a la de Keops, Egipto, con 450 metros por lado y 4,500,000 m³; cuatro veces más voluminosa que la egipcia. Cuenta con ocho kilómetros de túneles, observada por Hernán Cortés y su ejército tras meses de guerra. Los arqueólogos piensan que la construcción comenzó a alrededor del año 300 a.C., pero sigue siendo un misterio quién la erigió.

Fuente: Investigadores consultados por Contenido.

 

Por Alejandrina Aguirre Arvizu